Tomás Olivo compra el histórico edificio de Telefónica en la Gran Vía de Madrid por más de 200 millones

Tomás Olivo compra el histórico edificio de Telefónica en la Gran Vía de Madrid por más de 200 millones

Tomás Olivo compra el histórico edificio de Telefónica en la Gran Vía de Madrid por más de 200 millones

El empresario murciano refuerza su posición en el mercado inmobiliario con la adquisición de uno de los inmuebles más emblemáticos de España

El empresario murciano Tomás Olivo, a través de su sociedad General de Galerías Comerciales (GGC), ha cerrado una de las operaciones inmobiliarias más relevantes del año en España: la compra del histórico edificio de Telefónica situado en el número 28 de la Gran Vía de Madrid. La transacción supera los 200 millones de euros y supone el traspaso de uno de los inmuebles más simbólicos de la capital a manos de uno de los grandes nombres del sector patrimonial español.

La operación pone fin a un proceso de venta iniciado por Telefónica dentro de su estrategia de desinversión de activos no estratégicos. La compañía buscaba obtener liquidez, reducir deuda y concentrar sus esfuerzos en áreas vinculadas a la digitalización y a sus mercados prioritarios. El inmueble había despertado el interés de distintos inversores nacionales e internacionales, aunque finalmente la propuesta de Olivo se impuso en un escenario marcado por las limitaciones urbanísticas del edificio.

Un edificio con historia y enorme carga simbólica

El edificio de Telefónica de Gran Vía no es un inmueble cualquiera. Construido entre 1926 y 1929 y diseñado por el arquitecto Ignacio de Cárdenas Pastor, fue durante décadas una de las grandes referencias arquitectónicas de Madrid. Con sus cerca de 90 metros de altura, llegó a ser considerado uno de los primeros rascacielos modernos de Europa y durante años fue el edificio más alto de la capital.

Su valor no es solo económico. El inmueble forma parte de la memoria urbana de Madrid y de la historia de las telecomunicaciones en España. Desde allí se proyectó durante décadas la imagen corporativa de Telefónica, y actualmente alberga espacios como el Espacio Fundación Telefónica y la tienda principal de la operadora.

La venta, por tanto, tiene una lectura que va más allá de la simple operación patrimonial. Supone el cambio de manos de un edificio icónico, protegido y muy condicionado por su valor histórico, arquitectónico y urbanístico.

Tomás Olivo, de Balsapintada a la Gran Vía madrileña

La adquisición refuerza la trayectoria empresarial de Tomás Olivo, natural de Balsapintada, en el municipio murciano de Fuente Álamo. Su nombre está ligado al desarrollo de grandes centros y parques comerciales en España, especialmente a través de General de Galerías Comerciales, compañía con la que ha consolidado un importante patrimonio inmobiliario.

Olivo es conocido por proyectos como La Cañada, en Marbella, o el centro comercial Nevada, en Armilla, Granada. Además, su grupo mantiene presencia en distintos puntos del país y participa en nuevos desarrollos comerciales, entre ellos proyectos de gran dimensión en Madrid. Según las informaciones publicadas, también figura entre las mayores fortunas de España y mantiene una posición relevante como accionista de Unicaja Banco.

Para el empresario murciano, la compra del edificio de Telefónica supone un salto cualitativo en su cartera patrimonial. No se trata únicamente de sumar metros cuadrados, sino de incorporar un activo singular, situado en una de las arterias más reconocibles de España y con una proyección pública difícilmente comparable.

Una compra con muchas posibilidades, pero también con fuertes límites

La gran incógnita de la operación está en el futuro uso del edificio. El inmueble cuenta con un alto nivel de protección urbanística y su calificación actual limita de forma importante las posibilidades de transformación. Las informaciones publicadas apuntan a que el edificio no puede reconvertirse libremente en hotel, viviendas de lujo o gran superficie comercial sin afrontar complejos cambios administrativos y urbanísticos.

Esta situación habría condicionado el precio final de la operación. Telefónica aspiraba inicialmente a una valoración superior, pero las restricciones de uso, los costes de rehabilitación y la dificultad para obtener una recalificación habrían reducido el margen de maniobra de los compradores interesados.

En ese contexto, la apuesta de Olivo puede interpretarse como una operación a largo plazo. El empresario adquiere un activo de enorme prestigio, pero deberá negociar con las administraciones y estudiar cuidadosamente qué usos son viables dentro del marco legal vigente.

Telefónica se desprende de un símbolo

Para Telefónica, la venta representa otro paso en su política de ajuste y optimización patrimonial. La compañía lleva años reduciendo su exposición a activos inmobiliarios que ya no considera esenciales para su actividad principal. El traslado de buena parte de su estructura corporativa al Distrito Telefónica, en Las Tablas, ya había reducido el papel operativo del edificio de Gran Vía como sede central.

Aun así, desprenderse de este inmueble tiene una fuerte carga simbólica. La sede de Gran Vía fue durante décadas una imagen inseparable de la compañía. Su silueta, sus antenas históricas y su ubicación en pleno centro de Madrid forman parte de la identidad visual de Telefónica y de la propia Gran Vía.

La venta confirma una tendencia cada vez más habitual entre grandes corporaciones: monetizar edificios históricos o activos patrimoniales para reforzar balance, reducir deuda y concentrar recursos en negocios estratégicos.

Una operación con sello murciano

Desde la Región de Murcia, la noticia tiene una lectura especial. Uno de los empresarios más relevantes nacidos en la comunidad se hace con un edificio de referencia nacional. La compra sitúa de nuevo a Tomás Olivo en el foco económico y confirma su capacidad para competir en grandes operaciones inmobiliarias frente a fondos internacionales y otros grupos inversores.

La operación también evidencia el peso creciente de determinados patrimonios privados en la transformación de los grandes ejes urbanos. La Gran Vía madrileña ha vivido en los últimos años un intenso proceso de renovación, con la llegada de hoteles, comercios, espacios culturales y nuevos proyectos inmobiliarios. Sin embargo, el caso del edificio de Telefónica será especialmente sensible por su protección y por su valor histórico.

Un futuro aún por definir

La compra ya está cerrada, pero el verdadero debate empieza ahora. El futuro del edificio dependerá de los usos permitidos, de las conversaciones con el Ayuntamiento de Madrid y de la estrategia que General de Galerías Comerciales quiera aplicar a medio y largo plazo.

Lo que parece claro es que Tomás Olivo no adquiere solo un inmueble, sino una pieza de la historia urbana de Madrid. Un edificio que fue símbolo de modernidad en el siglo XX y que ahora entra en una nueva etapa bajo propiedad privada, con el reto de combinar rentabilidad, conservación patrimonial y respeto a su identidad arquitectónica.

La operación, por su importe, por sus protagonistas y por el valor simbólico del activo, se convierte en uno de los movimientos inmobiliarios más destacados de 2026. Para Telefónica, supone cerrar una etapa. Para Tomás Olivo, abrir una nueva página en su expansión patrimonial. Y para Madrid, la incógnita de qué futuro tendrá uno de los edificios más reconocibles de su Gran Vía.

 

Foto: Manuel M. Vicente / Wikimedia Commons
Licencia: Creative Commons Attribution 2.0 Generic — CC BY 2.0

 

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