EL FARO QUE NOS GUÍA

Eva

 

EL FARO QUE NOS GUÍA

 

Hay lugares que me han acompañado durante toda mi vida. Han sido y son escenarios donde hablar, reír, disfrutar, contemplar. Rincones que permanecen durante décadas y pasan a formar parte de la memoria de varias generaciones.

Y el pasado 20 de junio mi chico y yo nos requetecasamos en uno de esos lugares increíbles. La cafetería El Faro en Puerto de Mazarrón.

 

 

Están de aniversario, como nosotros. ¡Celebran 60 años! 60 años de historia. 60 años observando pasar la vida, desde lo más alto.

Este pequeño paraíso ha disfrutado de las historias de muchos. Y muchos han disfrutado de sus vistas infinitas y esa magia que se respira al entrar.

Yo misma he subido con mi Vespino blanco con mis amigas a contarnos secretos, a resolver problemas de adolescentes sobre si ese chico nos gustaba de verdad.

Allí conocí a Miguel, una noche de agosto, en aquel puerto de luz y alegría. Y también El Faro fue testigo de risas y tonteo tomando un batido.

¡Y la piscina! Lucíamos nuestros bañadores de moda tomando una copa con amigos, y dándonos un chapuzón. De ahí no sé ni cómo, de repente, estaba con dos pequeñas de ojos enormes y sonrisas eternas que nadaban sin parar y salían a tomar su helado envueltas en esas toallas de capa de dibujos animados.

Una tarde de hace unos años, miré a Miguel y le dije, ¿te imaginas bajar por esas escaleras y celebrar una fiesta en este lugar tan bonito?

Y lo imaginé, y soñé con algo así.

 

 

Hace unos meses reviví aquella ilusión. Y se hizo realidad, gracias a dos amigas bonitas que se ilusionaron conmigo.

Y elegimos El Faro. Queríamos un lugar bonito, pero también con alma. Porque este rincón lo han construido las personas y sus historias.

Un sitio donde se reúnen cientos de amigos y familias cada verano, y aún así se escucha el mar por encima de sus voces. La gente conversa, no grita. Los camareros suben y bajan las escaleras y te sirven tu bebida favorita con una profesionalidad exquisita. Y luego está Pedro. 35 años lleva encargándose de que todo sea perfecto. Y vaya si lo consigue. Magia, ya lo he dicho, que unida a la profesionalidad de su equipo, hacen de El Faro un rincón sin parangón. Ha conseguido mantener viva esa mezcla de cercanía, tradición y excelencia, sosteniendo un legado que forma parte del paisaje emocional de Puerto de Mazarrón.

Y mientras Miguel y yo bajábamos 49 escalones hacia nuestro paisaje favorito y nuestros amigos, nos emocionó pensar que desde ese día, nuestra historia también se quedaría allí, entre el mar, la luz cayendo, los abrazos y los días que no se olvidan, bajo la mirada de un faro.

 

 

 

LA VENTANA DE EVA

EVA GARCÍA AGUILERA