Montanaro: EL MINISTERIO DE LA NIEBLA Y LOS TONTOS RECURRENTES
EL MINISTERIO DE LA NIEBLA Y LOS TONTOS RECURRENTES.
España siempre fue una potencia mundial en producción de humo, no de petróleo y ya hace décadas lo fue de acero, lo de los microchips y la región de Murcia es otro caso fantasma, pero sin duda España y el humo van de la mano. Humo, solo humo... Humo administrativo. humo político, humo ideológico, humo burocrático, humo institucional, humo, solo humo…
Aquí se han ocultado guerras detrás de desfiles, ruinas detrás de inauguraciones y catástrofes detrás de comisiones de investigación que duraban más que las propias catástrofes habidas y hasta las por haber. Pero ni los más optimistas habrían imaginado la perfección industrial alcanzada por el actual Ministerio de la Niebla. No aparece en el organigrama del Estado, tampoco tiene subsecretarios visibles ni presupuesto oficial, como el resto de los ministerios desde la legislación pasada... No inaugura hospitales ni construye carreteras, para eso NO están ni la “rompetechas” ni el orangután, están para cobrar a final de mes. Sin embargo, funciona día y noche como una central nuclear soviética de propaganda, produciendo toneladas de confusión para consumo nacional.
Su objetivo es sencillo, que nadie vea nada, que nadie entienda nada y que nadie recuerde nada, pero, sobre todo, que nadie relacione unas cosas con otras. El gran secreto del poder moderno no consiste en ocultar los hechos, consiste en enterrarlos bajo una montaña de ruido, mierda y fango. Durante años nos explicaron que el PSOE representaba la superioridad moral de la izquierda española, como a tontos en un recreo, donde el PSOE era una especie de Vaticano laico donde todos vestían de honestidad, desayunaban transparencia y cenaban democracia. Los demás tenían casos de corrupción, tenían bulos, los demás tenían corruptos y ellos solo tenían víctimas. Los demás tenían enchufes, mientras ellos tenían talento y los demás tenían redes clientelares pero el PSOE tenía compromiso social. Una mafia en guardo superlativo.
Y cuando la realidad empezaba a resultar incómoda, siempre aparecía algún sacerdote del relato dispuesto a convertir un sumario en una conspiración internacional. “Asínque” en el cuento socialista de Calleja…, la operación funcionó durante mucho tiempo, hasta que empezaron a abrirse las puertas y detrás de las puertas aparecieron más puertas, y detrás de las puertas, pasillos. Detrás de los pasillos, sótanos y detrás de los sótanos, otros sótanos. España descubrió entonces que aquello que parecía una sede política se parecía cada vez más a un inmenso balneario de niebla donde decenas de operarios trabajaban afanosamente para que la realidad jamás llegara a destino. Una organización criminal de libro.
La entrada de la UCO en Ferraz tiene precisamente ese valor simbólico, y no porque signifique una sentencia, tampoco porque constituya una condena, sino porque destruye una imagen, y las imágenes son el combustible del poder, y en este caso del sanchismo. La fotografía de agentes entrando en la sede central del partido que gobierna España es como encontrar inspectores sanitarios registrando la fábrica de yogures caducados que llevaba años vendiendo certificados de pureza al resto del país, por ejemplo.
Algo deja de encajar y algo empieza a oler a mierda. Cuando empieza a oler, el Ministerio de la Niebla acelera la producción. De repente aparecen los expertos, los analistas, los portavoces e influencers del partido. Periodistas y activistas de nómina de obediencia debida, pero a saco junto a profesores de geometría narrativa. Todos trabajando simultáneamente para demostrar que aquello que el ciudadano está viendo con sus propios ojos no existe realmente. Una tarea complicada, aunque no imposible porque el sanchismo ha perfeccionado una disciplina política extraordinaria, convencer a millones de personas de que la realidad es una opinión. El problema es que los autos judiciales tienen una costumbre desagradable, se empeñan en escribir y justificar, cuando escriben, dejan constancia, y cuando dejan constancia, la niebla empieza a adelgazar, a difuminarse y a desaparecer.
Es entonces cuando aparecen los nombres, los intermediarios, los operadores, las fontaneras y los especialistas. Los guardianes del relato, toda una fauna burocrática que parece extraída de una novela de espionaje escrita por Valle-Inclán después de compartir absenta con Kafka. Lo verdaderamente fascinante no es la existencia de personajes extravagantes, que lo es, España siempre produjo personajes extravagantes y la mayoría con carnet sociata, pero lo verdaderamente fascinante es la sensación de estructura, de sistema, de mecanismo organizado dando la impresión de que no estamos contemplando una colección de pícaros independientes, o sinvergüenzas miserables déspotas, sino una orquesta con el director con título manipulado.
Cada instrumento interpreta una partitura distinta, pero todos siguen al mismo director. Unos desacreditan mientras otros distraen y presionan, otros justifican mientras a la vez otras niegan y reescriben. Y todos juntos producen una sinfonía de niebla destinada a impedir que el ciudadano pueda distinguir entre el Estado y quienes temporalmente lo administran y sus corruptelas.
Ahí reside el verdadero peligro, no en la corrupción que es tan antigua como el ser humano socialista y comunista, los otros vinieron después. El problema aparece cuando determinadas estructuras empiezan a comportarse como si las instituciones fueran patrimonio privado, como si la justicia fuera una molestia y la investigación una agresión. Como si la crítica fuera una amenaza existencial y como si el Estado entero hubiera sido creado para proteger a una determinada corte política. Por eso resulta tan revelador el caso del hermano musical, durante años parecía una simple caricatura administrativa. Otro enchufado más.
España colecciona enchufados como los museos coleccionan jarrones, y aquí no hay discriminación de partido ni institución local, regional o nacional. Hay enchufados municipales, regionales, ministeriales, culturales. Hay enchufados familiares, sentimentales, hasta metafísicos, tenemos más enchufados que enchufes, pero el problema nunca fue el pianista. El problema fue la orquesta de guardaespaldas desplegada alrededor del piano que no dejan ver al protagonista.
“La corrupción moderna ya no necesita sobres en gasolineras ni maletines en aparcamientos, ahora utiliza certificados digitales, memorias técnicas y mesas de contratación. Los viejos pícaros escondían dinero, pero los nuevos esconden expedientes y su vergüenza así todo parece impecablemente legal, cuidadosamente documentado y escrupulosamente reglamentado. Esa es precisamente la genialidad del sistema, transformar el favoritismo en procedimiento y el clientelismo en administración electrónica.”
Cuando una estructura de poder parece movilizarse para proteger situaciones comprometidas, desacreditar investigaciones o erosionar controles institucionales, el enchufe deja de ser una anécdota costumbrista y se convierte en un síntoma clínico, y los síntomas empiezan a dibujar una enfermedad, pero mientras tanto, el Ministerio de la Niebla sigue trabajando.
No hace falta acudir a complejas tramas policiales ni a voluminosos sumarios para comprender el mecanismo. Basta con presentarse alguna vez a uno de esos concursos públicos donde la transparencia es tan cristalina que el ganador parece conocerse antes incluso de redactar las bases. El resto de participantes cumplen una función democrática imprescindible, rellenar el decorado, son los extras de una obra cuyo protagonista ya ha firmado autógrafos con éxito antes del estreno. La corrupción moderna ya no necesita sobres en gasolineras ni maletines en aparcamientos, ahora utiliza certificados digitales, memorias técnicas y mesas de contratación. Los viejos pícaros escondían dinero, pero los nuevos esconden expedientes y su vergüenza, así todo parece impecablemente legal, cuidadosamente documentado y escrupulosamente reglamentado. Esa es precisamente la genialidad del sistema, transformar el favoritismo en procedimiento y el clientelismo en administración electrónica.
Este Ministerio tiene departamentos especializados como la Dirección General de Cortinas de Humo, la Agencia Estatal de Indignación Selectiva, el Instituto Nacional para la Fabricación de Excusas o la Oficina Superior de Bulos Convenientes y el prestigioso Centro de Estudios Avanzados para Convertir Escándalos en Ataques a la Democracia, a los jueces y a los periodistas independientes. Todos financiados por el mismo combustible, la impunidad de un gobierno autocrático y dictador, porque ése es el verdadero negocio, no es el dinero ni los cargos, tampoco son las subvenciones ni los nombramientos, todo está anexo a la impunidad, todo gira alrededor de ella, todo se construye para protegerla y todo se justifica en su nombre.
La historia demuestra que las organizaciones verdaderamente preocupadas por su inocencia colaboran con la justicia. Las obsesionadas con su supervivencia suelen concentrar sus esfuerzos en otra dirección, desacreditar, intimidar, distraer, ganar tiempo, en resumen, en fabricar niebla, mucha niebla, toneladas de niebla, niebla suficiente para ocultar una cordillera, aunque nunca suficiente para hacerla desaparecer
Ahí aparece el gran drama del sanchismo, que después de años gobernando mediante relato ha terminado creyendo que el relato es la realidad. Ha confundido el espejo con el rostro, la propaganda con los hechos y la comunicación con la verdad y cuando eso ocurre, los errores dejan de corregirse porque nadie los reconoce y ahora, todo se convierte en una representación permanente, en una especie de teatro kabuki mediocre interpretado por asesores, propagandistas y portavoces que recitan consignas mientras el escenario arde detrás de ellos.
“Un ministerio invisible pero poblado y extraordinariamente eficaz, pero, hasta que llega el amanecer porque el amanecer, por desgracia para los fabricantes de niebla, para los sociatas, nunca ha obedecido órdenes de partido, el amanecer no se puede corromper a pesar de Sánchez, el sol sale todos los días…. Y no hay Papa que lo oculte ni Mundial que lo desplace.”
Resulta casi conmovedor, es como observar a la orquesta del Titanic discutiendo sobre la afinación mientras el agua ya les llega a las rodillas, así están en Ferraz y Moncloa. Pero incluso la niebla tiene límites, en España, la realidad es paciente porque no grita y no protesta, organiza manifestaciones que el relato y la niebla difuminan, simplemente “la realidad” espera y termina regresando. Aparece en documentos, en declaraciones, en investigaciones, en testimonios, en contradicciones y en preguntas sin respuesta, cada vez que regresa “la realidad”, arranca otro trozo de la escenografía de cartón piedra, destroza otro fragmento del decorado y descubre otra capa de pintura, hasta que, finalmente queda visible aquello que durante años se intentó ocultar y no es una ideología ni un partido, ni siquiera un gobierno, sino una forma de ejercer el poder, espurio y autocrático por déspota y dictador.
Existe siempre una cultura política socialista convencida de que las instituciones son herramientas propias, de que la crítica constituye una agresión y de que la mejor respuesta ante cualquier problema consiste en producir más humo. Por eso, el auténtico legado del sanchismo quizá no sea una ley, una reforma o una política pública y mira que han hecho mierdas, pero quizá sea algo mucho más simple, la creación del Ministerio de la Niebla. La primera institución española capaz de convertir cualquier escándalo en una teoría conspirativa, cualquier crítica en un ataque a la democracia y cualquier pregunta incómoda en un delito de lesa progresía. Un ministerio invisible pero poblado y extraordinariamente eficaz, pero, hasta que llega el amanecer porque el amanecer, por desgracia para los fabricantes de niebla, para los sociatas, nunca ha obedecido órdenes de partido, el amanecer no se puede corromper a pesar de Sánchez, el sol sale todos los días…. Y no hay Papa que lo oculte ni Mundial que lo desplace.
Andrés Hernández Martínez