Montanaro: LA REGULARIZACIÓN O EL MILAGRO DE LOS PANES, LOS PECES… Y LOS VOTOS. FRONTERAS DE QUITA Y PON

Andrés Hernández

LA REGULARIZACIÓN O EL MILAGRO DE LOS PANES, LOS PECES… Y LOS VOTOS. FRONTERAS DE QUITA Y PON.

Hay países que hacen política migratoria. Luego está España, que hace anuncios. Por algún motivo insondable, quizá divino, quizá electora, Pedro Sánchez ha decidido que España está preparada para lo que ni la logística de Normandía, ni la administración romana en su apogeo, ni Amazon o Aliexpress en Black Friday serían capaces de gestionar sin colapsar, regularizar de golpe a cientos de miles, millones, de personas. Porque si algo caracteriza a nuestro país es su legendaria eficiencia administrativa, copiada en el mundo entero. Basta pedir una cita en la Seguridad Social para comprobarlo, entras joven y sales con derecho a pensión. Y en esa noble disciplina del titular grandilocuente con aterrizaje forzoso en la realidad, pocos destacan tanto como Pedro Sánchez, capaz de convertir lo que en cualquier otro lugar sería un problema técnico, complejo y delicado en una mezcla entre sermón moral, acto de fe colectiva y experimento administrativo a gran escala, un místico ritual de bodega apestosa por rancia.

La última entrega del espectáculo es la regularización masiva. Así, sin anestesia, buscando la inmortalidad presidencial. 

Si podemos gestionar una cola, podemos gestionar cientos de miles de expedientes. Total, ¿qué son unos cuantos millones más de trámites en un sistema que todavía imprime PDFs para luego escanearlos? La idea, envuelta en ese tono entre pedagógico y mesiánico que tanto gusta en La Moncloa, es sencilla, donde hay irregularidad, regularizamos. Donde hay caos, añadimos estructura para canalizarlo y donde hay un problema complejo… bueno, ahí directamente improvisamos con confianza, mienten, pero con soberbio relato más que argumento. Y rápido. Muy rápido. No vaya a ser que alguien tenga tiempo de hacer preguntas incómodas, poner una demanda o alguna irreverencia democrática.

“La pregunta clave es esa que nadie quiere formular en voz alta, es muy poco narrativa, si ya no hay para lo que hay, a pesar de las ironías del sanchismo ¿de dónde va a salir lo que falta para lo que viene?”

Pero eso sería caer en el derrotismo. Aquí hemos venido a creer y sobre todo a ser progresista… Creer que los recursos son infinitos es parte del programa. Dar por hecho que hay funcionarios en hibernación esperando ser activados para necesidades de fortuna o que las oficinas públicas tienen más capacidad que el bolso de Mary Poppins. Y que las listas de espera son, en realidad, una experiencia inmersiva de consciencia patrocinada por el Estado.

La pregunta clave es esa que nadie quiere formular en voz alta, es muy poco narrativa, si ya no hay para lo que hay, a pesar de las ironías del sanchismo ¿de dónde va a salir lo que falta para lo que viene?

El debate no es el citado, nos dicen…, es moral, humanitario. Civilizatorio... Palabras grandes que tienen la virtud de aplastar cualquier discusión técnica bajo el peso de la superioridad ética, pero toda mentira. Y así hemos alcanzado un nivel fascinante de sofisticación moral o estupidez supina, somos capaces de ser extraordinariamente compasivos con todo el mundo… excepto con quienes ya están dentro del sistema esperando respuestas, a esos que somos nosotros, que les den, dicen los homínidos, brujas y otros seres de cuentos fantasmagóricos del gobierno y la secta socialista o, ¿debería decir mafia u organización criminal? Un jubilado aguardando una prótesis de cadera o una plaza en una residencia puede ser un daño colateral, pero una regularización siempre queda estupenda en el titular. Despreciando los robos, la prostitución y la malversación socialista que no cuenta.

“¿Coherencia? La justa. ¿Coordinación? La imprescindible para la foto. ¿Planificación? Bueno… tampoco nos pongamos exigentes que la cagamos, esto es España y el gobierno es social comunista, no pidáis milagros que no estén en su manual de resistencia.”

Mientras tanto, en ese lugar cada vez exótico por extraño llamado Europa, al que acudimos para pedir fondos, pero no tanto para copiar políticas incómodas, están en otra cosa. Europa habla de control. De capacidad. De integración real. Incluso, atención, de fronteras y la posibilidad de aislar a España por bananeros. Qué concepto tan vintage, antiguo y pasado de moda para un progresismo de rebujito y turismo sexual.

En España preferimos una aproximación más creativa, formar parte de un espacio común que endurece sus políticas migratorias mientras ensayamos una versión nacional basada en la flexibilidad interpretativa y el optimismo administrativo, reinventamos el milagro de los panes y los peces que para eso si somos cristianos. ¿Coherencia? La justa.
¿Coordinación? La imprescindible para la foto. ¿Planificación? Bueno… tampoco nos pongamos exigentes que la cagamos, esto es España y el gobierno es social comunista, no pidáis milagros que no estén en su manual de resistencia.

“Hoy uno de los grandes logros es convertir cualquier intento de introducir racionalidad, hablar de regulación, de control, de capacidad real, en una especie de pecado moral casi mortal con una penitencia de hartazgo cívico. Como si exigir que la inmigración sea ordenada, legal y sostenible fuera incompatible con la humanidad y la solidaridad.”

Las fronteras, esas grandes incomprendidas, resultan que sirven para algo tan vulgar como saber quién entra, en qué condiciones y bajo qué normas, qué tontería, ¿no? Pero eso implica control, y el control tiene muy mala prensa al interés espurio de Sánchez. Mucho mejor hablar de valores en abstracto y dejar los detalles para una comisión futura que nunca llega. En medio de esta coreografía de las “mamachicho” aparece el pequeño detalle geopolítico que siempre se menciona en voz baja, las fronteras no dependen solo de lo que se decida en Moncloa. Verbigracia de los subalternos en la lidia, entran en juego actores externos que han demostrado sobradamente que la presión migratoria puede ser una herramienta diplomática de lo más eficaz. Por ejemplo, Mohammed VI, que no necesita ruedas de prensa para recordar que las fronteras son algo más que líneas en un mapa, son palancas de poder, de chantaje y de extorsión gráficas a una mierda de gobierno, sin perdón…. Al pedir orden administrativo es poco solidario, por interés te quiero Andrés….

“Cuando no hay control, lo que hay es saturación.
Cuando no hay planificación, lo que hay es improvisación.
Y cuando no hay gestión, lo que hay es conflicto… aunque tarde en llegar al titular.”

Hoy uno de los grandes logros es convertir cualquier intento de introducir racionalidad, hablar de regulación, de control, de capacidad real, en una especie de pecado moral casi mortal con una penitencia de hartazgo cívico. Como si exigir que la inmigración sea ordenada, legal y sostenible fuera incompatible con la humanidad y la solidaridad. Y no lo es. De hecho, es justo al revés. Cuando no hay control, lo que hay es saturación.
Cuando no hay planificación, lo que hay es improvisación.
Y cuando no hay gestión, lo que hay es conflicto… aunque tarde en llegar al titular.

Este tipo de análisis no funciona bien en redes sociales, donde todo debe caber en una consigna o en un insulto, la propaganda y el relato institucional del sanchismo han de tener su vía de diseminación informativa contaminante y los voceros adjuntos como al SER, El País, la Secta y demás borregos han de ser los canales… Y ahí es donde entra la gran aportación intelectual de nuestro tiempo gracias a la manipulación informativa, la sustitución del pensamiento por el eslogan. Algo que ya intuía Dietrich Bonhoeffer cuando hablaba de la estupidez no como falta de inteligencia, sino como renuncia voluntaria a pensar. Vista la conversación pública actual, el concepto no ha envejecido mal.

Hoy tenemos expertos en todo que, en cuanto pisan el terreno político, se transforman en hooligans con máster. Unos niegan cualquier problema. Otros los multiplican hasta el apocalipsis. Y entre ambos extremos, la realidad queda reducida a una caricatura incómoda. La realidad, esa aguafiestas despreciada, tiene matices. Hay personas que trabajan, que aportan, que viven atrapadas en un limbo administrativo absurdo y que necesitan una solución, pero hay fallos en el sistema, abusos, descontrol y situaciones que requieren algo más que buena intención, y ni eso hay.

“Asínque” en lugar de gestionar, se simboliza. La regularización masiva no es tanto una política como una puesta en escena de una estrategia electoral y de salvaguardar por esconder la honra prostituida en las saunas y en el poder. Un gesto. Un mensaje. Una pieza más en ese gran teatro donde lo importante no es resolver problemas, sino representarlos con convicción, relato, engaño y soberbia dictatorial.

Cientos de miles de inmigrantes en cola, pero, ¿se ha hecho un cálculo serio de capacidad? ¿Se ha evaluado el impacto real en los servicios públicos y el efecto pernicioso contra la población? ¿Se ha diseñado un plan detallado de integración? Preguntas interesantes…, pero para otro momento. Corre prisa no vaya a ser que la UCO y Balas tumben el gobierno, a pesar de Marlaska y Robles, tóxicos y peligrosos de cojones, perdón, de ovarios.

Siendo serio, aquí hay otra dimensión que rara vez se menciona en voz alta, la política no vive solo del presente, sino también del futuro. Y en ese futuro entran variables como el censo, los derechos adquiridos con el tiempo y las dinámicas sociales que se derivan de decisiones actuales. ¿Es esa la intención? ¿Es una consecuencia posible? Evidentemente. Y ahí es donde la cuestión deja de ser ingenua, si alguna vez lo fue y empieza a ser, como mínimo, interesante por peligrosa.

Si algo ha demostrado la política reciente sanchista es que el corto plazo manda, lo urgente devora a lo importante, el titular pesa más que la estructura, y además, cualquier medida capaz de movilizar, polarizar o fidelizar tiene premio, una pepona, un carnet de camellero o una puta en viernes santo, según el beneficiario. Y esta lo tiene todo, emoción, impacto simbólico, potencial de conflicto y una oposición que, previsiblemente, reacciona con la misma mesura que un megáfono en una biblioteca, pero siempre tarde, que a veces, parece cómplice de la ignominia..., el resultado es la permanente polarización garantizada. Y en la polarización, como bien sabemos, no gana quien tiene razón. Gana quien grita mejor y más alto y aquí el sanchismo y sus voceros son artistas de la estafa.

Mientras tanto, en el mundo real, ese que no sale en los discursos pero vivimos los de a pie, las cosas siguen su curso tétrico y despreciado por necesario, pero, por el gobierno. La vivienda se tensiona porque la oferta no crece al ritmo de la demanda, decrece. Los servicios públicos hacen equilibrios porque los recursos son finitos y compartidos con negligencias y mordidas de delincuente de escaño. Y los ciudadanos, esos figurantes en la narrativa oficial, os más tontos intentamos entender qué está pasando mientras hacemos cola para todo. Los listos han emigrado.

Al final, la cuestión no es si debe haber inmigración. La hay, la ha habido siempre y la seguirá habiendo. La cuestión es si alguien está dispuesto a gestionarla con algo más que titulares, eslóganes y optimismo antropológico. Porque entre el cierre absoluto y el “todo vale” existe un territorio amplio, complejo y bastante incómodo llamado política seria que nadie quiere afrontar y mucho menos el social comunismo que vive y se sustenta del caos, de lo heterogéneo, heterodoxo y de lo absurdo, Overton con Sánchez tiene un discípulo extrovertido…. Ese lugar perdido dónde se habla de capacidad, de normas, de integración, de derechos y también de obligaciones. Donde las decisiones no se toman para la ovación inmediata, sino para el funcionamiento a medio plazo. Está hundido en el Taam Ja', es el gran ausente. La regularización masiva es solo el último acto de esta obra. El problema no es la medida, es algo bastante más incómodo, mucho más difícil de regularizar para acomodamiento del que viene, del que está y por desgracia del que se va, huyendo…, que debería quedarse.

Andrés Hernández Martínez