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EN CARTAGENA HABLAMOS ASÍ

 

EN CARTAGENA HABLAMOS ASÍ

Soy de Cartagena, esa ciudad en la que cuando te levantas por la mañana la ropa que dejaste tendida la noche anterior está chorreando. Y que cuando vas a coger el coche para ir al trabajo dices, “¿es que ha llovido?. Y luego está la prueba de fuego, cuando en lugar de caminar por la calle, parece que te deslizas, y tienes que llevar un cuidado…. Y todo eso se resume en una palabra, “hay relente.

Sí, soy de Cartagena, y según hacia  donde sopla el viento lo tenemos de dos tipos, de levante o de lebeche. Porque estoy segura de que más de uno ha preparado la capaza para ir a la playa, con un melón de agua bien fresquito y ha pensado aquello de…” como haya levante allí no hay quien esté”.

Pero a los cartageneros no se les frena así como así, porque tengamos en cuenta que con el número de icues que caminan por la ciudad, ¿creéis que por una” chispa” de oleaje y algo de arena levantada van a perder la diversión de capuzarse en el mar?

Este fin de semana he estado con unos amigos de esos de Cartagena de toda la vida, cartageneros de pura cepa. Y no es que yo no lo sea, ya he dicho que sí, pero tengo a mi madre que es de la “ tierra del bolo”, vamos, toledana. Y claro, todavía recuerdo que nos premiaba, más a mi hermano que a mí, por sumar “ eses” a nuestras palabras y que en casa se dijeran las cosas por su nombre.

Para que os pongáis en escena, en mi casa con mi madre comíamos guisantes, pero con mi padre pésoles. De postre había albaricoques pero mi padre se tomaba un mayero. Y luego estaba cuando mi padre decía ¿me pasas un pedacico de pan?, pero mi madre le daba un trocito.

Así que yo llevo un lío, que igual digo aquello de voy empezar a limpiar las lejas de la habitación a tajo parejo, y después de lo cansada que termino me quedo “clisá”, o voy a la frutería, y compro sandía, manzanas golden y medio kilo de judías verdes.

Porque lo que sí que está claro es que hay algunas cosas que suenan mal,¿porque eso de comprar bajocas?. Uff, a ver, que yo soy una defensora de los dichos de mi ciudad, pero sinceramente, ¿alguna vez en un restaurante habéis leído en la carta que tienen bajocas con jamón? Ja, ja, suena a insulto.

Tengo que decir que me encanta quedar con mis amigos y echarnos unas risas, pero eso de decir “que panzá a reír nos hemos dado”, eso ya está a un nivel superior. Ese momento en el que no puedes más y les dices aquello de,“bueno ¿y si jugamos a irnos?. Y entonces resulta que aparece el que nunca llega a su hora, y que según él venía “a pijo sacao”, dando puño a la vespino de los ochenta, y eso que es “zocato” el zagal.

Y es que el pobre vive anca dios” , y entre lo  “reventao” que ha salido del trabajo y que el “cansino “ de su jefe le ha dado la murga un buen rato, dice el pobrecillo que venía con una “ pesambre”.

Así que nos hemos mirado y hemos dicho, “ vamos de picoteo” y que el muchacho se “sacuda las pulgas un ratico”.

Y es que hace un rato, hemos pasado por  un pico esquina donde tenía todo una buena pinta…. Y uno de mis amigos ha dicho, esta noche vamos a cenar  “a pajera abierta”.

Y no íbamos a ser nosotros los que pusiéramos impedimentos, porque cuando en Cartagena decimos de tapear, la cosa va en serio.