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GELATO CON IL CUORE

GELATO CON IL CUORE

Cuando nos aproximamos a esas épocas del año en las que cambiamos la hora, los días se alargan y se huele ya a una incipiente primavera, aumentan las ganas de tomar un helado. Y aunque décadas atrás muchos de nosotros sólo disfrutábamos de esa delicia en épocas en las que ya nos habíamos despojado de abrigos y otras prendas invernales, lo cierto es que hoy disfrutamos del helado todo el año.

Y es que el helado nos transmite muchas sensacionesdependiendo del sabor elegido, nos  evoca recuerdos…. A mí personalmente me encantaba en vísperas de Semana Santa disfrutar en la ya cerrada heladería LA ITALIANA en nuestra Calle Mayor, del de avellana con el barquillo de chocolate.

¿Y qué me decís de ese kiosco en la plaza de El Lago, con los cortes de turrón, los barquillos de vainilla y los granizados fresquitos de limón y horchata? ¡Qué ricos!

Hemos tenido épocas sobre todo en la niñez, que  no buscábamos la calidad, sino las últimas novedades coloridas en las cartas a pie de restaurantes y tiendas de golosinas… Pero… ¡cómo disfrutábamos con un Colajet, un Frigo Pie, un Drácula o un Apolo de chocolate! Y de los Flash, o polos de bolsa como muchos lo llamábamos, ya ni hablamos. De todos los colores posibles y ese horrible sabor a medicina.

Desde el  primer día que puse un pie en la GELATERIA DEL BIANCO en  nuestra calle Santa Florentina,  supe que allí había helado de calidad, simpatía y mucha historia. Que esa pareja de italianos llevaban a cuestas una vida de experiencias, viajes, anécdotas y una forma de tratar el helado muy especial. Era la primera vez que comía un helado  directo de mi mano hacia todas mis papilas gustativas, sin más, sólo disfrutando de su textura, su sabor y las sensaciones que me estaba provocando.

Porque aunque os suene a algo habitual, no lo es en absoluto. ¿Nadie se ha fijado en una escena que se ha repetido desde nuestra niñez hasta épocas actuales?

Ese momento en el que ibas con tus padres y hermanos, o con tus hijos y nietos…., a tomar un helado una tarde de domingo y dar un paseo por nuestro bonito puerto.

Allí entrábamos todos, poniendo las manos y dejando nuestras huellas dactilares en los expositores de cristalmientras observábamos y elegíamos nuestro sabor favorito. Y llegaba el momento en el que el padre o el abuelo intentaba coger su helado, manteniendo el del niño más pequeño que ya chorreaba por mitad del cucurucho ,mientras hacía malabares para sacar la cartera y lo peor  de todo, guardar las monedas del cambio.

Y es que Walter y Raffaella lo tienen claro. Un helado hecho con la mejor materia prima, todos los controles de calidad y mucho cariño tiene que servirse bien.  Así que ese día aprendí mucho; primero elegimos el sabor muy bien asesorados, luego abonamos el importe y con nuestras manos libres nos entregaron nuestro helado para  saborearlo, disfrutarlo, relamernos y sonreír.

 

Y es que estamos en manos de una italiana nacida en Riccione, provincia de Rímini, química industrial y técnico en control de calidad con años de experiencia en varias fábricas de su ciudad natal, donde estuvo tratando con mucho mimo y estudiando de cerca los pistachos, almendras y todo aquello necesario para que el final del proceso fuese la excelencia en calidad.

Ya sabéis que soy algo curiosa, y que  huelo a la legua cuando hay una interesante historia detrás. Porque yo no sé a vosotros, pero me encanta la gente atrevida, intrépida,“vivida”. Así que ni corta ni perezosa una tarde estaba en su fábrica de la calle Bodegones, charlando con esta gran mujer de ojitos azules, ensimismada con sus hazañas. …..

Años de trabajo y estudio, afán de superación, ilusiones, kilogramos de locura y magia, viajes, todo ello en un camino paralelo al mundo del helado, a lograr la perfección, a disfrutar compartiendo, a vivir.

El helado es su vida, así de sencillo. Y después de volver enamorada de la ciudad de Estocolmo y la esperanza de regresar algún día, Walter y Raffaella iniciaron un proyecto juntos con el resultado de su propia gelatería. Esa fue la recompensa de tanto esfuerzo, allí ellos se convertirían en los responsables de todo el proceso de principio a fin. Y en la ciudad de Ferrara, o como la llaman allí, la ciudad de las bicicletas, con la mayor ilusión y brillo en sus ojos inauguraron  GELATERIA BALUARDI. Gelatería que todavía hoy continúa en manos de otros propietarios y mantienen su nombre. Y es que como dice Raffaella, cuando las raíces son tan gruesas como los árboles de la plaza San Francisco, te abrazas tan fuerte a ellos que permanecen allí para siempre.

Me cuenta que ella no entiende la vida sino es compartiendo con los demás todos sus conocimientos adquiridos durante estos años. Es tan guapa como generosa ,y por eso años atrás viajó junto a Walter por todo el mundo enseñando  a otros que necesitaban su ayuda para iniciarse en este suculento mundo del helado, en ferias, talleres.

Le encanta el helado porque es la causa que le hace viajar por el mundo y coleccionar personas increíbles. Singapur, Niza, París, Portugal, América del Este……. ¡Cuántaexperiencia y talento en un cuerpo tan menudo!

La pregunta del millón…. ¿Por qué España?, ¿Por qué Cartagena? Con una cara de emoción nos cuenta cómo un casual encuentro en nuestra región, con un compañero de la fábrica donde ella comenzó en Riccione camino de emprender rumbo hacia Inglaterra, les dijo que allí todo era gris y en España luz y alegría. Riccione y en general la provincia de Rímini es un lugar alegre, lleno de gente, siempre con algo que celebrar, y eso vieron ellos en nuestra bonita y soleada ciudad.

Así que como una cartagenera más, chapurreando  el español casi a la perfección, se recorre la ciudad de punta a punta para conseguir los mejores ingredientes para sus productos.

Y hoy he vuelto a la fábrica, una vuelta especial porque ya huele a helado, ya todo está preparado para reabrir y llenar de caras felices nuestra ciudad.

Y hoy sí que he sido espectadora en primera fila de la pulcritud, organización, materia prima de calidad y todo lo que antes me habían contado. Así que con redecilla en el pelo y patucos he disfrutado de este espectáculo maravilloso que sólo Raffaella puede interpretar.

Sólo usa leche fresca, pero no cualquiera, una leche blanca pura que no amarillea la tonalidad de sus helados. Huevos, los mejores, los de una yema especial que les da justo el toque que ella busca. Cinco tipos o más de azúcar, que conoce a la perfección y sabe cómo y cuándo usar dependiendo del resultado a obtener.

Ella tiene una receta única en el mundo, descarta esos preparados que reducen tiempo pero roban calidad y originalidad. Porque con sus fórmulas matemáticas,ecuaciones, porcentajes y observar el producto con mucho cariño obtiene esos resultados excepcionales. La materia prima es muy importante, sólo usa lo mejor, en su punto idóneo, pero luego hay que saber unirlo todo para que cuando nosotros degustemos ese helado, se produzca como dice Raffaella, “LA MAGIA”. Esa magia que se inicia en un punto de nuestro cerebro y en forma de espiral va recorriendo cada uno de nuestros sentidos. Yo por elloos animaría a dejaros asesorar por esta amante del helado, de la pintura, de la jardinería, de los niños que lanzan sonrisas con sus ranitas escocesas y sus calcetas por sus rodillas…., porque esa mente inquieta ha experimentado con tantas mezclas de sabores unidos a sensaciones, que seguro que vivís una experiencia inolvidable.

           

 

 

 

Y así es como su helado de fresa sabe a fresa, chocolate negro, cremino, mascarpone con higo, pistacho y un sinfín de sabores elaborados según las mejores frutas e ingredientes que tengamos a diario para ello.

El crepe de crema quemada y los gofres son espectaculares, y sus tartas, sorbetes, mousse y todo lo que sale de esas manos es una delicia que te alegra el alma. Y el alma de muchos niños es el que alegra ella, generosa, buena, cuando ya en varias ocasiones por las circunstancias que nos acontecen tiene que bajar la persiana por un tiempo. Es entonces cuando vacía la gelatería  y todo se lo entrega  a aquellos niños más necesitados que se lo agradecen con sonrisas y bonitos dibujos.

   

Hay algo que he dejado para el final, y no por ello menos importante, “importantísimo” dice Walter.

“EL HELADO SE COME DE ABAJO HACIA ARRIBA

Que estos italianos se plantean poner un vídeo informativo en su gelatería para que no terminemos pringados comiendode arriba abajo como a  nosotros nos gusta.

FELIZ DOMINGO, seguramente con un café y un buen helado.

​​​​​​​​Eva María García Aguilera

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