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“Mi homenaje al minero y al cante de las minas en su 60 aniversario”, por Francisco Atanasio

Francisco Atanasio Hernández                                                          19-1-2021

MI HOMENAJE AL MINERO Y AL CANTE DE LAS MINAS EN SU 60 ANIVERSARIO                                        

Sobre los mineros y la sierra minera he realizado muchos escritos, unos históricos y otros narrativos acompañando a mis caminatas por los montes de Alumbres, Los Partidarios, La Esperanza, La Unión, Portman y El Gorguel: Sierra Gorda, La Porpuz, La Parreta, El Cabezo Rajao, El Chorrillo, la Carretera del 33, o las playas de Portmán y El Gorguel colmatadas de estériles, por ejemplo, son lugares entrañables para mí y los he visitado con cierta frecuencia.

Por lo general, el formato de mi poesía suele ser libre, sin embargo en el caso de los poemas dedicados al minero, la mayoría suelen estar compuestos por quintillas y octavillas, que tienen una rima cerrada, como la de los cantes mineros.

La vida de los mineros fue muy dura, trabajaban largas jornadas de sol a sol bajo tierra, sin las más mínimas medidas de seguridad, y con míseros salarios que no les alcanzaban para mantener a sus familias, que sobrevivían mal alimentadas y peor vestidas, y algunos de mis poemas tratan sobre esas circunstancias.

Por otro lado, quiero aprovechar para recordar, una vez más, el crimen ecológico cometido especialmente en la sierra minera de La Unión, Llano del Beal, y las bahías de Portman y El Gorguel colmatadas de estériles, mayoritariamente en tiempos de la dictadura, y que ninguna administración democrática, nacional, regional o local, de derechas o de izquierdas, ha demostrado verdadero interés en solucionar, y ahí sigue pendiente, para que quede constancia de la codicia y la maldad del ser humano.

Monumento al minero en la plaza de Joaquín Costa de La Unión. Foto: Francisco Atanasio Hernández

EL DOLOR DEL MINERO

Bajo la mina picando

boca en ristre una canción

que sale del corazón

del minero agonizando,

que por no saber, cantando,

al igual que una oración

grita al cielo comprensión

su dolor desafiando.

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DE NEGRO LA VESTIDURA

De negro mi piel oscura

de negro mi corazón

de negro vestía el cura

que bendijo a mi patrón.

¡Maldigo al negro carbón

que ennegrece mi figura

y a la negra vestidura

de la viuda de Antón!

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QUE DEL ALMA SE LEVANTA

Emerge la pena mía

con furor por mi garganta

que del alma se levanta

con deliciosa armonía

y en el trance de agonía

la letra se me quebranta

porque la esparce y trasplanta

el eco en la galería.


 


Museo Minero de La Unión. Foto: Francisco Atanasio Hernández

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UN GEMIDO RESONANTE

Un  viacrucis constante

ha sido toda mi vida

bajar llorando mi herida

y subirla con un cante,

un gemido resonante

que invade la galería

pues corroe la vida mía

la silicosis triunfante.

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PARA LLENAR EL PUCHERO

Qué triste sales minero

de casa para el trabajo

silencioso y cabizbajo

para llenar el puchero

y al llegar al agujero

recuerdas que más abajo

mal comido y con andrajos

te dejas el mundo entero.


 

Mina Manolita. Foto: Francisco Atanasio Hernández

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Cuando San Pedro me llame

le contaré lo que siento

que al infierno me reclame

no le quede sentimiento

no tendré que acostumbrarme.

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Cuando suena la sirena

salgo corriendo del pozo

mi corazón es dichoso

y mi alma se serena

al salir del calabozo.

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En la cuarta galería

se elevó la voz potente

¡Sálvame Virgen María!

rogaba de modo urgente

mientras la mina se hundía.

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Tres hendiduras gigantes

tiene el Cabezo Rajao

por toda herencia mi cante

en gemidos se ha quebrao

cuarteando mi semblante.

Parte superior del Cabezo Rajao. Foto: Francisco Atanasio Hernández

Rezaba un minero un día

a la Virgen del Rosario

qué sentimiento pondría

que cayeron del sagrario

dos lágrimas de agonía.

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En Peñarroya trabajo

muy cerquita de la mar

montes enteros desgajo

y les quito el mineral

por un salario a destajo.

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Soy minero, no lo niego

y los míos también lo son

he jugado con el fuego

atendiendo al corazón

que ve menos que un ciego.

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Le cantaba un minerico

a una joven alumbreña:

“te lo diré muy abonico

si me guardas un trocico

del amor en el que sueñas.”

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Desde Portman a La Unión

voy templando mi guitarra

al ritmo de una canción

que sale de mi garganta

como sublime oración.

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La noche bruja despierta

las luces se desparraman

en La Unión están de fiesta

el minero y la guitarra

hasta que el sol se levanta.

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La guitarra es el instrumento musical con el que se acompaña el cante minero y se merece algunos versos como los que siguen a continuación.

EL TAÑIDO DE LA GUITARRA

Si entre la luz y la sombra

se organizara una danza

si entre la Luna y el Sol

se compusiera una estampa

no habría fiesta en el mundo

ni pintor que la plasmara

sin sentir temblar su cuerpo

al tañido de la guitarra.

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TÚ POR MÍ, GUITARRA

Gime guitarra, gime

por mí, con tu voz más grave

por mí, con tu mayor ansiedad

por mí, con tu más dulce ternura

por mí, que aún puedes proclamarte

como eres, sin ficción ni subterfugios

deja que pose mis entrañas en tu diapasón

que a mí se me secaron los ojos

                                     esperando mi retorno.

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Monumento al minero en Llano del Beal. Foto: Francisco Atanasio Hernández

Alumbres, mi pueblo, tiene su origen en la minería y a él le dediqué el siguienteacróstico, cuyo título se lee con las iniciales de cada verso “Alumbres desde mi memoria”

A veces, la luna vuelve a brillar

Lisonjera en mi memoria

Un escalofriante momento.

Mi guitarra suena entonces quejumbrosa

Bordando melancolía por mineras

Rimas con sabor a pirita y alumbre

Esquirlas de fuego y pasión desenfrenado

Siembran caricias en mis entrañas.

Duendes, dioses y pitonisas

Encienden sus mágicas hogueras

Sobre la seca hojarasca de mis ancestros

Desde donde la savia lechosa de las higueras

Emerge hasta las cenizas de mis sueños.

Montes de esparto y bizcocho

Ingles de sol y artemisa.

Mieles de cera y cristal

Entre nubes y azucenas

Miran la orilla del mar.

Orlas de cal y granito

Rifan sus lomas al viento

Inflaman la ocasión de azul

Aires de todos los tiempos.

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CON TU ESTIGMA

Voy tras tus huellas

pegado al suelo

como una sombra.

Y descuelgo del archivo

de mi intimidad

la videohistoria

que aún conservo

con marca registrada

de una imagen infantil estereotipada.

Rastreo en las galerías

donde el barreno te hizo hombre

y rebusco ansioso por el trapo,

como un cachorro entusiasmado,

un cacho de pan de reserva

rebozado de pirita y manganeso.

Encuentro tus ansias

brillando en la blenda

y un día tras otro

pisándote los talones

me encuentro colgando

la luna a tu puerta.

Voy tras tus huellas

pegado al suelo

como un peregrino.

Y me aferro a las cadenas

de tu infortunio

como un fantasma impenitente.

Te encontré en el aire

practicando el vuelo libre,

pero era tarde

en el reino del oscurantismo,

y las tinieblas

se abatieron despiadadas

sobre tus despojos.

Busco en el aire un alivio

pido a los astros

su infinito entendimiento

y un torbellino de pasión

desenfrenado, me estremece

las entrañas.

Y respiro por fin

el influjo denodado

de un algo de libertad

indomable, que guareció

la envoltura

de tu sereno semblante.

Voy tras tus huellas

portando tu estigma

sin temor al fuego.

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EN LA SIERRA POLVORIENTA DE LA UNIÓN

Yo tenía diez amigos

que plantaban fantasías en los cerros

de la sierra polvorienta de la Unión.

Y allá donde los campos de miseria y sequedad

se perdían de la vista en el tórrido horizonte

ellos veían vergeles de abundancia y de riqueza.

Un día, uno soñó que era libre como el viento

y un enérgico torbellino lo absorbió

hasta sus agitadas entrañas.

Otros se empeñaron en trepar hasta las nubes

y en sus cumbres construyeron sus nidos convencionales

sobre los cimientos de algodonoso cristal.

Una noche de luna llena el mar bramaba

a los pies de mis amigos misteriosamente

y algunos se diluyeron en sus profundidades.

Muchos días me acerco al mar acongojado

y platico con las olas y con la brisa marina

y a veces, unas nubes pasajeras me saludan al pasar

y dejan caer algunas refrescantes gotas sobre mí.

Foto: Fº. Atanasio Hernández

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