Desde la Plaza Mayor: EL CIRCO DE LOS TRECE Y LOS DOCE
EL CIRCO DE LOS TRECE Y LOS DOCE
Crónica de una moción de censura que parecía escrita por Valle-Inclán después de una noche de absenta, y faltan dos concejales que no se mojan, cobran y no trabajan...
Hay plenos municipales que resuelven problemas, hay otros que los crean, los más, y luego está lo sucedido en Cartagena con la moción de censura contra Noelia Arroyo, pertenece a una categoría superior, la del espectáculo teatral donde nadie sabe exactamente quién escribe el guión, pero todos parecen empeñados en representar una tragicomedia castiza digna de ser conservada en formol político para futuras generaciones, de cómo hacer el ridículo y perder el tiempo.
Lo vivido en el Palacio Consistorial no fue un debate democrático, fue una mezcla entre sainete, juicio de patio de vecinos, sesión espiritista y pelea de gallos jurídicos retransmitida en directo para regocijo de una ciudadanía cada vez más convencida de que la política local se parece sospechosamente a una comunidad de propietarios gestionada por pirómanos, pero imbéciles.
“para esta banda de estafadores de la realidad, la ciudad puede esperar, no es lo importante, y la función circense acababa de empezar.”
Durante más de dos horas, Cartagena contempló cómo concejales, secretarios, presidentes de mesa, portavoces y candidatos se enzarzaban en una discusión jurídica tan enrevesada que habría provocado una migraña irreversible al mismísimo Montesquieu. La cuestión era aparentemente sencilla, si se podía celebrar la moción, la respuesta, según los presentes, parecía depender de si uno había desayunado con el PP, con MC, con el PSOE o con una calculadora electoral. La ley decía una cosa. La interpretación decía otra. La secretaria opinaba una tercera. Los portavoces una cuarta. Y los ciudadanos una quinta, que aquello parecía un capítulo perdido de La Escopeta Nacional.
Cartagena sigue esperando, esperando soluciones, esperando gestión, esperando proyectos. Esperando, en definitiva, que alguien recordara que fuera de aquel salón existía una ciudad. Pero no, para esta banda de estafadores de la realidad, la ciudad puede esperar, no es lo importante, y la función circense acababa de empezar.
“La moción de censura nació presentada como una gran alternativa de gobierno y acabó convertida en una especie de excursión colectiva hacia ninguna parte. El problema no era únicamente perder, el problema fue perder después de semanas proclamando la victoria,”
MC acudió al pleno con la convicción de quien se presenta a una boda creyendo que es el novio para descubrir, a mitad del banquete, que la novia se ha fugado con la orquesta. Pocas veces una operación política ha sido anunciada con tanto estruendo y ha terminado produciendo tan escasos resultados, algo que en MC es una costumbre, pasaron de los escándalos mediáticos al absentismo político travestido de denuncia inocua justificativa. La moción de censura nació presentada como una gran alternativa de gobierno y acabó convertida en una especie de excursión colectiva hacia ninguna parte. El problema no era únicamente perder, el problema fue perder después de semanas proclamando la victoria, o sea, perder después de haber vendido el oso, perder después de haber comprado la escopeta, perder después de haber construido la pared para colgar la piel, para descubrir finalmente que el oso seguía paseando tranquilamente por el bosque, o la osa.
“López, y lleva razón, define la moción como un disparate estratégico, una mezcla imposible de siglas y una operación concebida con la misma planificación que un atraco organizado por los Hermanos Marx. Esa es la verdadera tragedia.”
El resultado fue demoledor, trece votos para mantener a Noelia Arroyo y doce para desalojarla. Una diferencia mínima pero suficiente para transformar una supuesta operación histórica en un episodio de humor involuntario. En política no existe nada más cruel que el ridículo, el ridículo tiene memoria y lo sabe José López, el alcalde más chulo de España para ridículo de los cartageneros. El exalcalde cartagenerista apareció después del naufragio con la misma delicadeza que un elefante entrando en una cristalería. No pidió reflexión, tampoco solicitó un análisis, no recomendó prudencia, pidió directamente cabezas. La dimisión inmediata de Jesús Giménez Gallo, su enemigo directo, un gregario que le ha salido rana. La crítica es tan contundente que tenemos la sensación de estar leyendo una esquela política redactada por el propio difunto.
López, y lleva razón, define la moción como un disparate estratégico, una mezcla imposible de siglas y una operación concebida con la misma planificación que un atraco organizado por los Hermanos Marx. Esa es la verdadera tragedia. Mientras MC intentaba convencer a Cartagena de que la alcaldesa estaba políticamente acabada, una parte importante de MC parecía más preocupada por decidir quién enterraba a quién dentro del partido.
“Asinque”, no era una batalla contra Arroyo, era una pseudo guerra civil con invitados. En el otro extremo del escenario, Noelia Arroyo contemplaba el espectáculo con la serenidad de quien sobrevive a un naufragio agarrada a una puerta de madera. Esa es la paradoja, ganó con contubernios y estrategia dignas de exdiputados longevos, pero tampoco ganó, solo sobrevive. En la política contemporánea es una disciplina distinta y Arroyo sigue siendo alcaldesa, pero el pleno ha dejado al descubierto una realidad muy incómoda, la de un gobierno sostenido con alfileres, con una mayoría evaporada.
Queda una legislatura convertida en una partida de ajedrez donde todas las piezas avanzan con la sospecha de que el tablero puede romperse en cualquier momento, muchos acuerdos de cara al futuro y posiblemente muchas promesas por cumplir, o cruce de favores. Se celebró la victoria como quien celebra que el dentista solo le haya extraído tres muelas. Podía haber sido peor y probablemente tenían razón. La fotografía política resultante es la de un ejecutivo que sigue gobernando, sí, pero con la estabilidad emocional de una mesa coja en una terraza durante un vendaval.
“Todos parecían convencidos de representar el papel de héroes en una epopeya histórica. Lo cierto es que desde fuera la escena recordaba más a una disputa por la última tumbona libre en una piscina municipal que la seriedad de la realidad travestida por mediocridad.”
Y luego estuvo Vox. Los restos de Vox, que SÍ, VOX sigue. Los grandes protagonistas involuntarios de esta opereta y expulsados del gobierno. Señalados, relegados y finalmente convertidos en los salvadores de quien los había expulsado. Ni Shakespeare se habría atrevido a escribir algo tan extravagante. Dos concejales sosteniendo con sus votos a la alcaldesa que los había apartado del ejecutivo. La política municipal convertida en una versión cartagenera de Juego de Tronos producida por una compañía de teatro aficionado. Pero si analizamos, han sido los únicos que han actuado con prosopopeya de la lógica y de la moral política que han defendido, a pesar de los muertos en este circo donde, los espectadores asistían atónitos, los protagonistas improvisaban a cada minuto y el guión cambiaba cada diez.
Absurdos, los discursos se sucedían con la solemnidad de quienes creen estar decidiendo el destino de Occidente, estúpidos. Unos hablaban de democracia, otros de legalidad y otros de prevaricación, también de censura. Todos parecían convencidos de representar el papel de héroes en una epopeya histórica. Lo cierto es que desde fuera la escena recordaba más a una disputa por la última tumbona libre en una piscina municipal que la seriedad de la realidad travestida por mediocridad. Mucho ruido, gesto, dramatismo pero poca grandeza.
Un espectáculo estúpido de mediocres figurantes de teatro de pueblo en verano. Los unos acusando a los otros de querer secuestrar la democracia. Los otros acusando a los unos de retorcer la ley. Los de más allá denunciando conspiraciones. Los de más acá denunciando maniobras. Más que un pleno representativo de los cartageneros, parecía una reunión de guionistas intentando decidir quién era el villano de la temporada. Entre tanto barro político, Cartagena, siempre Cartagena es la gran ausente. mientras los concejales discuten sobre reglamentos, artículos, interpretaciones y recursos judiciales, la ciudad sigue teniendo exactamente los mismos problemas que tenía ayer y mañana, las mismas necesidades, las mismas preocupaciones y las mismas incertidumbres, solo que ahora acompañadas por una nueva sensación de vergüenza ajena, la impresión de que los representantes municipales habían confundido el Ayuntamiento con un plató de televisión en un nauseabundo reality.
Quizá esa sea la conclusión más amarga, la degradación estética de la política, la transformación del debate público en espectáculo circense permanente, la sustitución de la gestión por la representación y la conversión del Ayuntamiento en un teatro donde cada actor interpreta su personaje mientras el decorado amenaza con desplomarse. Valle-Inclán llamó esperpento a la deformación grotesca de la realidad, si hubiera asistido a este pleno habría tenido que inventar una palabra nueva porque lo ocurrido supera incluso los límites del género.
“Cuando la función termina, los actores se quitan el disfraz, pero aquí, por desgracia, da la impresión de que algunos ya duermen con él puesto”
Cartagena contempló una moción de censura que, parecía una revolución y terminó siendo una discusión sistematizada donde una oposición que aspiraba a gobernar, acabó discutiendo consigo misma, un gobierno que ganó sin convencer de nada, al concluir la sesión, los trece seguían siendo trece. Los doce seguían siendo doce. La alcaldesa sigue en su despacho. La oposición sigue en la oposición y Cartagena sigue esperando, que alguien, algún día, decida abandonar el circo y ponerse a gobernar, los cartageneros necesitan soluciones y no temporadas nuevas de esta interminable serie de humor negro municipal, de mandriles jugando a la ruleta rusa con Cartagena.
Cuando la función termina, los actores se quitan el disfraz, pero aquí, por desgracia, da la impresión de que algunos ya duermen con él puesto. Pero a pesar del desprecio regional, el martes a pasar el platillo por la capital, felicitaciones y enhorabuenas y otra vez el PP sobreviviendo…
Andrés Hernández Martínez