Opinión

PASEO POR LA TRIMILENARIA DESCONOCIDA: CALLEJONES DE CARTAGENA

PASEO POR LA TRIMILENARIA DESCONOCIDA: CALLEJONES DE CARTAGENA

CALLEJONES DE CARTAGENA

 

 Hay calles que todo cartagenero conoce, y luego están esos callejones estrechos por los que pasamos sin detenernos, casi sin mirarlos. Esta tarde, durante mi andada diaria pasé por la Muralla del Mar, dejé el callejón de Ezeta situado a la derecha del edificio de Servicios Generales de la Armada, y me pregunté cuántas historias permanecen ocultas tras esos pocos metros de terreno.

 

 Porque los callejones de Cartagena son pequeños en tamaño, pero inmensos en memoria; en este que comento fue por levantar la primera casa, junto a la recién edificada Escuela de Caballeros Guardias Marinas, don Vicente Ezeta de quien tomó el nombre la nueva calleja creada. La Marina posteriormente pleiteó con el Ayuntamiento por la propiedad de ella, dando el Tribunal Supremo la razón al Consistorio el 31 de enero de 1888. Pero parece ser que volvió a tomar la propiedad por la barrera que actualmente veo colocada.

 Nuestra ciudad nació y creció encerrada entre murallas, el espacio era limitado y las calles tuvieron que adaptarse a cada rincón disponible. De ahí surgieron callejas estrechas, pasos entre viviendas y pequeños callejones que hoy forman parte del casco histórico. Algunos comunicaban dos calles, otros terminaban en una puerta o en una tapia, y muchos simplemente daban acceso a unas pocas casas.

 

El mayor espacio urbano que tuvo Cartagena fue en la época romana, y el más pequeño en el llamado por Juan Soler Cantó “Periodo de desolación”, cuando fue arrasada y desmantelada por el general Suintilia en el año 616, periodo que duró hasta bien entrado el dominio musulmán.

Muchas veces el olvido por parte de los gobernantes, o por indolencia algunas otras, provocan la degradación de estas zonas añejas de nuestro pasado urbano, caso del antiguo Molinete ya derribado, la Catedral Antigua, el antiguo Hospital Militar de Marina; recuerdo como tras dejarlo las fuerzas armadas, se desvalijó y destrozó por esos vándalos que no respetan cosa alguna, ni sagrada ni profana.

 

Muchos de estos callejones han desaparecido, al realizarse cambios urbanísticos en donde estaban situados, como el de Juan Álvarez en la Puerta de Murcia, que comunicaba con la Morería Baja, al derribar en 1944 el edificio que estaba a su derecha (marcas rojas del plano), quedó una acera ancha hasta el restaurante “la Tartana”, actualmente toda esa zona es peatonal. En esta foto de finales s. XIX se aprecia el edificio en cuestión al fondo a la derecha de color blanco.

 

También desaparecieron todos los que estaban ubicados en el Molinete: Algibe, de los Catalanes, de la Cruz, de los Gatos, de Hiladores, de los Mudos, del Salto, de la Tahona. Del Portillo, era una calleja con unos pocos escalones que comunicaba la calle de la Roca con la Muralla de Tierra.

 

 Muchos de estas callejas eran sin salida, los vecinos que en ellas vivían, con permiso del Ayuntamiento habían colocado una verja con llave para cerrar la calle, impidiendo la entrada a los no moradores, caso del callejón del Cura situado en la calle Cuatro Santos.

 Otros cambiaron de nombre, el carrerón de Fabián Vico que se entraba por la calle Cuatro Santos, cambio al de Mico por existir a su entrada en la pared de la derecha una cabeza pequeña que parecía la de un mono.

 

 El callejón de San Diego también desapareció, ahora es parte de la calle Saura; esta inicia su trayecto en la Plaza del Roldán y tras atravesar la calle de la Gloria, sube unas escalinatas y culmina su recorrido en la calle Sor Francisca Armendáriz, pero hasta inicios del pasado siglo, este último tramo no tenía salida, terminaba en el muro de la iglesia de San Diego y era denominado callejón de San Diego, y anteriormente Bragueta de San Diego.

 Algunos nos recuerdan antiguos oficios, Horno entre calles Jabonerías y Real. Estereros, en la calle del Aire; en el siglo XVIII era llamado Carrerón de la Nieve, por estar en él los almacenes donde se depositaba la nieve traída desde los pozos propiedad del Concejo, que estaban en Sierra Espuña. Más tarde se establecieron en esta calle dos industriales que se dedicaban a la fabricación y ventas de esteras y diversos artículos de esparto, tomando el nombre la calle. Del Herrero, una empinada cuesta que bajaba del Cabezo de la Cruz a la calle de San Diego. Del Esparto, situado al final de la Subida a la Puerta de la Villa.

También están los vinculados a imágenes religiosas, de cada uno de ellos se podría escribir un libro, tanto por la devoción que tenían los vecinos, como por el encendido por las noches de una luz para iluminar la estampa, azulejo o imagen del que tomó el nombre la calle, polémicas por quien costeaba el aceite que consumía la luminaria, etc.: San Isidoro, pequeña calleja sin salida con entrada por calle del Aire, que formó a finales de 1600 para dar servicio a varias casas de la cercana calle Cuatro Santos; San Antonio, de corto trayecto desde Puerta de Murcia a morería Baja; San Crispín, callejón sin salida desde calle San Crispín al cabezo de Despeñaperros; San Esteban, nace en la calle del Parque, atraviesa la de San Fernando, y subiendo unos escalones desemboca en la de San Esteban; San Fulgencio, callejón sin salida que se entraba por la calle Real, etc.

 

 Otros están relacionados con personajes históricos, caso del de Zorrilla, estrecho y sin salida, Isaac Peral nació allí; Bretau, a principios del s. XIX vivió un industrial carpintero de nombre Juan Bretau, tomando el callejón su apellido, en el siglo XVII, se llamaba calle de Bracamonte, por residir en ella un capitán llamado Pedro de Bracamonte Heredia. A pesar de ser muy estrecha era de un gran tránsito de personas y comunicaba con la de San Miguel. En 1781 se edificó una capilla en terrenos de esta calle anexionándose a la Iglesia de Santa María, quedándose la calle en un callejón sin salida. Callejón de Chiquero, pese a estar cerca de los chiqueros de la plaza de toros, su denominación venia por vivir en este callejón la excelente actriz cartagenera María Chiquero.

 

 

 

 

Otras cambian de nombre frecuentemente, caso del callejón de las Escalericas, tiene su entrada por la plaza del Ayuntamiento y desemboca en la calle del General Ordoñez; en principio se llamó de la Guía, por la ermita de Nuestra Sra. De la Guía que estaba al inicio, luego la denominaron de la Fuente Vieja por una fuente que había para abastecer a las embarcaciones, el callejón era de una pendiente bastante fuerte, y le hicieron unos escalones para facilitar la subida, y recibió el nombre de Escalericas, posteriormente se llamó de Libertad, y como suele ser costumbre en Cartagena, reacia a los cambios, el pueblo siguió llamándola Escalericas.

 

La próxima vez que pase por el casco antiguo quizá vuelva a detenerme frente al callejón de Ezeta. Ya no lo miraré como una simple calle sin salida. Como ese, decenas de callejones cartageneros guardan pequeñas historias de panaderos, comerciantes, religiosos, marinos, inventores y vecinos anónimos. Son rincones que apenas ocupan unos metros en el plano de la ciudad, pero con cientos de años en su memoria.

 

 

 

(Texto y fotos Juan Almarza)

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