Rincón literario de Paco Marín

Rincón Literario de Paco Marín: “Ángel roto“

TÍTULO:     Ángel roto

AUTOR:     Alberto Pasamontes Navarro

EDITA:       Milenio (2020) -Colección Marrajo-

Encuadernación: Rústica con solapas. Tamaño: 15 x 24 cm. Número de páginas: 344. PVP: 20,00 €. ISBN: 978-84-9743-892-6

Qué es peor: ¿dejar el hecho del suicidio, tal cual, y no ir más allá, o profundizar, y saber el motivo del mismo? Ángel roto… es un ángel roto, no en el momento del suicidio, sino mucho antes. Lo peor de todo y lo más duro es descubrir el momento y el porqué de esa “rotura”. Hay páginas en las que el vómito y la rabia inundan al lector… pero, no puedes dejar la lectura.

Es de agradecer a Alberto Pasamontes la maestría y el pulso firme para llevarnos a un final que, en ningún momento, uno puede visualizar.

Goyo Barral es inspector jefe de la policía nacional. Metido ya en la cincuentena, no pasa por su mejor momento. Su matrimonio sufre una crisis y su hija le ha salido rebelde. Además, el comisario Quiroga se acaba de jubilar y le han colocado como comisario en funciones mientras encuentran a alguien de confianza a quien dar el puesto. Por suerte, cuenta con el apoyo de la inspectora Alonso, unos años más joven que él, inteligente y de fuerte carácter, con la que ha desarrollado una buena amistad, tanto en lo laboral como en lo personal.

Dos sucesos alterarán su equilibrio: por un lado, el robo en una joyería, vergonzante pues se ha producido cerca de la comisaría. Por otro, la muerte de una muchacha que se ha precipitado desde su balcón; joven y físicamente agraciada y sin grandes problemas en el instituto, no parece haber ningún motivo que le llevase a suicidarse. Sin embargo, la ausencia de otra explicación hace que la policía contemple esta solución como la única posible. La insistencia de Adriana, compañera de clase de la víctima e hija del inspector, obligará a este a seguir con el caso y hará que no se cierre prematuramente una investigación que acabará por afectar a los propios inspectores, en especial a Carmen Alonso, ya que reabrirá heridas que creía cerrada.

Alberto Pasamontes Navarro (Madrid, 1970). Estudió Filología Inglesa en la Universidad Autónoma de Madrid hasta que, harto de la lengua de Shakespeare, lo dejópara en 1994 entrar a formar parte de ese gremio tan «querido» como necesario: la Administración Pública. En el ámbito literario ha escrito más de sesenta relatos desde que en 2008 le asaltaron las ganas de juntar letras con la intención de expresar algo más excitante y grato que un oficio administrativo. Lo tenía fácil, la verdad. Desde entonces halogrado un accésit en la XIVª edición de los Premios Artísticos y Literarios del Ministerio de Defensa por Haga usted ejercicio, así como el primer y tercer premio de las ediciones IVª y Vª del Premio Ediciones Beta de Relato Corto, por A los cuarenta y Catarsis, respectivamente. Y lo más importante, el apoyo de un buen número de lectores que así, sin red ni nada, se han atrevido a bucear entre sus desvaríos literarios. Entre la lluvia(Ed. Beta 2014) es su primera novela, negra, como no podía ser de otro modo teniendo en cuenta su afición al género; supuso la primera aparición de los inspectores Goyo Barral y Carmen Alonso. La muerte invisible fue su segunda incursión en el género y resultó ganadora del Premio García Pavón de Novela Negra en 2015 (Reino de Cordelia 2015). En la actualidad colabora regularmente con la web de la librería especializada en género policiaco Somnegra y los blogs de historia y literatura Cita en la Glorieta y Propera parada: cultura, así como las revistas Ángulo Muerto y Prótesis.

En plena pandemia…charlamos con Alberto Pasamontes

P.- Por favor, recuerde a los lectores quien es Alberto Pasamontes.

R.- Soy funcionario. A punto de llegar a los cincuenta. A no ser que lo impida causa de fuerza mayor, no dejo de leer a diario. Casi por accidente comencé a juntar letras hace ya más de diez años y desde entonces no lo he dejado. Tengo la suerte de no necesitar escribir para comer, así que lo hago cuando y como quiero, lo que me evita tener que soportar la presión de editar cada cierto tiempo. Eso me permite mantener la calidad que considero necesaria en mis novelas, algo que el lector agradece. Espero.

P.- ¿Cuándo, cómo y por qué nace la pareja Goyo Barral y Carmen Alonso?

R.- Porque Carmen Alonso así lo quiso. El inspector jefe Barral iba a ser el protagonista de mi primera novela, Entre la lluvia, aparecida ya en 2014, y Carmen iba a ser su compañera. Lo que ocurre es que, como en la vida real, llega una mujer que vale mucho más de lo que creemos y se come al compañero por los pies, lo pasa por encima y lo deja de vuelta y media.

P.- ¿Qué nos vamos a encontrar en Ángel roto?

R.- Una novela negra en toda su dimensión. Crítica social, denuncia. Violencia justa, situaciones que deben llegar al fondo del lector. Cualquier aficionado al género sabe lo que encontrará. Pero también personajes humanos, los policías, que tienen sus problemas cotidianos, igual que los demás. Conflictos laborales, familiares… Ellos no son héroes, nadie lo es, y lo que tienen que ver a diario en su trabajo les afecta y les cambia.

P.- ¿Realmente, todas las muertes que se dicen suicidios, son verdaderos suicidios?

R.- En España se producen más de 3600 suicidios al año. Ochocientos mil en el mundo. Son cifras oficiales. Siempre hay casos que no son tomados como tal, que pasan por accidentes u otro tipo de muertes. Nada nos hace pensar, por muy ingenuos que seamos, que no sean realmente más. Es un tema de una envergadura enorme y creo que no se ha tratado mucho en la literatura, de modo que me interesaba darle visibilidad. Hay además otra problemática que se trata también en las páginas de Ángel roto, tan seria como la anterior, aunque para no destripar más de lo necesario preferiría dejar que sea el lector el que llegue hasta allí.

P.- ¿Con quién se lleva mejor: con Carmen Alonso o Goyo Barral?

R.- Goyo es un tipo sencillo, honesto y casero. Es fácil llevarse bien con él. Carmen es un tsunami, inconformista, decidida, independiente. Por la tarde te apetece una cerveza bien fría y cuando llega la noche un whisky con soda. De ambos se disfruta. Sobre todo, sabes que puedes contar con ellos. Siempre.

P.- ¿Seguirán trabajando juntos en futuros casos?

R.- Habrá futuros casos, pero no quiero hacer una saga interminable. Una o dos novelas más, esa es la intención. Al final, lo que cuento es la historia de Carmen y Goyo, y es la propia historia la que marca la extensión. No me gustaría caer en el error de estirarlo más de lo debido.

P.- En sus historias, prefiere ¿sangre o psicología?

R.- Tiene que haber un equilibrio. Si no hay un mínimo de psicología, la historia no tendrá profundidad. Por otro lado, siempre necesito algún cadáver en mis libros. En los que leo y en los que escribo. En la literatura, igual que en el cine, necesitamos una dosis extra de intriga, de peligro. Eso que no queremos en nuestra vida real.

P.- ¿Cuál es su arma preferida a la hora de matar? ¿Existe el crimen perfecto?

R.- Creo que no tengo ninguna. En mis tres novelas he matado de modos diferentes. En cuanto al crimen perfecto, por supuesto que existe. Cuando se da uno, no tenemos noticia porque el criminal logra hacer que pase desapercibido. Eso no quiere decir que no exista.

P.- ¿Qué opinión le merecen los festivales del género negro?

R.- Los festivales no solo de género negro, sino de literatura en general, me parecen oportunidades excelentes para que los lectores se acerquen a los autores sin complejos. Para hablar de los libros, en general, de cómo se siente la lectura, para saber qué lleva a un autor a sentir la necesidad de contar una historia. Compramos un libro, casi siempre en una gran superficie o en la Feria del libro o Sant Jordi, lo leemos (cuando lo leemos) y pasamos al siguiente sin más. Por desgracia, en España hay muy poca costumbre de acudir a presentaciones, qué decir de los festivales. Es un problema de que la cultura, al menos aquí, nunca ha interesado a los gobiernos sean del color que sean, tanto a nivel nacional como autonómico y local, así que no existe promoción. Lo poco que hay, se logra gracias al empeño de unos pocos locos. En otros países de Europa existe una cultura arraigada, el lector incluso paga una entrada para poder asistir. No estoy pidiendo esto, pero sí que animo a la gente a que se informe de las actividades en su ciudad y venga a hablar con los autores. No hay nada más satisfactorio para quien ha dedicado uno o dos años a crear una novela que poder comentar el texto con alguien que ya lo ha leído. Es enriquecedor para ambas partes, pero como digo, no es lo habitual. Al final, acabamos siempre los mismos, que ya nos conocemos de sobra. Eso sí, lo pasamos bien, pero acabas echando de menos al lector.

P.- ¿Cuáles son sus géneros y autores favoritos? ¿Qué está leyendo ahora mismo?

R.- El género ya lo sabemos. En cuanto a autores, por volumen y calidad, Petros Markaris, Henning Mankell, Jim Thompson, Chester Hymes, Fred Vargas… Pero es que no me quiero dejar de mencionar a los de aquí, y sé que alguno se va a sentir olvidado, y con razón. El maestro Andreu Martín, el incombustible José Luis Muñoz, Rosa Ribas y su sensibilidad, el agudo Juan Madrid, al que debemos a Toni Romano, la locura de Nieves Abarca, Benito Olmo y su desparpajo, Carlos Augusto Casas que nos voló los esquemas a todos con su primera novela, Nacho Cabana y su dominio de la escena y el ritmo… En fin, lo siento. Muchos que no menciono y que me gustaría. Busquen fuera de nuestras fronteras si quieren, pero no lo hagan obligados. Hay mucho muy bueno aquí. Pasa como en el fútbol. Para un equipo da más prestigio, aunque no siempre mejores resultados, fichar a un extranjero qué a Paco Pérez, natural de Alpedrete.

En cuanto a la segunda parte de la pregunta, por extrañas circunstancias no estoy leyendo noir. Acabo de terminar El chico de lasbobinas, de Pere Cervantes (uno que no había nombrado antes). No es una novela negra, pero es magnífica. Ahora estoy con El efecto Tyndall, de Javier Rodríguez Álvarez. Intimista, delicada. A veces viene bien un cambio de registro. Un canto de amor a los libros y a su poder de sanación.

P.- Como lector, le gusta más: ¿libro electrónico, papel o audio libro?

R.- Papel, pero el libro electrónico tiene sus ventajas en ciertos momentos. Alterno ambos formatos. El audio libro prefiero ni verlo, no soporto que me lean.

P.- ¿Qué manías tiene a la hora de escribir?

R.- Pocas. Encerrarme si es posible, siempre por la tarde, eso sí, y pasar una hora repasando lo que he escrito en la anterior sesión hasta que retomo el hilo. Tras ese rato vienen todas las ideas de golpe, aunque hay días que no hay forma de juntar dos palabras. Si se produce el milagro, me puedo tirar varias horas hasta que me pegan una voz para avisar de que la casa está ardiendo o de que tenemos entradas para el cine. No me creo esos autores que me quieren hacer creer que escriben mientras preparan la cena o cuidan de los nenes en el parque.

P.- Relate alguna curiosidad literaria personal que le haya ocurrido y no ha contado hasta ahora… si la hubiere.

R.- Me temo que soy bastante aburrido en ese aspecto. Además, he tenido la suerte de que todo el mundo me ha tratado bien desde que llegué a este mundo, a pesar de las puñaladas traperas de las que todo el mundo ha oído hablar alguna vez, y que sin duda existen.

P.- Venda su libro ¿por qué hay que leer Ángel roto?

R.- ¿Porque es una novela estupenda? Vaya, me temo que tengo que practicar esto del márquetin. Lo que sí puedo decir es que es una novela en la que, como siempre, trato de dar lo mejor que llevo dentro. Es lo menos que hay que exigirle al autor. Respeto por el lector y mucho trabajo. Y escribir lo que me gustaría leer. Me da miedo aburrir.

P.- Sus planes a corto y medio plazo ¿son?

R.- Los de todo el mundo. Salir del confinamiento causado por el Covid-19 y recuperar nuestra vida. Me gustaría creer que seremos mejores cuando todo esto pase, pero me temo que no será así. Ah, y retomar la presentación de Ángel roto, que tuvo la mala suerte de salir a la venta pocos días antes de todo este caos. La novela, como muchas otras, merece su oportunidad. Sé que gustará.

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