Rincón literario de Paco Marín

Rincón Literario de Paco Marín: “Duramadre”

TÍTULO:     Duramadre

AUTOR:      Víctor Sellés

EDITA:       Obscura (2021)

Encuadernación: Rústica con solapas. Tamaño: 15 x 23 cm. Número de páginas: 288. PVP: 17,90 €. ISBN: 978-84-122567-3-4

«Duramadre: Es la meninge exterior que protege al sistema nervioso central (encéfalo y médula espinal)»

¿Negra, terror, fantástica…?

Al leer “Duramadre” resulta muy difícil separar lo imaginado de lo real. ¿Cuánto puede destruir el sentimiento de culpa? ¿Cuánto puede construir la mente serena y libre?

Particularmente, me pregunto: ¿Hay un lugar de encuentro en el “más allá”? Un lugar donde nos encontremos amigos y enemigos.

Hay quien piensa que los pensamientos, una vez formados, ya no pertenecen a quien los pensó. El bien y el mal ¿existe fuera de nosotros o somos nosotros los que les damo forma?

“Duramadre” es una novela negra, pienso, en cuanto a su estructura y desarrollo…al tiempo es íntima y muy detallista…

«Cuando el cáncer pone a su abuelo contra las cuerdas, Lorena viaja desde Sevilla a Madrid para cuidarlo. Ambos lidian con la culpa por la desaparición de Daniel, el hermano menor de Lorena. La chica intentará reinventarlo mediante sueños lúcidos y hará lo imposible para encontrarse con él en el mundo onírico y mantenerlo así con vida. Por su parte, el anciano carga con un pasado que destruyó a su familia para siempre, un peso que tratará de redimir dando caza al responsable de la ola de asesinatos que asola la ciudad».

Víctor Sellés vuelve a rebasar los límites de los géneros literarios en una atípica, reiteramos, novela negra con tintes sobrenaturales en la que la venganza, el remordimiento y la necesidad de redención se entrelazan en un juego de dimensiones alternativas donde los límites entre lo real y lo ficcional se difuminan y confunden como en un laberinto de espejos.

Al acabar su lectura hemos de decidir quién o quiénes son diablo. 84 capítulos cortos y un epílogo, alternando pasado y presente, desde el principio, nos engancha la alternancia entre fantasía y momentos aterradores.

 

Víctor Sellés (Madrid, 1985) es licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid. Con un perfil enormemente ecléctico, este escritor ha trabajado también como librero y paleontólogo, ha sido profesor de escritura creativa en Ateneo Literario y ponente invitado para impartir clases de narrativa transmedia en la Universidad de Hull (Reino Unido).

Sus narraciones le han valido ser ganador del III Concurso Internacional de Relato Bruma Negra con Día libre, ser seleccionado en el premio Cosecha Eñe 2016 con Rojo escarlatay obtener el premio colectivo Guillermo de Baskerville 2017 por la antología DarkFantasies, en la que participó con el relato Antemusa Bar & Club.

Sellés se desenvuelve entre la fantasía, el terror y la ciencia ficción, géneros cuyos límites convencionales disfruta traspasando para inducir en el lector una sensación de otredad, como demuestra en su anterior novela, ‘Lengua de pájaros’ (Obscura Editorial, 2020). Tras muchos años en Inglaterra, actualmente reside en su ciudad natal.

También ha escrito novelas en inglés bajo el seudónimo Terry Graves. 

Departimos con Víctor Sellés… Gracias…

P.- Por favor, presente a Víctor Sellés.

R.- Soy un ciudadano más.

P.- ¿Desde cuándo escribe y por qué?

R.- Escribir es algo que he hecho de forma inconstante desde que tengo memoria, con periodos de parones largos y otros momentos de gran intensidad. Desde hace diez años intento hacerlo de forma algo más profesional, es decir, obligándome a terminar los proyectos que empiezo y a presentar mis trabajos a concursos y editoriales.

En cuanto a por qué escribo… Bueno, ¿por qué no?

P.- ¿Cuándo, cómo y por qué nace «Duramadre»?

R.- El primer borrador de Duramadre es de 2017. Se trata de una versión muy diferente de la que ha llegado a los lectores, pero los elementos básicos de la historia (la confrontación generacional entre Lorena y su abuelo, el culto, la sociedad criminal secreta de la Garduña y el asesino obsesionado con el olvido) ya estaban allí. Escribí la novela a lo largo de dos meses, en un momento vital bastante complicado, casi como catarsis. Después, como hago siempre, trabajé y pulí la historia a lo largo de varios años.

P.- ¿Se ha documentado de alguna forma o todo es producto de su imaginación?

R.- Escribir es documentarse, porque nada surge del vacío. Todo parte de experiencias, vivencias propias y ajenas, anécdotas, noticias de periódico, crónicas de sucesos, detalles… En el caso de Duramadre me preocupé mucho por representar una imagen fidedigna de la tulpamancia y de los otherkin. Son comunidades recientes que apenas han tenido eco en la ficción y, cuando se escribe desde fuera, es muy fácil transmitir una idea equivocada y tendenciosa, como se ha hecho muchas veces con corrientes de pensamiento, aficiones, grupos, tribus urbanas o ideologías. Solo espero haber tratado el tema con naturalidad y respeto.

P.- ¿Dónde se siente más cómodo: escribiendo relatos cortos o novelas?

R.- Me gustan ambos formatos, pero mis relatos surgen de forma natural, en explosiones creativas, mientras que armar una novela cuesta mucho más trabajo. Para mí lo ideal son las distancias medias, novelettes o novellas de unas cincuenta mil palabras donde se pueda depurar el lenguaje al máximo. Por desgracia, este tipo de historias no son demasiado populares en el mundo editorial.

P.- ¿El título lo decidió usted?

R.- Sí, siempre lo hago, a pesar de que se me da bastante mal y tardo mucho en encontrar el adecuado. Duramadre es un título con el que estoy muy satisfecho porque contiene diversas connotaciones que reverberan a lo largo de la novela.

P.- ¿Hay alguna similitud entre el «bien» y el «mal»?

R.- «Bien» y «mal» son dos coordenadas de un sistema moral, conceptos subjetivos y hasta cierto punto mutables dependiendo de la persona, la cultura, el momento histórico, el lugar… O al menos, en lo que respecta a la ficción, es más gratificante abordarlos así. Me siento muy cómodo explorando los grises; cuanto más oscuros mejor.

P.- Me imagino que en sus historias preferirá la psicología a la sangre…o ¿me equivoco?

R.- No soy aficionado a la casquería. Si me veo en la necesidad de describir una escena truculenta no me amilano, pero suelo guiarme por la máxima de «menos es más». Por otra parte, respeto (y además disfruto leyendo) a autores como Clive Barker o Poppy Z. Britepor ser capaces de lograr algo tan difícil como convertir el gore en poesía.

P.- ¿Tiene referentes en el género negro? ¿Cuáles son sus géneros y autores favoritos?

R.- Leo de todo, aunque siento debilidad por los géneros especulativos, la novela fantástica y la negra, algo que será evidente para cualquier lector que se asome a Duramadre. La mayoría de mis referentes en esta última son españoles o hispanohablantes. Si solo me dejaran mencionar a un autor, sería Esther García Llovet. Y, si tuviera que escoger una única novela, elegiría Subsuelo, de Marcelo Luján, porque es insuperable. Obscura también está publicando historias muy interesantes, algunas de las cuales lindan con el género negro. Además, si pueden, síganle la pista a Enrique Montiel de Arnáiz, que tiene un par de novelas excelentes en Apache Libros.

P.- Como lector, se decanta por: ¿libro electrónico, papel o audio libro?

R.- No puedo con los audiolibros, pierdo rápido la concentración. Por lo demás, leo en papel y en digital; cada formato tiene su momento y lugar. No hay por qué renunciar a ninguno.

P.- ¿Qué está leyendo ahora mismo? Recomiende, por favor, un par de títulos.

R.- Siempre leo cuatro o cinco cosas a la vez. Ahora mismo estoy pasando por una etapa de sequía lectora, pero tengo en la mesilla las Memorias de un francotirador en Stalingrado, de Vasili Záitsev y Carpe Jugulum, de Terry Pratchet. He recomendado algunos autores y títulos antes, pero para afinar más tendría que conocer al lector al que van dirigidos. No creo que exista en el mundo ningún libro de verdad «imprescindible».

P.- ¿Qué manías tiene a la hora de escribir?

R.- Ojalá tuviera alguna, una de esas manías tan literarias que siempre quedan bien en las contraportadas y en las biografías y que convierten al escritor en un personaje más en la mente de los lectores. Pero no pierdo la esperanza: estas cosas van llegando con la edad.

P.- Relate alguna curiosidad literaria personal que le haya ocurrido y no ha comentado hasta ahora…si la hubiere.

R.- Venga, aquí va una «bizarrada»: formé parte del grupo de investigación que descubrió una nueva especie de reptil esfenodonto fósil. Le pusimos el nombre de un hechizo de la saga de Harry Potter.

P.- Venda su libro, ¿por qué hay que leer «Duramadre»?

R.- Como dije antes, no existen libros imprescindibles y mis novelas no son la excepción. Creo que los lectores que más disfrutarán Duramadre son aquellos que se acerquen a ella sin ideas preconcebidas, que busquen algo diferente y que estén abiertos al mestizaje de géneros literarios. Es una novela ágil, que se lee muy bien, pero al mismo tiempo invita a buscar significados ocultos y romperse un poco la cabeza. El otro día estuve firmando en la Feria del Libro de Madrid y el librero me preguntó en qué estantería debía colocarla: pregunta difícil, porque Duramadre encaja a la perfección dentro del género slipstream, pero no hay estanterías para eso, y menos en España. Tiene bastante de novela negra, y también mucho de terror y de narrativa fantástica.

P.- ¿Como ha toreado al bichito Covid-19? Sus planes a corto y medio plazo ¿son?

R.- Por lo que parece, bastante bien, porque todavía no lo he pillado. Después de un año y pico recluido, la vida va volviendo a su curso, en buena parte gracias a las vacunas. En cuanto a la segunda pregunta, me temo que le he cogido bastante manía a los planes, porque ya se sabe que ninguno «resiste el contacto con el enemigo». Tengo una novela negra (esta sí, de género negro puro) en manos de la editorial, una ucronía victoriana juvenil casi terminada, y llevo varios meses documentándome para acometer una novela histórica de espías, amén de otras cosas aún en estado embrionario. Con que alguno de estos proyectos llegue a buen término me conformo.

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