Rincón literario de Paco Marín

Rincón Literario de Paco Marín: “La memoria de las sirenas”

TÍTULO:     La memoria de las sirenas

AUTOR:      Jon Aramendia Huarte

EDITA:       Ediciones Eunate (2022, abril)

Encuadernación: Rústica con solapas. Tamaño: 15 x 22 cm. Número de páginas: 294. PVP: 17,90 €. ISBN: 978-84-7768-445-9

Jon Aramendia me emocionó y me ganó con su primera novela “El demonio de Laplace” y lo he visto superarse y elevar un poco más su listón con “La memoria de las sirenas”. Perfecta puesta en escena y perfecto planteamiento, nudo y desenlace.

Un muy interesante análisis de la condición humana. Jon plasma negro sobre blanco el ‘determinismo’ que puede marcar a las personas, así como las circunstancias vitales extremas. Novela fuertemente psicológica. José, el personaje principal, necesita expulsar los demonios que lleva dentro -la poesía le sirve de terapia- por todo lo vivido en el cortijo “El Aguaucho” una noche de agosto de 1936, en el que un grupo de falangistas obligaron a cinco chicas, entre 16 y 22 años, a servirles la cena sin ropa. Las violaron y las mataron. Los asesinos, posteriormente, se pasearon por el pueblo con la ropa interior de las chicas ensartadas en sus fusiles, contando que habían arrojados sus cuerpos al interior de un pozo.

1936. Fuentes de Andalucía.

El joven andaluz José Rojo se ve atrapado en un suceso que rompe su vida y que une su destino al de cinco chicas del pueblo: Dolores, Juliana, Rosa, Encarna y Mari Jose. Hasta el final.

Con una España en guerra, sin bandos ni razones, sin identidad, tiene que huir y decidir para qué seguir vivo.

Encuentra su destino escondido en el último aliento de un compañero y vuelve a ponerse en camino, esta vez con un motivo por el que seguir luchando.

Con origen en un hecho histórico sobre el que siempre será necesario posar la memoria, esta novela, desbordante de sensibilidad, culpa, fragilidad y amor, te sumerge junto a su inolvidable protagonista en un viaje del que no saldrás igual.

Jon Aramendia Huarte (Pamplona, 1969). Aunque su formación académica no está relacionada con el mundo de las letras, su afición por la escritura le acompaña desde muy joven. Es estudiando psicología por la UNED cuando queda fascinado por el descubrimiento de los fundamentos biológicos y físicos de la conducta humana, que a partir de ese momento condicionarán de manera evidente sus escritos, personajes y, sobre todo, la idea que trasciende a estos.
Con su primera novela, «El demonio de Laplace», recibió el Premio Icue Negro(Cartagena Negra 2020) y fue finalista al V Premio Tuber Melanosporum en Morella Negra 2021.

En Pamplona nos atiende Jon AramendíaHuarte… Un placer departir con él… Gracias…

P.- Por favor recuerde a los despistados quién es Jon Aramendía Huarte.

R.- ¡Uff! Creo que sería pretencioso por mi parte considerar despistado a quien no me conoce, ya que soy un completo desconocido, pero bueno… Diría que soy un aprendiz del oficio de escritor que todavía no sabe cuánto de su relativo éxito obedece al talento y cuánto a la fortuna. He tenido la suerte de encontrar una editorial seria que no ha tenido miedo en arriesgar, por una parte, y el honor de ver premiada mi primera obra publicada El demonio de Laplace con el Icue Negro en Cartagena negra y también ser elegida finalista en Morella negra. Ahora acabo de publicar La memoria de las sirenas en la que abordo un género diferente y que por el momento está recibiendo muy buenas críticas. Resumiendo; soy un afortunado aprendiz de escritor.

P.- ¿Cuándo, cómo y por qué nace «La memoria de las sirenas»?

R.- La memoria de las sirenas nace por casualidad. No recuerdo cómo llegó a mis manos un artículo en el que se describía el fallido intento de encontrar los cuerpos de cinco chicas vejadas y asesinadas en Fuentes de Andalucía en agosto de 1936. Durante más de ochenta años se creyó en el pueblo que habían sido arrojadas por los falangistas al pozo de un cortijo, sin embargo, transcurridas las décadas de obligada espera, al realizar la excavación no hallaron sus restos. No era la primera historia terrible de la que había oído hablar, pero aquella inconclusión, por algún motivo me empujó a no dejar semejante historia en el olvido.

P.- ¿Cuál ha sido su base documental?

R.- Respecto a la historia de las chicas asesinadas lo primero que hice fue ponerme en contacto con un periodista relacionado con aquel artículo y él me dio el correo de un profesor retirado de Fuentes de Andalucía que, además de ser una persona que conocía la historia, había escrito una obra de teatro sobre el mismo acontecimiento. Este no hizo sino confirmarme lo que por otra parte ya se adelantaba en el primer artículo; los detalles de lo que sucedió aquella fatídica noche de agosto se perdieron con las vidas de las niñas. Tan solo quedaba el relato somero de un anciano, sobrino de una de las chicas, que en aquellos años era un niño, y recuerdos de rumores que a media voz habían sobrevivido a las décadas. No obstante, como no era mi intención hacer una obra de carácter histórico, sino más bien seguir en mi línea reflexiva y determinista sobre la voluntad humana, que ya abordaba en El demonio de Laplace, aquello no suponía ningún obstáculo. Por el contrario, el largo tiempo transcurrido y la ausencia de familiares me permitía una licencia para una ficción indolora.

Independientemente del nudo emocional de la obra, que son las niñas del Aguaucho, el resto de la novela transcurre en gran medida en esta etapa negra de nuestra historia, por lo que he tenido cuidado al buscar y elegir escenarios y acontecimientos que no son discutidos por «casi» nadie. Es cierto que habrá quienes consideren que Paul Preston no es neutral, pero ha sido uno de los periodistas a los que más he leído, además de algunos otros libros y publicaciones de la época para hacerme una idea fiel del clima y del porqué, más que del cómo sucedieron algunas cosas. También he leído sobre psicología en el frente en un estudio realizado en la guerra del Salvador, conductas extremas y aberrantes en los conflictos armados etc. Mi mayor interés no era demostrar nada acerca de la guerra ni de los entresijos abstrusos de la política de aquella época, cosa para la que no tengo preparación ni iniciativa, sino conseguir colocar al lector en un escenario lo más realista posible sin distraerle con debates estériles de la intencionalidad reflexiva de la obra, que espero trascienda; por qué hacemos lo que hacemos.  

P.- ¿Hasta qué punto, pueden marcar a una persona, las circunstancias extremas?

R.- Yo creo que hasta puntos inimaginables; a las pruebas que nos brinda la historia pasada y actual me remito. De hecho, creo que la realidad siempre supera con creces a lo que seríamos capaces de imaginar los que nos dedicamos precisamente a ello. Creo que cuando pensamos en un acto violento de cualquier índole, sintiéndonos incapaces de hacer algo similar, deberíamos saber con detalle, y con detalle me refiero a conocer además de las inmediatas y visibles circunstancias extremas, toda una trayectoria de vida con sus carencias afectivas, de aprendizaje, de integración etc, que han llevado a esa persona a realizar semejante acto y preguntarnos qué hubiésemos hecho en circunstancias similares. Sé que esto que digo se puede malinterpretar fácilmente como una justificación, pero no es así. Creo que hay una diferencia enorme entre entender y justificar

P.- ¿Existen personas buenas y personas malas?

R.- Primero tendríamos que definir el bien y el mal, ya que si hacemos un viaje por la historia y las distintas culturas veremos que hay una variación amplia de estos conceptos. En cualquier caso, yo no lo creo. Me parece una simplificación que se acepta con mucha facilidad y que solo trae como resultado culpabilidades que alejan de la comprensión. Por supuesto creo en valores morales que deben regir las relaciones humanas y comprendo, que de estas surgirán actitudes que se clasificarán como buenas y malas según las creencias y costumbres de la mayoría, pero cuando hablamos de sistemas complejos donde la evolución, el entorno y la psicología entran en juego a un tiempo, el bien y el mal aportan bien poco. Malos y buenos enfrentados; no por razones sino por la esencia inmutable de su bondad o maldad innatas. ¿Cómo comprender las razones del otro si lo que hace lo hace porque es malo? Un niño malo, un hombre, un país, un pensamiento malo…  «Curiosamente el malo siempre es el otro».
Como determinista, cada vez más convencido, creo que detrás de cada palabra, de cada acto hay una cadena de motivos que se pierden incluso antes del inicio de cada vida, mucho más lejos si adoptamos una visión evolutiva y todavía más allá si nos trasladamos a la física fundamental.  

P.- Los poemas que supuestamente escribe José ¿son compuestos por usted o por un tercero?

R.- La mayoría están escritos por Iñaki Asiain, un buen amigo que me ayuda con las correcciones y al que se le da de miedo adaptar poemas a aquello que le pidas. Creo que se siente más cercano al término «mercenario de las letras» que, a poeta, ya que lo mismo clava una letra para un grupo Punk que rima con delicadeza los emotivos poemas que pongo en la pluma de mi protagonista. Yo me he atrevido con un par, que cualquiera que tenga ojo poético distinguirá como grano y paja del resto. Es una suerte contar con su colaboración, además de la de Silvia Garísoain que los ha manuscrito todos ellos en la impresión final para dar un mayor realismo y belleza, y de tantas otras colaboradoras que me han ayudado como lectoras cero, correctoras y las cinco chicas que ocupan la portada que plasmó con gran sensibilidad mi amigo David Moreno.

P.- ¿Qué papel desempeña la memoria en una persona?

R.- La memoria es la esencia de la persona. Sin ella no hay nada; no hay aprendizaje, no hay identidad, no hay deuda, ni nostalgia, ni agradecimiento, pero como no puede ser de otra forma también tiene su lado tenebroso. La memoria trae dolor, arrepentimiento, sustenta nuestros traumas, nuestros miedos, nuestras derrotas y todo aquello que no nos atrevimos o que no debimos hacer. La memoria es la esencia de la réplica en la evolución, de la prueba y error empíricas y por tanto del conocimiento, por eso es tan importante a nivel individual como colectivo.

He elegido con deliberada intención el título de La memoria de las sirenas haciendo alusión a estas dos perspectivas. Por una parte, alude a cómo la memoria de un acontecimiento traumático marca y condiciona la existencia de José Rojo (protagonista de la historia), y por otra, reprocha el olvido de todo un país de un acto tan atroz como el que nos recuerda esta novela.

Si no recordamos tanto individualmente como de forma colectiva no podemos aprender de nuestros errores.

P.- Para usted ¿qué es lo más interesante de la historia narrada?

R.- Me gusta especialmente la parte en que madre e hija sostienen un diálogo acerca de José Rojo y de sus propias vidas. La narración en presente me ha permitido estar muy cerca de ellas. También me parece interesante cómo la parte fantástica de esta, ha encajado a la perfección en un contexto de absoluta seriedad y, para mi sorpresa, ha dulcificado el final. Aunque he de admitir que como escritor me es muy difícil ver y disfrutar de la historia narrada como lo hacen los lectores que me transmiten sus impresiones, ya que son tantas las veces que repaso el texto hasta que la obra queda terminada y se publica, que mi capacidad de observarla desde la distancia casi desaparece.

P.- Venda su libro ¿por qué hay que leer «La memoria de las sirenas»?

R.- Soy muy mal vendedor. No me siento cómodo diciendo lo buenas entretenidas y trepidantes que son mis novelas, pero… voy a ver si me sale algo digno en este caso:

Solo diré que me he esforzado en cuidar lo que digo, como lo digo y sobre todo lo que quiero decir. Soy consciente de que el lector quiere disfrutar, que la historia tire de él, que las palabras y frases sean claras pero que no desdeñen la belleza y por supuesto, que, una vez llegado el final, se sienta un poco emocionado, un poco triste y un poco más sabio. Si lo he conseguido es algo que yo no me atrevo a decir.

P.- Sus planes a corto y medio plazo ¿son?

R.- A corto, a medio y a largo seguir escribiendo por supuesto. Tengo un par de novelas terminadas sin publicar, otra en periodo de corrección y la última en construcción. He tocado la autobiografía, la ciencia ficción y he regresado a la novela negra. Ahora estoy intentando dar alguna pincelada de humor entre crímenes… Como decía al principio de esta entrevista, para mí, escribir es un oficio en el que partes siendo aprendiz y con mucho trabajo y suerte tal vez llegues a aproximarte a la órbita de la maestría. Es difícil saber en qué punto de ese largo trayecto se encuentra uno, pero desde luego me siento muy lejos de su conclusión.  

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