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UNA  ALGAMECA QUE NO TIENE NADA DE CHICA

LA VENTANA DE EVA: “UNA  ALGAMECA QUE NO TIENE NADA DE CHICA”

                                                           

 

Cuando escuchas hablar a una toledana pizpireta , que los mejores recuerdos que tiene desde que llegó a Cartagena a los treinta y ocho años de edad, hace ya de esto la friolera cantidad de sesenta y dos, son los momentos pasados en la ALGAMECA CHICA, a orillas del mar, con su merienda en familia…..

Cuando esa buena mujer, con ojos pícaros, con algo más de nueve décadas a su espalda insiste que cuando se marche para siempre, quiere descansar en ese pintoresco lugar….

Y cuando esa entrañable persona, luchadora, trabajadora, querida y adorada por nosotros, su familia, por vecinos y amigos es tu abuela, no tienes más remedio que hacer sus deseos realidad.

Así que desde entonces, cuando el corazón me llama, me acerco a ese pedacito de colores con vistas al mar.

 

Recuerdo la primera vez que asomé la cabeza a lo que la gente llama “LA PEQUEÑA SHANGAI”. Entre emoción y algo de incertidumbre debo ser sincera que fue como entré a aquel pintoresco lugar, a ese bonito poblado marinero con más de doscientos años de inacabables historias, levantado sobre terreno militar y donde nadie tiene sobre sus casas más propiedad que lo bello de vivir en paz y libertad, en su espacio trabajado con sus propias manos y que han convertido en su hogar, para deleite, admiración y disfrute de todos los que nos asomamos por allí.

Pero  como digo, esa fue la primera vez, porque después ha habido muchas.

Porque sólo al entrar y leer esos “avisos” a modo de cartel en los árboles dice mucho de las personas que habitan aquí.

”SALVAJE NO ES QUIEN VIVE EN LA NATURALEZA, SALVAJE ES QUIEN LA DESTRUYE”

Y esta mañana no ha sido diferente. Un buenos días justo a la entrada ya te llega con calorcito debienvenida. Personas pintando sus fachadas, mujeres tendiendo la ropa, gatos que se cruzan por el estrecho camino de colores alegres y una tela de araña medio terminar porque aquí no hay prisas.

 

Pero hoy no es como otras veces, porque hoy quiero saber más, hoy quiero escucharlos, hoy quiero ser partícipe de sus historias. Por eso camino despacito, observando e imaginando, cuando en la puerta de una de esas llamativas casitas que parecen improvisadas veo el cartel de venta de Bebidas.

Asomo la cabeza y escucho un saludo, un saludo afable, de esta es tu casa y estamos aquí para recibirte.

El amor es impredecible, porque esa pareja que parecen noche y día rebosan complicidad por todos los poros de LA ALGAMECA.

Él, un madrileño que reconoce que ese idílico entorno le trae a veces más paz de la que necesita, ella una amante de la pesca de pulpos, residente en Mazarrón encuentra en este lugar la plenitud.

No son residentes, pero se escapan cada fin de semana y vacaciones a ese paraíso.

Una cama con vistas al mar es el sueño de muchos  y ellos lo tienen.

De repente esa Mazarronera alegre desaparece y aparece en un abrir y cerrar de ojos, con sus botas de agua y varios pulpos que ya imagino su olordespués de asarlos, con un buen vino y unas preciosas vistas a la batería militar de Fajardo.

Se desviste sin tapujos y se desprende con la mayor naturalidad de su pierna ortopédica , que ante mi cara de asombro difícil de disimular, se adelanta con risas a decir “heridas de guerra”.

Y es el  momento de continuar el camino, de disfrutar, de abstraerme, porque la naturaleza y la gente luchadora, ha hecho de este un lugar único del que no me quiero perder detalle.

Viven tranquilos, este es su sitio, su hogar que en alguna que otra ocasión han sentido la amenaza de perderlo. Pero  si en algo coinciden este puñadito de familias que me abren sus puertas, es que seguirán aquí para siempre.

De sus ventanas emanan toneladas de luz, luz brillante que se refleja en el mar, luz que no tienen la suerte de acceder a ella con un simple clik como nosotros. La suya es luz de vida auténtica.

Y al fondo, pegaditos donde las olas rompen cuando el día se pone bravo, escucho esa música con aire gitano, esa que te despierta el alma, esa que te entran ganas de quitarte los zapatos y unirte a ellos al son de las palmas. Mi  atrevimiento no llega a tanto, aunque con las ganas me quedo y un saludo es suficiente para que se vengan arriba y entonen para deleite de mis oídos.

Me alejo con una sonrisa y el ritmillo enchufado en vena.

Es todo tan especial, escaleras de neumáticos te guían hasta el embarcadero, un puente que tanto ha sufrido te invita a pasar al otro lado, callejuelas con depósitos de agua parecen que llegaron allí para decorar, terrazas sobre el mar para la cerveza en verano, maceteros de colores, cortinas con tapones de botellas recicladas , jóvenes practicando paddlesurf, una señora recogiendo conchas con una indumentaria que nada desmerece al entorno y ,un precioso mirador al infinito que nos lanza un grito de esperanza.

Y ahora sí, algo tira de mí y tranquila me dejo caer sobre esa pequeña roca y rozo con mis dedos el agua. Respiro y te imagino, escucho tu voz aguda a orillas de la playa, con esos bañadores que os echaban encima tres décadas más de lo que teníais,

¡Qué curioso, qué sorpresa al escucharte aquel día en una conversación inesperada envuelta en risas! No dijiste el Puerto de Cartagena, ni la Alameda de San Antón, ni Torrijos, el pueblo toledano que te vio nacer ..LA ALGAMECA CHICA.

¡Ya lo decías a menudo abuela! ,yo no soy una vieja, soy una mujer de hoy en día”.

Y hoy todo el que me lea te imaginará así, una mujer de hoy en día, porque así eras y aquí descansas y porque para va dedicado hoy mi segundo y humilde artículo.

                               

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Un comentario

  1. Yo quiero que algún día alguno de mis nietos me dedica unas palabras tan “BONICAS”, y entiendo que ella quisiera estar allí porque es un lugar mágico.

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