Montanaro. LA EPÍSTOLA SEGÚN SANTA BEGOÑA, DEL MILAGRO PERMANENTE
LA EPÍSTOLA SEGÚN SANTA BEGOÑA, DEL MILAGRO PERMANENTE
Hay países donde los gobiernos gobiernan, otros donde administran y algunos, los más desafortunados como España, donde simplemente sobreviven. España, en los últimos años, parece haber inaugurado una categoría superior y más sofisticada, el arte barroco de la permanencia, solo permanecer y chupar o, resistir como filosofía política, como doctrina de Estado y casi como disciplina olímpica, además con manual de calidad publicado. Si existe un campeón mundial en esa modalidad, ese es Pedro Sánchez, sin duda.
Conviene reconocerle el mérito, hay hombres que pasan a la historia por sus victorias militares, otros por sus descubrimientos científicos, incluso algunos por sus revoluciones, ese era el paradigma de los españoles, el valor, la honradez, la lealtad a España y el sacrificio. Pedro Sánchez pasará a los anales por una capacidad casi sobrenatural para seguir sentado donde está, como espectador mientras todo a su alrededor se incendia con la alegría de una falla valenciana. Uno contempla el panorama nacional y llega inevitablemente a una pregunta que crece como una humedad en una pared abandonada, ¿cómo es posible? ¿Cómo puede un presidente seguir avanzando entre investigaciones, escándalos, contradicciones, socios imposibles, promesas recicladas y una hemeroteca que lo persigue con el entusiasmo de un cobrador de deudas? Y encima festinando más de tres millones de votos apócrifos para su permanencia espuria e ilegal.
Es entonces cuando aparece Ella. No como persona, tampoco como protagonista oficial ni como figura institucional, sino como personaje literario, como un símbolo, como la gran alegoría del poder invisible. La “Santa Begoña del Milagro Permanente”, la patrona de las explicaciones imposibles, la virgen de los argumentarios agotados, la protectora celestial de las casualidades administrativas. La política española ha alcanzado tal nivel de surrealismo que Valle-Inclán habría abandonado los espejos deformantes del Callejón del Gato para instalar directamente una oficina permanente en La Moncloa o en la “moncloaca”. Allí encontraría un material tan exuberante que el esperpento ya no sería un género literario sino una simple transcripción de la realidad.
Vivimos tiempos extraordinarios. El partido que llegó prometiendo regeneración democrática parece pasar más tiempo explicando titulares que impulsando reformas, además de guardar mucha mierda en el sótano de Ferraz. Daría para otra novela mía como “el sótano y las sombras”. Así, el movimiento que venía a limpiar la vida pública se encuentra atrapado en una continua batalla contra su propia hemeroteca, pero atrapado por la mierda. Los mismos que exigían dimisiones fulminantes ante la menor sospecha descubren ahora las infinitas virtudes de la prudencia jurídica, la presunción de inocencia y los tiempos procesales, su evolución resulta fascinante.
Darwin habría necesitado menos páginas para explicar el origen de las especies porque si algo caracteriza al sanchismo es su extraordinaria capacidad de mutación, allí nada permanece, nada es fijo y, sobre todo, nada es definitivo. Los principios y los valores cambian de forma con la misma facilidad que un camaleón atraviesa una caja de lápices de colores. Para Sánchez y Begoña, lo que ayer era intolerable hoy es contextualizable. Lo que ayer era corrupción hoy es persecución. Lo que ayer exigía dimisiones hoy requiere serenidad institucional y lo que ayer era una línea roja hoy es un pacto histórico por la convivencia. Han conseguido un prodigio evolutivo, una maravilla casi biológica, lo que es un fenómeno digno de estudio en las facultades de ciencias políticas y zoología avanzada.
Mientras, el ciudadano o nuevo tonto contemporáneo para esta mafia, contempla el espectáculo desde la grada con una mezcla de incredulidad y agotamiento, donde el precio de la vivienda se convierte en una broma cruel, llegar a fin de mes requiere una combinación de ingeniería financiera y fe religiosa y la red que mantiene este país de Pymes y autónomos sobreviven realizando ejercicios de contorsionismo fiscal que harían llorar de emoción a un artista del Circo del Sol, frente a todo ello, el Gobierno responde con vídeos cuidadosamente editados, campañas emocionales y discursos que parecen redactados por una inteligencia artificial especializada en autoelogios y con su aparato de propaganda del régimen estabilizado en medios públicos al servicio de Moncloa y Ferraz, con periodistas de dudosa profesionalidad lanzando mierda al ventilador para exculpar a los nuevos Kirchner…
Pero, incluso los mejores departamentos de comunicación tienen un enemigo invencible que es la cruel realidad. La realidad es una criatura desagradable que no entiende de argumentarios ni respeta las campañas demagogas. La realidad no atiende a los asesores, simplemente aparece y cuando es de la mano de jueces honrados y la salvaguarda de los españoles que, no es otra que la Guardia Civil, es inviolable, además, aparece armada con cifras, problemas y preguntas incómodas, con argumentos y datos veraces, con evidencias y sentencias más que sospechas, a pesar de la fascinante transformación del poder en una especie de representación teatral permanente. España parece gobernada por una compañía de actores obligada a representar la misma obra durante años, eso sí, cambian los decorados, los actores secundarios entran y salen, además los villanos oficiales se renuevan periódicamente, pero el argumento permanece inalterable.
Siempre existe una conspiración, siempre hay un enemigo, siempre hay una excusa y siempre aparece una razón superior que justifica cualquier contradicción, y en medio del escenario, Pedro. PEDROOOOO…, Pedro el resistente, el incombustible, el hombre que nunca tiene la culpa de nada y es el Salvador o nuevo Mesías. Un personaje tan extraordinario que cuando las circunstancias lo acorralan consigue transformar cualquier problema en una agresión contra sí mismo, goza de una habilidad que merecería reconocimiento académico. Tal que, la universidad debería estudiarla, los psicólogos analizarla y los magos profesionales copiarla. Convertir cada crisis propia en culpa ajena exige un talento excepcional, como en casa que, tu mujer te atribuye cosas que ni han pasado y tu asientes.
Sin embargo, incluso las leyendas necesitan una explicación, es ahí donde la imaginación popular, o mi populista imaginación ha construido la figura de Santa Begoña. La gran consejera invisible, como aquella Drusila esposa de Augusto, Catalina de Medici. Roxelana, esposa de Solimán o Jiang Qing también llamada Madame Mao… La estratega espectral, la musa del aguante institucional, es la presencia que en esta sátira nacional aparece siempre cuando los acontecimientos amenazan con imponerse a la narrativa.
La escena sería digna de Goya después de una noche especialmente complicada llena de dispendios y libertinajes donde Moncloa tiembla, las encuestas inquietan y la oposición aprieta, así los titulares se acumulan y la realidad llama a la puerta, “ring my bell” que diría Anita Ward. Pedro contempla el horizonte con la serenidad de quien descubre que el examen era hoy y además en otro edificio, resiste Pedro, y Pedro resiste. Niega Pedro, y Pedro niega. Acusa Pedro, y Pedro acusa. Victimízate Pedro, y Pedro se victimiza. Gana tiempo Pedro, y Pedro gana tiempo. El tiempo se ha convertido en el auténtico ministerio del sanchismo. No existe cartera más importante ni política más decisiva, no hay presupuesto más valioso ya que todo gira alrededor del mismo objetivo, llegar a mañana, luego a pasado mañana, después a la semana siguiente, más tarde al próximo trimestre, y finalmente a las siguientes elecciones, pero…, con dos millones y medio de españoles de adopción impuesta alejados de la piel de toro, y más de medio millón de ilegales adecentados para las urnas, ojo que suman mas ciudadanos que en mucha provincias españolas y representan el desprecio de Pedro a los que viven, trabajan y sufrimos a esta caterva de delincuentes sociatas en España, a la sazón, ahí aparecen los 11 puntos de diferencia de Tezanos y su PSOE, ¿espurio o maquiavélico? Una filosofía simple, casi zen. El arte de permanecer inmóvil mientras los acontecimientos se cansan antes que tú.
La estrategia tiene algo de admirable y desesperante, pero sobre todo posee una belleza barroca, porque el sanchismo es profundamente barroco, le encantan los adornos, las explicaciones recargadas y las narrativas complejas, las filigranas retóricas y los grandes relatos morales. Todo está cubierto por una ornamentación verbal tan exuberante que a veces resulta difícil encontrar la realidad debajo, como esos altares barrocos donde uno tarda diez minutos en localizar al santo entre tanto ángel, nube, columna y pan de oro.
España contempla así un inmenso retablo político, propio de Berruguete o el mismo Greco, los ministros actúan como sacerdotes de una religión administrativa, laica y heterodoxa, los portavoces interpretan evangelios diarios pero apócrifos y los asesores funcionan como monjes copistas del argumentario oficial, los B'omarr de Star Wars, una orden religiosa extrema y ascética que se extirpaba el cerebro. Creíamos que la hemeroteca podría ser el depredador natural del político moderno, pero la indecencia no tiene límites y es como si fueran espectadores y no los protagonistas. Allí está Pedro, observando cómo las palabras pronunciadas contra sus adversarios regresan ahora convertidas en proyectiles de precisión y las esquiva.
Cuando los futuros historiadores intenten explicar estos años, probablemente no hablarán de grandes reformas ni de transformaciones memorables, hablarán de resistencia, de supervivencia y de relato, de una singular leyenda contemporánea sobre una corte política donde un presidente resistía cualquier tormenta mientras una figura convertida por la sátira popular en mito literario parecía susurrar desde las sombras el único mandamiento verdaderamente sagrado del régimen de la permanencia, Resistir. En el reino de la supervivencia perpetua, resistir dejó de ser un medio hace mucho tiempo para convertirse en el fin, y también en el programa.
La ley no ofrece salidas de emergencia para la traición institucional. Si alguien alberga todavía dudas sobre la dimensión del problema, basta observar cómo el cerco judicial ya no se limita a colaboradores secundarios ni a figuras periféricas del sanchismo. La investigación ha ido aproximándose progresivamente al núcleo más íntimo del poder, hasta alcanzar a quienes durante años formaron parte del blindaje personal, político y familiar del presidente. Cuando los procedimientos alcanzan a ministros, asesores, altos cargos y al entorno conyugal de la denominada irónicamente "santa Begoña", la cuestión deja de ser una simple controversia partidista para convertirse en un problema de credibilidad institucional. No se trata ya de una suma de coincidencias desafortunadas, sino de la percepción creciente de que el poder ha convivido demasiado tiempo con sombras que la Justicia se dispone a iluminar.
Andrés Hernández Martínez