Rincón Literario de paco Marín: "Perder el equilibrio"

Perder el equilibrio
Perder el equilibrio
Rincón Literario de paco Marín: "Perder el equilibrio"

TÍTULO:     Perder el equilibrio

AUTOR:      Miguel Á. González

EDITA:       Grijalbo (2024, enero)

Encuadernación: Rústica con solapas. Tamaño: 15 x 23 cm. Número de páginas: 352. PVP: 19,85 €. ISBN: 978-84-253-6666-6

Muy interesante la narración: narración a dos tiempos “hoy” y “ayer”. Crónica no lineal sino con meandros y ángulos muy potentes. Hay momentos relajados, pero, dentro de una historia muy tensa que nos hace sentir mal e incómodos por momentos.

¿Es bueno dejarse llevar por el odio y/o la sed de venganza?

Otra pregunta: ¿Por qué alguien que le falta una pierna se instala en un tercer piso de un edificio sin ascensor?

Camino inquietante, unas veces relajado y otras agobiado, hasta desembocar en un impresionante final. Un memorable cierre, producto de una despechada venganza.

Pasen y lean una historia muy difícil de dejar.

«Jonás ya no se llama Jonás. Es un hombre oscuro y enigmático. Y le falta una pierna. Esto último podría ser un detalle sin importancia, pero en realidad la tiene. Al igual que también es relevante esa obsesión que le despierta su nuevo vecino.

El pasado de Jonás es un misterio que él guarda celosamente, algo que preferiría enterrar en las sombras de la memoria. Pero no puede hacerlo.

Jonás es de ese tipo de personas que nunca olvidan, ni tampoco perdonan».

Miguel Á. González (Madrid, 1982) es novelista y dramaturgo, facetas con las que ha obtenido multitud de galardones y el aplauso de la crítica. Compagina esta labor con colaboraciones periodísticas en medios digitales e impresos y con la coordinación de talleres de creación literaria y clubes de lectura.

En 2016 publicó “Todos los miedos”, editada por Siruela y ganadora de la 65ª edición del Premio Café Gijón. Más tarde escribió “Cariño” (Alianza Editorial, 2018), que fue elegida como una de las diez mejores novelas del año por la revista ‘Forbes’“Un nublao de tiniebla y pedernal” (2021), con la que obtuvo el Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa, y “Dios no está con nosotros porque odia a los idiotas”, un thriller publicado por la editorial Menoscuarto. En 2022 vio la luz “Prolepsis”, editada por Alrevés y galardonada con el 25º Premio Ciudad de Badajoz de Novela.

Como dramaturgo, también ha sido reconocido con el Premio Fray Luis de León, el Premio Max Aub y el Premio Born y sus obras se han representado en diferentes salas de España, Argentina, México y Estados Unidos.

Con su nuevo libro “Perder el equilibrio” se afianza como una de las plumas con más talento del panorama de la novela negra en nuestro país.

Mi más sincera felicitación, antes de charlar con Miguel Ángel González… Gracias…

P.- Por favor presente a Miguel Ángel González.

R.- Me llamo Miguel Á. González. Soy escritor y dramaturgo.

Acabo de publicar “Perder el equilibrio”, una historia de odio y venganza editada por Grijalbo.

P.- ¿Cuándo, cómo y por qué nace "Perder el equilibrio"?

R.- El libro nace del deseo de contar la historia de una persona normal que se deja llevar por ese monstruo que todos tenemos dentro. Quería saber hasta dónde podía llegar un personaje común en su descenso a los infiernos. Y bajo esa premisa comencé a desarrollar la trama.

P.- ¿Todo es imaginación o hay documentación?

R.- Hay un equilibrio entre ambos caminos. La historia principal es una historia de ficción, nada de lo que se cuenta o ninguno de los personajes que aparecen son reales. Pero hay una parte importante que tiene una base real. Por ejemplo, la casa en la que vive Jonás (protagonista de la novela) está inspirada en una casa en la que yo viví durante un año. Era un apartamento muy pequeño en una vieja corrala, y he intentado transmitir la sensación que me producía ese espacio.

También la novela transcurre entre Madrid, Galicia y México, porque son tres localizaciones que conozco mucho y sobre las que podía escribir con comodidad.

Finalmente, en la novela aparecen datos médicos muy concretos (para la amputación de la pierna de Jonás) para los que recibí asesoramiento de profesionales.

P.- Novela muy circular ¿se la planteó así desde un principio?

R.- El inicio y el final eran de lo poco que tenía claro desde el principio, así que diría que esa sensación de círculo que se cierra es muy premeditada. En la parte central sí que me permití una cierta improvisación, aunque siempre sabiendo el destino al que debían llegar los personajes.

P.- ¿Ha perdido usted, en algún momento, el equilibrio?

R.- Me paso la vida intentando encontrar el equilibrio. Yo me gano la vida escribiendo, lo que significa que siempre estoy acompañado de una cierta inestabilidad. Cuando no tienes un horario concreto, por ejemplo, no es sencillo encontrar un equilibrio entre la vida personal y la profesional. Dedico mucho tiempo a equilibrarme a mí mismo. Y aunque creo que nunca lo he perdido, sí que soy consciente de la importancia que tiene, supongo que por eso escribo sobre ello.

P.- Cuando alguien pierde el equilibrio ¿puede volver a recuperarlo?

R.- Diría que sí, aunque hay un punto de no retorno. Si eres consciente de ese desequilibrio e intentas reconducir la situación, no creo que sea imposible hacerlo. Pero si te dejas llevar, seguramente llegues a un lugar extraño y ya no puedas regresar.

P.- ¿Qué es más poderoso: el amor o el odio?

R.- Son dos sentimientos muy potentes. Y ambos te hacen perder el equilibrio. Decía Agatha Christie que cuando quería que uno de sus personajes cometiera un error, hacía que se enamorara. Me encanta esa anécdota para explicar la pérdida de equilibrio que produce el amor. Pero si tuviera que elegir uno, creo que el odio es más poderoso.

P.- ¿En qué se ha basado a la hora de elegir los nombres de los personajes?

R.- El proceso de asignarle un nombre a cada personaje es laborioso para mí. En cada nombre hay también mucha información. Por eso Jonás, cuando se lo cambia, se decanta por Ismael. Dos nombres que, de forma muy diferente, estuvieron cerca de una ballena. También que el primer antagonista que aparece en el texto se llame Fausto es algo muy simbólico. Intento que cada nombre defina a su personaje.

P.- Una vez que deja caminar a Jonás entre el público ¿Qué sensación le queda?

R.- Jonás es el personaje más complejo que he creado nunca. Han sido muchos meses de trabajo dándole forma. Y ahora mismo lo que siento es una satisfacción al ver la reacción de los lectores. Las críticas suelen hablar del buen trabajo de creación de personajes que tiene la novela y eso me pone muy contento.

P.- ¿Cuáles son sus géneros y autores favoritos?

R.- No soy un autor muy de géneros. Leo los libros que me interesan y los autores que más me gustan sin pararme a pensar mucho en el género en el que escriben.

Pero si tuviera que citar algunos de mis favoritos, empezaría por los cuentos de Felisberto Hernández. También los relatos de Flannery O'Connor son magníficos. Coetzee o Richard Ford me encantan como novelistas, por ejemplo. Y Gay Talese o Joan Didion como autores no ficcionales me parecen estupendos.

P.- A su juicio, ¿qué género exige más atención a la hora de redactar una historia?

R.- Como autor diría que el género negro, porque requiere de un trabajo previo de documentación importante, y después, durante la escritura, hay que estar pendiente de cada cabo suelto que pueda quedar. Es muy exigente literariamente hacer buena novela negra.

P.- Como lector, prefiere ¿libro electrónico, papel o audio libro?

R.- El papel sin lugar a dudas. Nunca he leído en otro formato. Solo leo libros en papel.

P.- ¿Qué está leyendo ahora mismo? Recomiende, por favor, un par de títulos.

R.- Mis últimas lecturas ya terminadas han sido “La uruguaya”, de Pedro Mairal, que me ha parecido un texto soberbio. El poemario “Servicio de lavandería”, de Begoña M. Rueda. Y la colección de cuentos “La habitación de Nona”, de Cristina Fernández Cubas, que contiene relatos increíbles.

Y ahora estoy leyendo un libro no ficcional de Íñigo Domínguez que se llama “Paletos salvajes” y la novela “Los trabajos del reino”, de Yuri Herrera.

P.- ¿Qué manías tiene a la hora de escribir?

R.- No soy demasiado maniático. Puedo escribir en cualquier sitio y no tengo horarios o rutinas establecidas. Pero tengo alguna peculiaridad, por ejemplo, escribo siempre a mano y con lápiz. Me gusta mucho esa sensación artesanal de “fabricar” lo que uno escribe. Y también ver que los lápices se van haciendo cada vez más pequeños según crece mi historia.

P.- ¿Qué opinión le merece los festivales de novela negra?

R.- Como autor que llega nuevo al género, creo que son experiencias extraordinarias. Lo son para los autores, porque nos ofrecen la posibilidad de relacionarnos, de conocernos entre nosotros, de hablar directamente con nuestros lectores… y también para ellos, claro. Los festivales de género negro son una fiesta dirigida a los lectores.

Lo que más me gusta es ver la buena salud que tiene el género y lo mucho que le interesa a la gente.

P.- Relate alguna curiosidad literaria personal que le haya ocurrido y no ha desvelado hasta ahora...si la hubiere.

R.- Me han ocurrido muchas, pero seguro que todas las he desvelado en algún momento. Soy muy malo guardando secretos.

Por citar una anécdota muy curiosa, hará como unos cuatro o cinco años me invitaron al Palacio Real para asistir a la comida en la que se anuncia al ganador del Premio Cervantes y en un determinado momento la Reina Letizia me entregó su teléfono móvil para que le tomase una fotografía junto al cantante Marwan.

P.- Venda su libro ¿Por qué hay que leer "Perder el equilibrio"?

R.- Porque es muy divertido ver a otra persona descendiendo al infierno y haciendo todas esas cosas horribles que nosotros nunca haremos.

P.- Sus planes a corto y medio plazo ¿son?

R.- He comenzado a escribir mi próxima novela, y si todo sigue su curso me gustaría tener el primer borrador terminado en otoño. Por lo que confío en que a lo largo de 2025 pueda salir a la venta.

Y en octubre se estrena la última obra de teatro que he escrito, se llama “Y que nunca he llorado” y estaremos haciendo gira con ella durante varios meses.