La Cartagena que puede ser

Daniel Collado
Daniel Collado

La Cartagena que puede ser

Hay una pregunta que cada vez más cartageneros se hacen cuando pasean por nuestra ciudad: ¿qué ha cambiado realmente en los últimos años?

La respuesta es incómoda. Porque más allá de titulares, campañas publicitarias, eventos y fotografías institucionales, Cartagena sigue arrastrando muchos de los mismos problemas que tenía hace dos décadas. Y algunos son incluso peores.

Años después, Cartagena continúa sin un tren digno del siglo XXI. Años después, seguimos viendo cómo las grandes inversiones estratégicas terminan mirando hacia Murcia mientras aquí nos conformamos con anuncios, promesas y estudios previos. Años después, nuestros barrios siguen esperando mejoras básicas, nuestras diputaciones continúan sintiéndose olvidadas y nuestro litoral sigue lejos de recibir la atención permanente que merece.

La realidad es que Cartagena lleva demasiado tiempo gobernada desde otros lugares..

Mientras otras ciudades pelean por crecer, aquí parece haberse asumido que nuestro papel es agachar la cabeza. Esperar a que Murcia decida. Esperar a que Murcia autorice. Esperar a que Murcia considere que ya nos toca.

El problema es el centralismo murciano, no sus habitantes. Un modelo político que concentra instituciones, inversiones, organismos públicos y capacidad de decisión en torno a la capital regional mientras Cartagena observa cómo se le escapan oportunidades una detrás de otra.

Y lo más preocupante es que quienes deberían defender los intereses de Cartagena parecen aceptar esta situación.

Cada vez que un proyecto estratégico se ralentiza, silencio.Cada vez que una infraestructura se retrasa, paciencia.Cada vez que Cartagena pierde peso político, se inventan una fiesta y fin. Como si fuera normal.

Como si una ciudad que aporta industria, turismo, patrimonio, actividad portuaria y riqueza regional tuviera que conformarse siempre con menos de lo que merece.

Mientras tanto, los problemas reales siguen creciendo.

Los jóvenes tienen cada vez más dificultades para encontrar una vivienda. Da pena recorrer Cartagena y encontrar solares vacíos por todas partes, parcelas abandonadas durante años, espacios degradados convertidos en vertederos improvisados y refugio para plagas, mientras cientos de familias no pueden acceder a una vivienda asequible.

Tenemos suelo. Tenemos necesidad. Pero seguimos sin soluciones.

Tampoco tenemos una estrategia clara para generar oportunidades para nuestros jóvenes. Muchos estudian aquí para acabar marchándose fuera. Otros ni siquiera encuentran alternativas de ocio, cultura o desarrollo profesional adaptadas a sus necesidades. Cartagena parece haberse convertido en una ciudad diseñada para sobrevivir, no para retener talento.

El comercio local tampoco atraviesa su mejor momento. Se habla mucho de apoyarlo, pero la realidad es que miles de pequeños comerciantes sienten que las administraciones solo se acuerdan de ellos durante campañas concretas o durante alguna feria anual. El comercio de proximidad necesita promoción constante, incentivos reales y una estrategia de ciudad. No una fotografía una vez al año.

Y después están nuestros pueblos.

Porque Cartagena no termina en la última calle del centro histórico.

Cartagena también es La Aljorra, Pozo Estrecho, El Algar, La Puebla, La Palma, Los Belones, Perín, Tallante y decenas de núcleos que demasiadas veces aparecen en los discursos institucionales mucho más de lo que aparecen en las decisiones reales.

Quien recorra muchas de nuestras diputaciones encontrará infraestructuras envejecidas, servicios insuficientes y una sensación permanente de abandono.

Lo mismo ocurre en numerosos barrios que observan cómo gran parte de las inversiones terminan concentrándose siempre en los mismos lugares.

Y esa es quizás la gran crítica a estos años.

No es que Cartagena haya retrocedido. Es que Cartagena no ha avanzado al ritmo que podía hacerlo. Porque potencial tiene de sobra. Tenemos uno de los mayores patrimonios históricos del Mediterráneo. Tenemos puerto.Tenemos industria. Tenemos la Universidad Politécnica.Tenemos turismo. Tenemos talento. Tenemos ubicación estratégica. Lo tenemos casi todo.

Lo único que parece faltar es ambición política. Ambición para exigir un tren, el cual no tenemos. El cual no se exige. Indigna que el Cartagenero tenga que ir a Murcia para coger el tren. Una ciudad que se suele conocer por ser una ciudad de funcionarios, una ciudad militar y una ciudad donde gente de toda España tiene su segunda vivienda. Y esa gente y sus familias ven como año tras año les parece una odisea llegar. Somos una isla incomunicada por tierra y por aire. Y eso, sinceramente, es una auténtica vergüenza.

Ambición para reclamar inversiones justas. Ambición para desarrollar vivienda. Ambición para revitalizar los barrios.Ambición para impulsar los pueblos. Ambición para plantar cara al centralismo regional cuando sea necesario.

Porque la Cartagena que puede ser no es una fantasía. Es una ciudad limpia. Es una ciudad conectada. Es una ciudad donde los jóvenes encuentran oportunidades. Esuna ciudad donde abrir un negocio resulta sencillo. Es una ciudad donde las diputaciones importan tanto como el centro. Es una ciudad donde las inversiones llegan a todos los rincones. Es una ciudad que lidera en lugar de esperar.

Y, sobre todo, es una ciudad que vuelve a creer en sí misma.

Porque Cartagena nunca ha carecido de recursos. Nunca ha carecido de historia. Nunca ha carecido de capacidad.

Lo que ha faltado durante demasiado tiempo es alguien dispuesto a defenderla con la misma pasión con la que los cartageneros la sienten cada día.

Y quizás haya llegado el momento de exigir mucho más que fiestas, luces y fotografías.

Quizás haya llegado el momento de exigir futuro. Y sinceramente, no me parece justo que mi ciudad sea recordada por el Rock Imperium.

Daniel Collado 

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