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“Bienvenido Mister Marshall y el Pulga y el Linterna”, Ramón Galindo

Y con esto poco a poco hoy se nos acaba esta lluviosa primavera, y a la Ministra Vicepresidenta tercera del gobierno y comunista, Yolanda Díaz, muy mona ella con su traje-pantalón blanco estilo Cristina Cifuentes <<se le nota mucho que ha cambiado de peluquería y de estilista, dentro de nada le cae el chaletako o el pisako con vistas al Retiro ¡Si es que no lo tiene ya!>> le deben haber caducado los masters como si fueran yogures, un pack completo. Pero seguro que no dimite a no ser que la pillen robando un par de cremas baratas en el centro comercial, aunque falta le hacen.
(Por estos comentarios me voy a echar encima a las chicas de las tetas pintarrajeadas ¡Ya veréis!)

Pero esto no ensombrece la tan tan renombrada ¡CUMBRE BILATERAL! De la que antes de la misma, la conversación más corta que existía entre dos personas era cuando uno iba a un water público y la puerta no tenía pestillo, y de repente en plena faena algún despistado intentaba entrar, mientras el de dentro empujando con el pie exclamaba: ¡EHHHH!!! A lo que el apresurado y despistado pretendiente a aliviarse respondía: ¡Ahh!

Algo así nos hicieron hacer creer con lo de las dos horas de Delcy y sus abultadas maletas en la zona VIP de Barajas con Ávalos hablando de sus cositas. Esta reunión se calificó por fuentes oficiales como “un breve e inesperado saludo” que seguramente, y como en el guión de la película “el brazo tonto de la ley” donde Santiago Segura interpreta magistralmente al inspector José Luis Torrente, era una payasada. Pues aquí el ministro, también José Luis y no sé si también por mucha casualidad nacido en Torrente (Valencia) causalmente pasaba por allí.

Usar la palabra payaso para desmerecer a alguien, puede tener dos afecciones, la de insultar al payaso ante el agravio comparativo, o incluso ensalzar la personalidad del mismo que como humorista eleva su fama al recordarlo cuando el ejemplo es humorístico, pero corriendo el riesgo de ridiculizase a sí mismo a quien lo emula, como en este caso le pasó a José Luis.

En otro caso, el de la fotografía que tanto trabajo le costaba hacerse al Pesidente de la Generalidad, que con su poco más de metro y medio no quería fotografiarse con Felipe VI, de casi dos reales metros
-cariñosamente apodado por sus compañeros de promoción de la Armada como <<Winston>> (el rubio más largo)-. Por lo que “el Aragonés” (precedido de artículo como es costumbre en catalán) mas bajito que incluso el presidente de Corea del Sur también invitado a la fotografía, daría más la imagen del pequeño de los sacapuntas, dignificando en su recuerdo al humorístico dúo y en especial al desaparecido Juan Rosa, pero no dejando de parecerse, y mucho al Pulga.
(Por este comentario los republicanos pondrán el grito en el cielo).

No pretendo ni mucho menos
“¡VÁLGAMELSEÑOL!”Desmerecer a Ávalos ni a “al Pere”, antes bien, ensalzar al otro José Luis, a Torrente (Santiago Segura) y al Pulga (Juan Rosa) por sus notables éxitos humorísticos.

Y siguiendo con la bilateral y escatológica cumbre -ya que al parecer fue en el reino del Sr. Roca donde se trataron los temas más delicados-.
Pepe Isbert casi tuvo más contacto cinematográfico desde su consistorial balcón con el representante norteamericano del Plan Marshall, el cual, montado en un “haiga” negro con cortinillas traseras y adornado con un ondeante banderín de barras y estrellas ribeteado con dorados flecos, clavado en un mastilillo en el capó del ostentoso automóvil, que pasó a toda prisa por la muy noble, leal y engalanada para la ocasión, Villa de Villar Del Río, casi mas que Sánchez en su paseíllo con Joe.
Mientras el Rey moro se descojona de risa “a” nuestra costa, o mejor dicho “de” nuestra costa.
(Aquí me tacharán de xenofobia o racismo, cuando de toda la vida se se ha dicho así).

Franco paseó a Eisenhower por Madrid en otro lujoso y ostentoso “haiga” descubierto flanqueado con ambos banderines en los costados de su capó, -estos creo que sin ribetes de flecos- entre vítores y aplausos, y si bien es cierto no solo el Caudillo, sino la mayoría de los españoles de por aquellos días no hablaban ni papa de inglés, pues en el bachillerato se estudiaba sólo francés, les bastaron los gestos para comprenderse perfectamente entre ambos viejos generales. Richard Nixon y Gerald Ford también se pasearon por el Paseo de la Castellana con Franco en olor de multitudes el <<haiga descapotable>> Ronald Reagan también fue recibido en el Pardo como Gobernador de California y ya en democracia volvió como Presidente de EE.UU.
(Es posible que por este riguroso e histórico comentario, los diputados de Bildu quieran meterme en la cárcel por enaltecimiento del franquismo, a pan y agua y sin acercamiento ni indulto posible) ¡Que le vamos a hacer!

Aznar cuando con cierto acento texano chapurreaba el spanglish, ya había puesto los pies encima de la mesa del rancho de Bush, antes de volver a hacerlo con Tony Blair en las Azores. (Por este otro comentario incluso me tildarán de odiante).

Zapatero, después de alguna cabezadita en los escaños de las cumbres, de despistarse por las moquetas y su mal gesto de no levantarse al paso de la barrada y estrellada Bandera norteamericana -un auténtico agravio de cara a los Yankees-, solo consiguió una triste y fantasmagórica fotografía suya “ and his family” con Obama, más propia del álbum de Hallowing que de un encuentro entre representantes de gobiernos. (Por este me tacharán de racista o algo así).

Y a Sánchez, en su <<soñada cumbre>> pese a los intentos de su Rasputín, parece ser que no le han dejado ni mear en el urinario contiguo al de Biden, por lo que ha tenido que lanzarse al ruedo en el paseíllo cual espontáneo tipo el Platanito o el Cordobés de los años 60, sin darle tiempo ni a desenrollar el hatillo ni a desplegar la remendada muleta, hasta que una señora del protocolo lo apartó, y suerte tuvo de que los chicos del Servicio Secreto de la <<White House>> no lo detuviesen cual maletilla de antaño, y lo trincaran como la pareja de la Benemérita hacía en las plazas de tercera con aquellos intrépidos pretendientes a toreros. Aunque en este caso “el revolcón” ha sido más humillante que aquellos con el amarilleante y polvoriento albero de los cosos, a veces improvisados de las fiestas de pueblo. (Por este, los animalistas se molestarán mucho, no todos, solo los que no coman carne ni marisco).

Y ante tanto molesto y aludido, como de costumbre a vuestra salud, a la de ellos y en perjuicio de la mía, me voy a fumar el puro de los domingos con única excusa de enviaros un fuerte abrazo a amigos y familiares.

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