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EL ARTE DONDE ROMPEN LAS OLAS

EL ARTE DONDE ROMPEN LAS OLAS

Todos tenemos nuestro sitio, allí donde nuestras alas nos llevan cuando queremos paz, cuando estamos contentos o cuando la tristeza aflora.
Un sitio donde el tiempo se para, respiras, tarareas una canción, gritas bajito tus miedos.
Yo tengo el mío, no lo busqué, él me encontró a mí. Yo no lo elegí; un día estaba allí, buscando respuestas, un camino a tomar y algo me invitó a sentarme.
Desde entonces, cuando las olas rompen con fuerza y me salpican con su espuma sobre las leyendas de “Don Quijote y Sancho Panza “, sonrío con mi mente en blanco.

Porque en el Dique del Faro de Curra hay mucho arte, hay mucha magia, hay un museo flotando en el agua, que descansa sobre bloques de hormigón.
¡Cuántas leyendas con mensajes que se quedan para siempre con nosotros!, ¡Cuántas mentes de genios juntas bañadas por el mar!
Vuelvo cada semana, cuando el silencio todavía se disfruta; me siento delante de Sancho y miro al infinito. Pueden ser minutos, pueden ser horas, pero lo que verdaderamente ocurre es que me inundo de energía que me acompaña hasta el final del día.
Detrás de todo esto, además de un inmenso trabajo y mucho talento, hay una persona merecedora de saber que su dedicación y genialidad hace sonreír a muchos y a mí, me ha ayudado a reencontrarme con mi otra yo que hacía tiempo había perdido.
Alguna que otra vez, recorriendo cada esquina de cada bloque, te he visto con el pincel en mano y, mi extraña y escondida timidez que aparece cuando menos la necesito, me ha hecho observarte a lo lejos.
“¿No has leído la Leyenda junto a Madame Curie?”…Esa extraña voz me empuja, me guía y me ayuda, así que te busco pero no te encuentro, pregunto a los pescadores, amarradores del puerto ydespués de atar mil hilos y desatar cinco nudos consigo llegar a .

“NUNCA DEBES TENER MIEDO DE LO QUE ESTÁS HACIENDO CUANDO ES CORRECTO, HAY QUE PERSEVERAR Y SOBRE TODO TENER CONFIANZA EN UNO MISMO”

Así que hoy, a la hora prevista y con la mochila llena de ilusión y mi cámara de fotos, me presentaba entre los bloques de hormigón para conocer y saber de esa gran persona y artista que es Pedro Conesa,

_ ¡Buenos días Pedro, has elegido el bloque de más difícil acceso para que no me acerque demasiado!– le digo entre risas.
Y como hay que ser sincera ante todo, la habilidad y agilidad para trepar por los bloques enormes de hormigón no es lo mío, siempre he sido un poco torpe y patosa.
Pedro ha sonreído, ha venido hacia mí y aquí ha empezado todo.
-No es un buen día para pintar- me comenta. La humedad inseparable de esta nuestra bonita ciudad, acecha sobre estos bloques deseosos de color.
Así que decidimos dar un paseo y me quedo embelesada escuchando las historias que acompañan a cada una de estas piezas de arte. Y es que esta gran persona, marino mercante jubilado y amante de todo lo que huele a salitre, tiene como primer objetivo disfrutar con lo que hace, sin presiones, sin obligaciones.
Intercala su arte, con sus días relajados en casa esbozando lo que será magia para nuestra vista, con un paseo en bicicleta por Cabo de Palos o con una cerveza con un amigo (siempre que la situación actual lo permita, claro está).
Intercambiamos miradas, porque si hay algo en lo que coincidimos es, como dice una de sus leyendas, “UN DÍA SIN SONREIR ES UN DÍA PERDIDO”, porque para ambos es importante llegar a la noche con algo que sume y además, lo que hacemos principalmente es para nuestro disfrute y si hay personas a las que les llegan nuestros mensajes y ellos también se van a dormir con una bonita sensación, el reto está conseguido.
Todo comienza como me cuenta Pedro, eligiendo un bloque “sin vida”, seguido de un boceto, el trazado, el manchado y por fin una obra de arte acabada.

 

                               

                                       

Buscar el bloque idóneo es labor importante. Idóneo para que esté protegido de ese lebeche que predomina en nuestra ciudad Trimilenaria.
Por eso todos empiezan bajo el “FARO VERDE o FARO DE CURRA” y avanzan hasta donde su hermano rojo, el “FARO DE NAVIDAD” los arropa y protege con su dique, de la fuerza del mar.

Porque como cuenta Pedro, en sus años de marino y en otros tantos que lleva entre estos bloques, la fuerza del mar provoca daños irreparables. A veces creo que esa bravura con la que el mar rompe contra los bloques, partiéndolos e incluso desplazándolos,es un grito de auxilio que nos avisa y nos manda una gran reprimenda por lo poco cuidadosos que somos con el medio en el que vivimos. El planeta llora y se indigna, envía avisos a los que hacemos oídos sordos.

Pedro inició su andadura por este dique de la Curra en el año 2016, con todas sus creaciones originales llegadas de su inspiración y la admiración y estudio sobre personajes y eminencias como Isaac Peral, Don Quijote y Sancho Panza, Groucho Marx,  Cervantes, Madame Curie, Charles Chaplin, Beethoven, Louis Armstrong….A  muchos de  ellos les acompañan leyendas que deberían ser de obligado cumplimiento para vivir en un mundo mejor.

 

Una sirena con pelo a lo Marilyn parece recién salida del mar….: “LA CHARITO”. Pedro me cuenta que tardó en atender la inacabable demanda de todos los viandantes del lugar porque necesitaba realzarla tal y como era. ¡Y vaya si lo consiguió!

Pintar sobre un bloque de hormigón que mide un metro ochenta por dos metros diez , llegar hasta él, depositar sus pinturas acrílicas , pinceles, rotuladores y reglas para hacer cuadrículas muchas veces “en el aire”, no es tarea fácil.
Por eso le encanta y valora el verdadero arte Rupestre que nuestros ancestros nos regalaron en lugares como las Cuevas de Altamira. Y es que el sólo hecho de pintar sobre piedra, ya es dificultoso.
Se escabulle, salta entre las rocas, pinta con un pié en el aire, con la agilidad de una gacela. ¡Incluso un arnés ha necesitado a veces para no terminar con un golpe en la cabeza y parte de su material perdido en esta aventura! Por ello a mi pregunta sobre cuánto suele tardar, la respuesta es rápida: “un dibujo sencillo en un bloque complicado siempre será más largo que uno complicado en un bloque estable para mí y mis herramientas”.

En este agradable paseo paramos junto a un rosetón, rosetón que le falta a nuestra catedral cartagenera que tan despacio se está reconstruyendo.
Copa de Asiático, conejo surrealista, trébol de cuatro hojas con ese ojo central que nos transmite que la suerte hay que buscarla.
Es autodidacta, elevado a la máxima potencia, porque nada le frena y se atreve a todo para llenar de magia este lugar.

Y  por eso, añade a la dificultad de sus dibujos, el relieve y las tres dimensiones.

Podrás observar la figura de Gandhi, con sus gafas ovaladas, y hacer una fotografía de este Nobel de la Paz desde el punto indicado. ¡Vuelve a mirar la fotografía y después ya nos cuentas!

Algo he observado estos últimos meses, y es que esta bonita zona se empieza a llenar de absurdas pintadas sin sentido que merman la calidad de este lugar.
Me interesa saber si cuando Pedro inicia un nuevo trabajo, se marcha a casa con miedo de encontrarla dañada por algún vándalo desaprensivo.
Me lleva hasta un cubo que tiene un bonito cuarzo pintado, que dicho sea de paso es un amante de los minerales. Sobre él hay una pintada absurda que me genera impotencia. “¿no lo vas a arreglar Pedro?”. Un no tajante me deja fría, que se convierte en sonrisa en un instante. “A esto le llamo un monumento a la estupidez humana”, aclara el artista del mar.
Como regalo final, tengo el honor de observar como con el arte de un gran delineante, mil cuadrículas afloran en ese cubo elegido, preparado para impregnarlo de esencia.

Pedro me enseña un boceto aún sin terminar, pero que a estas alturas ya todos seguramente podréis asomaros por éste, mi lugar y el de muchos, entre el susurro de las olas, el ir y venir de los barcos y las gaviotas planeando y descansando entre los bloques, a disfrutar de una nueva obra de arte que descansa a la sombra de nuestro faro.

Y hablando de regalos, cada uno de esos bloques terminados es un regalo. Todos llevan una fecha,una fecha especial para esa persona a la que Pedro,en forma de guiño y envuelto en lazo rojo, deja a orillas del mar para que vayan a recogerlo.

                                               EVA MARÍA GARCÍA AGUILERA

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