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EL QUINTO BEATLE

EL QUINTO BEATLE

 

No tengo claro el año en el que pisé por primera vez este lugar lleno de mil historias y vivencias, creo que fue por 1.985, doce años tendría entonces. Apuesto lo que sea, que si tuviera la mínima oportunidad de volver a cruzar esa puerta, recorrer ese pasillo largo por el que tantas veces mis piernas temblaban, ya contaré por qué, escucharía sus voces, tararearía Yellow Submarine sin darme cuenta, y la emoción sería la causa de mi voz quebrada durante un tiempo.

En aquella esquina, junto a la gasolinera de la Plaza de España, entré por primera vez en aquel portal de escaleras estrechas y ascensor tenebroso, que me llevarían hasta ese lugar de apariencia humilde, pero en realidad era un lugar lleno de sabiduría, experiencia, y sí, de humildad. Esa humildad que sólo Juan y Serafín demostraron durante muchos años. Ese día yo me convertí en una alumna de JUAN Y SERAFÍN. Porque aquella academia de inglés no necesitaba cartel, ni nombre, ni publicidad…., íbamos a aprender inglés y mucho de la vida.

 

 

Y entonces, en un segundo estaba sentada en una silla de anea, bajita, bajita, (la silla, no yo), en una clase en la que era suficiente una pizarra y una decoración inusual en la academias del momento. Fotos, cuadros, posters y mil notas de colores pegadas por las paredes, todas repletas de significado, al igual que cuando decorabas  tu habitación en la que sentías que ese era tu espacio. Pues así era aquella clase en la que inicié mi andadura con Serafín, que se encargaba de los “pequeños”, y que con aquella apariencia que su bigote le proporcionaba y su dulzura, nos hacía aprender sonriendo.

 

 

Aprendíamos rápido, y eso a veces era un arma de doble filo, porque suponía que en poco tiempo pasaríamos a la clase del fondo a la derecha, a la clase donde escuchábamos a veces algunas conversaciones elevadas de tono, aquel lugar donde, como dije al principio, entrabas con las piernas tembleconas, sobre todo si eran tus primeros días. Al principio algunos conteníamos las lágrimas ante un, “no me haga perder el tiempo”, “estúpido niño de papá”….siendo esto algo de lo más “suave” que podías escuchar.

 

Quizás hoy resulte imposible creerlo, y en estos tiempos sería inadmisible, pero enseguida tuvimos todos ganas de abrazar a Juan, como al oso de peluche más querido que habíamos tenido jamás. Era coherente, incluso cuando pensabas que se le había ido la cabeza, inteligente, generoso, vital, lleno de experiencias. Era la clase de Juan una clase peculiar, en cuanto a la edad de los alumnos. Y es que tuve compañeros de silla de edades dispares. Señoras de mediana edad, digo señoras porque en ese momento así veía a las chicas de 50 años desde mis ojos de 14, chicos en traje de chaqueta que volvían de su trabajo con el tiempo justo para recibir su clase, y que dada su altura intentaban estirar las piernas sin éxito por la proximidad a la fila de sillas que tenían delante…. ¿He dicho compañeros de silla? Sí, porque no teníamos mesas. Habéis leído bien, aprendimos el mejor inglés en unas sillas de anea colocadas en filas perfectas, pero sin una mesa donde apoyar tu material. Juan decía que le preocupaba que aprendiéramos inglés, no cómo se encontraba nuestro culo.

¡Pero estaba todo pensado!, unas libretas de tapas muy pero que muy duras, tamaño cuartilla y a rayas , eran el suficiente apoyo para anotar los “trucos” que usábamos para el aprendizaje, dibujos, frases largas que una y otra vez repetíamos en voz alta , notas musicales… Y ya os he contado muchas veces que soy nostálgica, que tengo una cajita de recuerdos, pero no he sido capaz de encontrar ni una sóla libreta de aquellas. ¡Mamaaaaaá!, ¿me las tiraste todas en un descuido, o en uno de esos arrebatos de vaciar armarios que muchas veces tenemos y en alguna ocasión nos arrepentimos?

Así que tenía que tener una en mis manos, para recordar, para avivar mi inspiración, porque quería volver a sentir más de lo vivido  entonces. Y así fue como entré a la papelería, pensando en la descripción que daría….

– Buenos días, quería una libreta de pasta dura, es negra, combina con colores.. ¡Las que usaban en la academia de inglés de Juan y Serafín!

Y eso fue suficiente, porque en un segundo la tenía delante de mis ojos. No sé si me hizo más feliz tener una, o que con esa simple referencia supieran a qué libreta me refería. Y contenta con ella, que dicho sea de paso, ¡estaba subidita de precio!, y pobres de mis padres con las que utilizábamos al mes, regresé a casa con algo más de luz en los ojos.

 

 

Porque las usábamos y mucho. Cada día teníamos “tarea”, una hoja con una narración en inglés que Juan visaba a la entrada de clase. No queráis imaginar lo que ocurría si no la llevabas preparada. Voy a decir una frase, y todos, todos los que pasasteis por allí sabréis a qué me refiero:

I MUST APOLOGIZE FOR NOT HAVING DONE MY HOMEWORK

(Debo disculparme por no haber hecho los deberes).

Lo que pasaba después lo dejo en el recuerdo de muchos y en la imaginación del resto.

Siempre quisimos a Juan, era un amante de la enseñanza, de agarrar las oportunidades con fuerza, de no dejar escapar ni un segundo. Para él un alumno que no había escrito su tarea, que en clase balbuceaba con indiferencia, no era ni más ni menos que fruto de la dejadez, de la falta de respeto a sus padres que trabajaban y se sacrificaban para pagar sus clases. Y eso le indignaba, se cabreaba. No tardamos mucho en entenderlo, no tardamos nada en quererlo.

 

Siempre estuvo pendiente de todas las novedades que podría compartir con nosotros, para que su enseñanza se quedara para siempre mientras nos divertíamos.

Yo tenía un día preferido, el día de cine. Porque en aquel lugar no nos faltaba detalle .Teníamos una sala con butacas de cine, donde aprendíamos con música, anuncios de TV, películas. ¡Era alucinante! Thriller de Michael Jackson, anuncios de detergente, y cómo no, nuestros protagonistas principales: THE BEATLES.

Aprendimos cantando cada una de las canciones que sonaban en la radio; Madonna, Michael Jackson…y los villancicos, esos  que hoy, casi 35 años después siguen siendo protagonistas en mis navidades. No faltamos ni un sólo año al Asilo de las Hermanitas de los Pobres a cantar con ellos, con coches y coches repletos de dulces navideños, y todo tipo de alimentos y enseres que hacían falta allí. Y Juan se empeñaba en que los lleváramos envueltos en colores alegres y un bonito lazo, para sacar la mayor sonrisa a esos mayores a los que hacíamos felices en esas fechas tan señaladas.

 

Es uno de esos momentos que no olvidas nunca. Y menos aún aquel villancico “THE TWELVE DAYS OF CHRISTMAS “, donde siempre quise cantar representando el  número 5, pero sólo los que mejor cantaban tenían esa suerte. Yo por supuesto que no, porque si no lo sabéis os lo digo, canto mal, mal, pero me encanta.

Y aunque mal, canto cada una de las canciones de THE BEATLES cada día. Porque así aprendí gramática, así fue como nos enseñaron la manera de nunca olvidar, de ser diferentes, de entender cómo vivir la vida. Juan siempre decía, “viaja, y si no tienes dinero te prostituyes”. Así nos hizo ver que es importante luchar por lo que te hace feliz, que odiaba vernos perder el tiempo, que teníamos que agarrarnos a cada instante y exprimir toda la sustancia….

 

Por eso él se esforzaba cada día en esa forma de enseñanza. Y en aquellos años en los que comenzó, no era tarea fácil. Escuchaba una y otra vez las canciones de Los Beatles, y escribía las letras, y muchas, muchas se le resistían, pese a tener su radio de entonces junto al oído. Y por eso luchó, y no se lo pensó dos veces, cuando en el año 1.966 John Lennon rodaba en Almería la que sería su primera película, sin mucho éxito, por cierto. Y con el único interés de poder enseñar en su academia a sus alumnos de aquella manera extraordinaria, se presentó en su busca en aquella ciudad. Y lo consiguió, tuvo un encuentro con él, un encuentro donde le pedía que incluyese las letras de las canciones impresas en los discos, porque era importante para dar sus clases. Ya os podéis imaginar la cara de Lennon, que iniciando la época del fenómeno fan, un profesor se había cruzado media España porque quería mejorar el método de enseñanza con las canciones del grupo.

Juan nos contó esa historia un millón de veces, cómo llegó con esas canciones incompletas con el simple interés de conocer de la mano de Lennon las palabras que no había conseguido escuchar bien, para poder cantarlas en clase.

Y entonces es cuando ocurre la magia, cuando THE BEATLES en 1.967 en su disco SGT. PEPPER`S se convierten en el primer grupo de pop  que incluyen las canciones impresas en sus discos. Una promesa es una promesa, aunque Lennon no cumplió la segunda, que era venir a visitar la academia, y nosotros se lo hemos perdonado, y seguro que nuestro QUINTO BEATLE está ahora con él disfrutando de la buena música.

 

 

 

¿Os dais cuenta  la suerte que tuvimos todos aquellos que disfrutábamos con él, aprendiendo en aquellas fiestas del SUBMARINO AMARILLO donde escuchábamos historias y anécdotas que se convirtieron en nuestra forma de vida?

Y de repente es cuando aparece David Trueba, director de cine que se interesa en la historia, y escoge a Javier Cámara para encarnar el papel de Juan.

¡Difícil lo tuviste Javier, porque Juan era inimitable!

VIVIR ES FÁCIL CON LOS OJOS CERRADOS consigue 6 GOYAS. ¡Una película que narra todo aquello que Juan nos contó a nosotros millones de veces!

 

 

 

Cuánta humildad demostraste Juan hasta el final, junto al director de la película, sobre la alfombra roja, y sólo mostrabas agradecimiento.

 

Por eso, cuando hace un tiempo me encontré con la fotografía desalojando la academia, porque Juan y Serafín nos dejasteis casi a la vez, me acerqué a aquel lugar, donde a mi memoria no le daba tiempo a ordenar cada una de esas vivencias Intenté subir arrebatada por el recuerdo, pero fue imposible.

 

Entonces un halo de esperanza llegó como un regalo, la Fundación Juan Carrión, en la que muchos de sus miembros están luchando por sacar a la luz y revivir aquel entrañable lugar, donde los alumnos mantienen viva esta historia, donde cada uno de nosotros agradecemos que una vez, quizás cogidos de la mano de nuestros padres, cruzamos esa puerta, y que como con una varita mágica, nos guió como personas y enseñó aquellos valores para conducir nuestras vidas

Allí donde estéis, GRACIAS.

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