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EN LA RETINA! por Lorenzo Vergara Pagán

LORENZO VERGARA PAGÁN (LOREN)
¡EN LA RETINA!

Estoy viendo un programa deportivo nocturno, en el, están hablando de la nostalgia (incluso llanto) que les causa ver los últimos escombros del estadio «El Manzanares», del Atletico de Madrid, algún día, escribiré sobre mis
recuerdos, guardados en mi cerebro, con ocasión del derribo de «nuestro» estadio del Almarjal, de Cartagena España. Pero…en este momento de la noche, me apetece escribir sobre otros escombros que, (estoy seguro) cuando lo cuente muy pocos podrán entenderlo, porque estos escombros a los que me refiero, no son de un estadio deportivo, son…laborales, y son unos escombros que a muchas personas les aterra, pero…a mi me producen pena y dolor, y se me nublan los ojos, cuando (camino de La Aparecida), me bajo del coche, apoyo mi espalda en la pared de entrada, miro hacia dentro, y un nudo se apodera de mi garganta, y  mis pensamientos trasladan las imágenes a la RETINA de mis ojos, los cierro y me veo con 18 años.

Esa, era la edad que yo tenía, cuando recibí la carta de la Empresa Española del Zinc, en ella, (la conservo todavía) me anunciaban que me aceptaban para formar parte de la plantilla de su laboratorio. Era 1957, y la fabrica estaba en los cimientos, no había nada, solo cepas de viñas. La empresa, ideada por Don Francisco Celdrán Conesa, presidente de Minera Celdrán, y «Rey» (en esos momentos), de la Sierra Minera de Cartagena España, (posteriormente, vendió sus acciones al Banco Central), Española del Zinc, compró al Ayuntamiento de Cartagena España, más de dos millones de metros cuadrados, (de los cuales solo quedan quinientos mil) al precio (irrisorio) de 3 pesetas el metro, «casualmente» el entonces Alcalde de Cartagena D. Miguel Hernández Gómez, entró a formar parte de la plantilla de la Empresa, en calidad de Administrador  General. Los terrenos, incluian todo lo que se conoce como poligono industrial Cabezo Beaza, abarcaba desde Torreciega  hasta lo que hoy es la I.T V. En la compra, iban incluidas todas las casas que estaban en esos terrenos, y en una de ellas, un chalet que estaba justo enfrente de la I.T.V. la empresa instaló provisionalmente el laboratorio.

Ahí, en ese chalet, y en ese sitio, empieza mi vida laboral. Fijaros amigos mios. Servidor, vivía en la Plaza del Hospital, de Cartagena España, (frente a la Plaza de toros) en aquellos años, de balbuceos industriales, (habían  empezado Repesa, Hidroeléctrica, Los «Parales» etc.) tener una bicicleta era un «superlujo» tan es así, que en el planteamiento de la empresa, no incluía aparcamientos, porque ese «lujo» ni se «soñaba». Digo esto, para explicaros, que debido a esas penurias de la época, yo, tenía que irme todos los días desde la plaza de toros hasta la I.T V. andandico, recuerdo que, como era invierno, mi abuela me ponía periódicos en el pecho, para que en el camino no me helara de frío. Eran los momentos historicos, en los que se estaban «fraguando» la clase media en España, inexistente hasta esos momentos, está clase media, se forjó a base de los obreros procedentes de las industrias florecientes por esa época en España.

En ese año 1957, empieza mi amor por la química. Nada mas llegar, me recibío D. Joaquín Moreno Clavel, joven Químico, contratado por la empresa, me acogió con gran cariño, (que posteriormente, se materializó en 58 años de caminar juntos) y me dijo, que me pusiera a lavar el «material», y en ese momento me «entró» el «veneno» por la química analitica, «la olor», era la caracteristica de los ácidos al mezclarse con los minerales, es una olor inconfundible, es comparable al «sabor» a «serrín» al entrar en una carpintería, por poner un ejemplo evidente.

Estuvimos en ese chalet casi dos años, hasta que estuvo terminado el nuevo laboratorio, ¡mi laboratorio! orgullo de la Región, diseñado por el Doctor D. Juan Sancho, Catedrático de la UMU, y dotado de la mas moderna tecnologia del momento, en un edificio que a lo largo de su historia siguió siendo vanguardista. Cuarenta y ocho años de mi vida pasé en el, ahí crecí, ahí, me entusiasmé por mi trabajo, ahí estudié, para crecer profesionalmente,  ahí, conseguí ser jefe de  Laboratorio y Control de Fabricación, ahí, encontré el trampolín, para mi incorporación (desde 1969 hasta ahora mismo), a la UPCT. Desde ese laboratorio, pude participar activamente en la maravilla de la industria electrólitica, y aprender (de hombres preparadisimos), como transformar el mineral en metal, y en acido Sulfúrico, es una enorme satisfacción que te hace disfrutar, cuando ves que tus esfuerzos se ven recompensados con la fabricación de unos productos, que serán útiles a la humanidad. prácticamente en todas las cosas que nos rodean.

Ahí pasé mi juventud, mi madurez, y…toda mi vida laboral, en esa fabrica, encontré el respeto de los jefes y compañeros, noches enteras sin dormir, estudiando, tratando de llegar a comprender, lo que hombres dotados de una inteligencia increible, han dejado escrito. Una vez que llegas a entender el ¿por que? del milagro, todo se hace agradable y satisfactorio, pues sales de la rutina, para convertirlo en un trabajo enriquecedor. Tuve la suerte de poder viajar, y acudir a congresos,  que me aportaron grandes conocimientos. Durante tres años, trabajé codo con codo, en nuestra planta piloto con nuestro Director General, D. José Luis Del Valle Alonso, durante esos tres años, yo aporte mi conocimiento «analítico» y D. José Luis, su enorme conocimiento de la industria, formamos un pequeño equipo, que nos hizo compenetrarnos mutuamente, y que a mi, me sirvió para aprender (un poco) a su lado la maravilla de la Ingeniería, aplicada a la industria.

Mi jubilación en la industría, se produjo cuando la fabrica estaba prácticamente en los estertores de su existencia. A ese triste momento, se llegó por una serie de motivos, imposibles de ser plasmados en este articulo. El día que abandoné lo que había sido mi vida, mi alma se encogió. Pero…tuve la enorme suerte de poder seguir como jubilado parcial, en el Departamentos de Ingeniería Química y Ambiental, al lado de quien me recibió en 1957, cuando yo tenía 18 años, el Doctor Joaquín Moreno, con el que caminé (laboralmente) toda mi vida. Hoy, sigo al lado de su hija la Doctora Stella Moreno.

Con estos «pequeños» recuerdos, que plasmo, y que llevo en mi «RETINA» solo  pretendo «sintetizar» toda una vida, (cosa imposible) pero quizá, me ayude a que comprendáis mi amor por esa empresa. Por todo ello, cuando leo los constantes «ataques» desaforados, y criminalazados, contra la industria, mi alma se siente triste, y…sobre todo, cuando paso por la carretera de La Aparecida, llego a la altura de lo que era la Fabrica, me paro, me apoyo en la pared de la entrada, y miro el «cadáver» arrumbado y derrumbado, de lo que un día fue «mi casa», mis ojos se nublan, no lo puedo remediar. Es difícil, que las personas de una nueva generación, creada con nuestro esfuerzo, pueda llegar a entender lo que significan esas ruinas,  vilipendiadas y denostadas por todo el mundo, pero… que han ayudado a crear una nueva sociedad, que sin estas empresas jamás hubiera prosperado. Mil perdones.

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