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LA DESAMORTIZACIÓN DE LA CARIDAD

LA DESAMORTIZACIÓN DE LA CARIDAD

Fue a mitad del siglo XVII cuando el soldado de Galeras Francisco Roldán, crea una organización en el Arrabal de San Roque para dar sepultura a sus hermanos caídos y más tarde, para atender a los heridos. No sabia el impacto sobre la ciudad de Cartagena que siglos después tendría su acto. Así, a vola pluma, es interesante describir una sucinta cronografía. Ya en 1709 se traslada el hospital a la calle Carril, hoy de la Caridad, diez años después se crea la Congregación y Protectorado a la que sería la Patrona de Cartagena, una imagen a venerar que llega a la ciudad en 1723 con no pocas anécdotas, y ya en 1740 se acuerda la creación de una Iglesia, hoy Basílica Menor desde 2012, entonces pequeña para la adhesión a la Virgen de sus numerosos feligreses, no fue hasta finales del siglo XIX cuando se inicia el proyecto de reforma para la iglesia y comienza su construcción de mano de Tomás de Tallareie y Justo Millán Espinosa, en cuatro años se termina la estructura arquitectónica y se deja la decoración interior en manos de Wssel de Guimbarda.

La Basílica de la Caridad ha sufrido diversas intervenciones a lo largo de su historia. El nuevo templo se esbozó con siete altares que debían recordar los SIETE Dolores de la Virgen, si bien es cierto que el anticlericalismo era manifiesto y la desamortización influyó en la obra interna de la Basílica, no por el contrario en el fervor a la Virgen, sin color ni patrón político ni ideológico, cosas innatas del gen cartagenero.

Una vez realizada esta sucinta introducción más proto histórica que pragmática, sí hay que incidir en el arraigo de la institución y en el impacto social que tanto el Hospital como el templo representa en Cartagena, de hecho, esa Fundación a modo de Protectorado sin ánimo de lucro lleva siglos aliviando las enfermedades y las miserias en Cartagena colmando de dignidad a los pacientes, pero no siempre con el adecuado apoyo de las instituciones político-sanitarias. El Hospital de Caridad de Cartagena, fundado en el año 1693, es una institución asistencial benéfica de carácter religioso y privada, con una serie de particularidades que le confieren también un carácter público.

El Ayuntamiento, como venía siendo costumbre desde que se fundó el Hospital de Caridad acude reiteradamente el octavo día de la novena a la Santísima Virgen a la iglesia del Hospital. En 1.762 el Ayuntamiento ratifica oficialmente esta costumbre y se acuerda ir siempre en corporación y ofrecer una limosna al Hospital, lo que con el transcurrir del tiempo se conoce como la entrega de La Onza de Oro, y es una dadiva que no la hace el alcalde o alcaldesa de turno por mutuo propio. Solo en 1.873 se ha interrumpido esta costumbre, era alcalde de la ciudad Angel Toledano y el pretexto, como no, fue la libertad de culto existente en España.

Este Hospital que comenzó dando servicio en 1.720 tendría sus puertas abiertas hasta 1.936. Ante el peligro al que estaba sometido como toda la ciudad como consecuencia de la Guerra Civil fue trasladado en plena guerra al barrio de Los Molinos tras ser bombardeado su edificio el 25 de noviembre de 1.937, destruyéndolo parcialmente. Se instaló en una finca junto a la estación de ferrocarril. Cuenta con una gran cantidad de pinos y eucaliptos, de aquí le vendrá el nombre como popularmente es conocido “El Hospital de los Pinos”. Esta finca es adquirida por 27.000 ptas. para la construcción de un pabellón de pacientes con enfermedades transmisibles. Desde el primer tercio del siglo XX en el que se colocó la primera piedra con no pocas pesadumbres por su autor, el arquitecto y hermano Lorenzo Ros Sánchez. Este Hospital continua hoy en día prestando sus servicios a Cartagena y es parte inherente de su desarrollo social.

Hecha la reflexión sobre la importancia de este centro para la ciudad, su carácter solidario y la autofinanciación sin ánimo de lucro de sus servicios durante más de tres siglos reinventándose continuamente gracias a, una Junta de Gobierno ducha en la gestión y escenificando permanentemente la máxima honestidad, cabe ver el desarrollo de su contemporáneo ejercicio donde se está reformando íntegramente la Basílica Menor y el edificio adyacente en la C/ Serreta donde se creó el Santo Hospital, además con difícil autosuficiencia y sin el apoyo de las instituciones, las mismas que no dudan en agasajarse por su labor en un altivo acto de hipocresía y cinismo, dícese, el Ayuntamiento de Cartagena que con su actual representación de fotonovela anula lo de excelentísimo, la Comunidad Autonomía, más preocupada de su postureo propagandístico que de apoyar los proyectos necesarios institucionales cartageneros, y la Iglesia en su representación del Obispado de Cartagena establecida en la sumisión al estamento más que en el apoyo a sus continentes y contenidos, una mitra no da derecho de autosuficiencia cayendo en el pecado de la vanidad institucional, ausente más que para lucir el ornamento y boato decimonónico.

Una ingente labor socioeconómica y de gestión es la realizada por la Junta de Gobierno del Santo y Real Hospital de Caridad de Cartagena, (donde la ignorancia administrativa llama de Piedad), si bien es cierto que durante la pandemia ha sufrido un impacto negativo sobre la población hospitalizada y derivaciones, ya de antes venia cojeando de las mismas, desde la Consejería de Salud y la dirección de influencia del área de Cartagena disminuyo significantemente el apoyo.

La principal fuente de financiación y de gestión laboral son las 140 camas a disposición del aparato administrativo sanitario y que actualmente está por debajo del 50%, este centro sin animo de lucro no esta idealizado por la administración, de hecho, a finales del 2018 llegó a tener una ocupación del 75% y como decía, la pandemia y la victimología del COVID ensañada con los mayores han hecho desahogar las residencias, afectando también al Santo Hospital, a pesar de que en él se alojan pacientes desde los 39 años a los 95, sin contingencia de la propia exclusión social o de la patología sufrida, está claro que a mayor ocupación, mayos oferta laboral también para el centro y la comunidad sanitaria.

Otro factor a destacar es la Cámara Hiperbárica, única en la región inaugurada en 1976 para patologías dónde se deberían de dar cita pacientes oncológicos, otorrinos, diabéticos, oftalmológicos, traumatologías, cirugías, cardiovasculares y patologías internas, entre otras. Ya desde el 2012 causó una deficiencia asistencial de un mes para otro sin explicaciones en el 60% de los pacientes derivados, y además, cabe destacar la arbitrariedad y la negación del  protocolo médico establecido por la propia dirección profesional de la Camara Hiperbárica en detrimento del paciente y su desarrollo efectivo y causando un deterioro corporativo de la institución por deficiencia cuantitativa y cualitativa en los tratamientos desde el origen con lo que ello supone ante la profesionalidad de los operadores y facultativos.

Todos estos datos como la progresión de derivaciones en la región son datos constatables y públicos a través del portal de transparencia, de hecho, la diferencia económica entre el centro privado más favorecido por la administración en 2018 en la región y el menor, en este caso el Hospital de Caridad y éste, sin ánimo de lucro, es de 10. 730.299.30€ frente a 606.548.8€ y en la localidad fue de 8.701.098.84, una diferencia sustancial salvando los recursos y servicios.

Toda esta exposición es para denunciar la pasividad de las instituciones ante la recuperación de nuestra Basílica Menor, la casa de nuestra Patrona y, además la restauración interna de la obra de Wssel de Guimbarda. Así las cosas, para despropósito e ignorancia cartagenera, el antiguo Hospital, edificio adyacente a la Basílica estaba en ruina técnica, y la cúpula sufría perversos deterioros que hacían peligrar su integridad, el anillo central que hacía de base estaba deteriorado, y una ingente obra ha sido cometida, el presupuesto inicial sin contaminantes intermediarios ascendía a más de 3.5 millones, la gestión ingente de la administración del Santo Hospital consiguió rebajarlo en un 25 %, y además, se pudo contar con la generosa financiación en intereses debido a los escasos recursos de la fundación o protectorado de la entidad local San Agustín de Fuente Álamo, no de la ciudad departamental, que ya jode, ha conseguido realizar la Junta hasta la fecha en tiempo y forma casi la mitad del proyecto, un edifico nuevo se alza donde  Roldan fundará el antiguo Hospital y tanto la Basílica Menor, su cúpula, su linterna, las vidrieras, y el costoso y artístico trabajo religioso de Wssel de Guimbarda está siendo reparado y restaurado y, ¿dónde están las instituciones?, a lo suyo, a la foto.

Creo que el pueblo de Cartagena debe de conocer mi perplejidad y compartirla ante la dejación, yo creo de obligaciones de las instituciones, del Ayuntamiento, más preocupado de hacerse la foto entregando la ONZA de Oro y combinando falda, bolso y zapatos en la pugna por un sillón hoy mediocre, o de la Comunidad y su desleal área de Cultura, esa Dirección General que ni esta ni se le espera, ¿harían lo mismo con el Obispado en Murcia, o con la catedral, la dejarían desolada y que el deterioro de tres siglos la dilapidase?, yo creo que no. “Asinque”, espero que este atajo de impresentables, comediantes de fortuna en una farsa medieval, cuando vuelvan a entrar por el pórtico de la Basílica Menor para hipócritamente y cumpliendo un guion, ornamentados de Mitra y Báculo y de sus mejores galas, en ese lugar de culto y peregrinación donde los cartageneros nos damos cita sin color político, sin apegos ortodoxos y sin distinción de clases, solo por devoción a nuestra Santísima Virgen de la Caridad, no pequen de soberbia ni hipocresía y se atribuyan gestas que no les corresponde, otro sí, seria destinar un importante despliegue de medios económicos -no contemplados hoy en los nuevos presupuestos comunitarios-  para aliviar las prostituidas arcas del Santo Hospital gracias a una gestión administrativa regional muy banal, parcial y displicente. Por el contrario, agradezcamos a una institución solidaria que lleva en la ciudad desde su inauguración más de trescientos años, aliviando la dignidad del enfermo y asistiendo a una población en épocas de sufrimientos hoy desconocida para las brillantes hojas de la historia de esta tres veces milenaria tierra.

Cuando entremos los cartageneros a saludar a la Virgen y veamos los andamios, la lona separadora y los trabajo en cuadros, capiteles, bóvedas y frescos, que sépanos que, ni la alcaldesa en sus monólogos interminables, o soliloquios ya que nadie le hace caso por cansina y pedante. Aquél que diseñe como “Tontolpijo” en esta columna y al que la providencia, no su liderazgo ni calidad estratégica le mantiene en el cargo de presidente de la comunidad, pero entre alfileres, tampoco ha hecho nada por nuestra Basílica, por nuestro cobijo espiritual y, sobre todo, el Obispo, otro que en cuestiones de templanza feligresa e imaginera parece más arropado a la Fuensanta, con todos mis devotos respetos y al Bando que a quien le da trono, mitra y báculo, Cartagena y los cartageneros. No hacia falta a Mendizábal, ya tenemos a la Comunidad, el Ayuntamiento y al propia Iglesia para desamortizar a nuestra patrona y su hábitat y por extensión al pueblo de Cartagena.

 

Andrés Hernández

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