Opinión

DESDE LA REPLA: COGER UN TREN EN ESPAÑA ES UN RIESGO MORTAL

Andrés Hernández
Andrés Hernández
DESDE LA REPLA: COGER UN TREN EN ESPAÑA ES UN RIESGO MORTAL

¿El bar del Nono, lo que era Casa Paco, la Repla? SÍ, la columna local y regional se va a trasladar en un homenaje a un sitio, a un lugar, a un espacio de pensamiento más que de ocio determinante en la Cartagena de los 70, 80 y 90, incluso ya con la Politécnica instaurada en la Replaceta, "LA REPLA", nos educamos muchos allí en respeto y costumbres cartageneras, y aprendíamos de los mayores. Era un espacio de cultura  y de filosofía Cartagenera compartiendo protagonismo con el Puerto Rico al que José Sánchez Macías diera alma, así, Pepe Núñez de Hidroeléctrica, el Capitán Sidrá, Juan Canovas y gerente y espíritu loable de la Plaza de Toros con Pedro, la voz de oro de la radio, el insigne Manuel López Paredes, Campos del 95 o los Chisperos, nuestro querido Tero, de corazón tan grande como su envergadura, Cáscales, el grumete, el maestro de cocina Rafael de Servicios Generales, feriantes por temporada, joder, hasta  el papeles..., muchos más que no acierto a reflejar, todo regentado por Paco, Jesús y Carlos con la enorme y generosa familia Cano, hacían de un espacio en la REPLA, en el corazón de Cartagena, a los pies de Antigones, un lugar de encuentro de los que hoy se añoran y creo que es el momento y la obligación de darle cabida en las redes y en la prensa. MONTANARO DE AQUÍ PASA A SER "LA REPLA"

COGER UN TREN EN ESPAÑA ES UN RIESGO MORTAL

No hay que politizar las tragedias... Es la consigna. El mantra. La frase comodín que sirve lo mismo para una comparecencia solemne que para barrer bajo la alfombra todo lo que molesta. Todavía estamos en fase de duelo, nos dicen, y apenas se perciben los brotes de lo que pronto estallará. Porque, seamos serios, ¿alguien cree que el Partido Popular va a dejar pasar después de lo de Mazón una pieza tan apetecible como Óscar Puente? Por la boca muere el pez, y en política el pez suele hablar mucho. Pero no nos confundamos, el PP no es un diamante, más bien un trozo de carbón o grava no homologada de la que compró Ábalos para las vías.

Empiezan a extenderse las noticias, que no bulos, aunque así se etiqueten con rapidez administrativa sobre el AVE que trotan sobre las vías como si fueran caballos nerviosos y no trenes de alta velocidad. La seguridad del transporte ferroviario empieza a provocar algo muy incómodo, desconfianza. Y eso sí que no entra en ningún plan de comunicación de Moncloa y del gobierno criminal, es más fácil, más vistoso y mucho más rentable inaugurar infraestructuras que mantenerlas, eso no renta, mantenemos a Marruecos o a tercermundistas bananeros. El mantenimiento es un gasto sin brillo, una partida sin foto, un tedio presupuestario que no corta cintas y no da al líder mediático protagonismo. Y así están las vías, y así están las carreteras, y así estamos en España, faltos de mantenimiento y sobre todo de seguridad, solo impuestos y despilfarro económico. Ningún político se hace una foto para estrenar el arreglo de un bache, ni para celebrar que una traviesa no se ha partido en dos, que ya empieza a ser un hándicap, bueno Noelia si lo haría. ¿Imaginan estas desgracias de incompetentes gobernando al PP? Estarían los talabarteros de la miseria y la herrumbre progresista quemando las calles ¿Accidente? Y una mierda para el sanchismo y sus perros rabiosos.

No hay que politizar las tragedias…, una mierda para Sánchez y su horda, incluidos socialistas murcianos y cartageneros porque es probablemente la regla no escrita pero más vulnerada de la historia reciente y, rota por el sanchismo a su interés. Puente, el animal de bellota asegura que las vías fatídicas se revisaron en mayo. Pero los maquinistas advirtieron en agosto de que los vagones traqueteaban más de la cuenta, ¿una revisión de papel cauche o pinocho mejor? Se registró incluso una pregunta parlamentaria del PP alertando del problema, a la que el Gobierno respondió con la elegancia habitual, sin atender el aviso y pasando de todo. Y, por si faltaba un detalle para cerrar el círculo, una de las empresas que efectuó los trabajos de mantenimiento aparece en el célebre listado manuscrito de Koldo como dadora de comisiones. Pura coincidencia, por supuesto y empresa diligente... El círculo se cierra solo, como especialista en materiales y calidad entiendo que las autoridades analizaran los aceros, las compras y el origen y esperemos no encontrarnos saldos chinos del todo a cien.

No hay que politizar las tragedias... Es la nueva doctrina de Pedro Sánchez, quien, ahora que todas las competencias parecen confluir milagrosamente en su despacho, se congratula por la colaboración entre Administraciones, no la ausencia perniciosa de su gobierno en los primeros días, no digo horas ni minutos, días en la DANA de Valencia, execrable el personaje. La escena es de manual estúpido, Moreno Bonilla a un lado, para que nadie diga que falta institucionalidad, y al otro María Jesús Montero, la verdulera andaluza gesticulando como una vieja en una residencia con el cocido pero, sin autoridad política efectiva en Andalucía más allá de su condición de candidata del PSOE a unas elecciones que aún no han sido convocadas, pero que siempre conviene ir ensayando.

No hay que politizar las tragedias…, pero quizá sí sería razonable, una excentricidad técnica de usuario acojonado, revisar las vías del AVE en general y las de Murcia en particular por su reciente implantación, concesión y obras, cualquiera se fía de la trama de Ábalos, Cerdán y Koldo y, ya puestos, el largo rosario de decisiones que nos ha traído hasta aquí. Conviene recordar que ese trazado se diseñó en los tiempos gloriosos de Ábalos, Koldo e Isabel Pardo de Vera, los dos primeros hoy en prisión y la tercera imputada. Las comisiones no brotan del aire ni caen del cielo como la lluvia fina o chirimiri gallego, salen de las sisas al presupuesto que debería invertirse en materiales, controles, seguridad y mantenimiento. Por si acaso. Porque estamos hablando de algo muy serio, de muertes.

Mientras tanto, en el sudeste peninsular se vive otra tragedia, mucho más silenciosa y menos televisada, la desaparición progresiva de trenes hacia Cartagena. Primero fue una reducción casi imperceptible. Luego, retrasos recurrentes. Más tarde, la supresión de frecuencias. Y, finalmente, las anulaciones sistemáticas del Madrid–Cartagena, anunciadas con una naturalidad burocrática que roza el sarcasmo involuntario. El viajero aprende a no planificar demasiado. Comprar un billete se ha convertido en un acto de fe, y organizar una agenda es un ejercicio de ingenuidad.  Y los socialistas adulterados como Torres y Lucas vendiendo estúpido humo o churros en San Antón, sin argumentos ni evidencias.

No hay que politizar las tragedias…, pero Cartagena lleva tiempo atrapada en una tragedia ferroviaria cotidiana. No hace ruido, no descarrila, no genera imágenes espectaculares, simplemente está aislada, cancelan trenes, se alargan trayectos, se improvisan autobuses sustitutorios que convierten un viaje de alta velocidad en una excursión interurbana de los años ochenta, todo se normaliza narcotizados como hace Sánchez, porque no hay drama sin cámaras y no hay escándalo sin titulares nacionales.

La falta de trenes no empezó ayer. Viene de lejos. De decisiones acumuladas, de inversiones mal dirigidas, de prioridades cambiantes según el calendario electoral y ahí también es determinante la culpabilidad del PP, se prometió por ambos partidos una conexión digna, no la hay, se anunció modernidad, en su lugar el desmantelamiento. Se vendió "alta velocidad" y lo que ha llegado es un servicio menguante, frágil y fácilmente sacrificable. Madrid–Cartagena se ha convertido en una línea prescindible, en una variable de ajuste, en una entrega de Aliexpress. Total, ¿quién se va a enfadar lo suficiente como para que tiemble un ministerio o San Esteban? Nadie.

No hay que politizar las tragedias…, pero cuando los trenes se anulan una y otra vez, cuando los usuarios acumulan horas perdidas y planes frustrados, cuando la alternativa es el coche o el autobús, algo falla. Y no es el relato. El relato está perfectamente engrasado. Funciona como un reloj suizo. El problema es la realidad, que insiste en no adaptarse al discurso de plastilina del sanchismo.

¡El ferrocarril vive su mejor momento de la historia!, se nos dice con una sonrisa ministerial y con dos cojones amparado en una indigencia intelectual supina. Y uno mira los paneles de información, las cancelaciones en cascada, los convoyes que no salen, las vías que vibran más de la cuenta, y se pregunta si no estaremos viviendo el mejor momento de la historia… del optimismo retórico. Porque nunca se habló tanto de lo bien que va todo mientras todo va tan mal.

No hay que politizar las tragedias… Pero ese principio no debería servir para impedir una pregunta elemental: ¿estamos en buenas manos? ¿Quién decidió qué se mantenía y qué se dejaba para más adelante? ¿Quién firmó, quién supervisó, quién miró hacia otro lado cuando tocaba mirar de frente? Porque aquí no nos jugamos una foto, ni un titular, ni el equilibrio de un relato cuidadosamente planchado. Nos jugamos la vida en una cotidianidad como es viajar

Aquí nos jugamos la vida. Y también el derecho a un transporte público seguro, fiable y digno, incluso, o sobre todo en trayectos que no salen en los anuncios institucionales. Tal vez la verdadera obscenidad no sea politizar una tragedia después, sino haber gestionado el sistema como si la tragedia nunca fuera a ocurrir. Así que sigamos repitiendo la consigna. No hay que politizar las tragedias…. Digámoslo muchas veces, con voz grave y gesto compungido, a ver si nos lo creemos. Y mientras tanto, crucemos los dedos cada vez que subimos a un tren, especialmente si va camino de Cartagena, visto lo visto, coger un tren ya no es solo un medio de transporte: es un acto de confianza ciega en que el mejor momento de la historia no termine, literalmente, descarrilando.

Cataluña, laboratorio del mejor momento ferroviario. Conviene añadir  el capítulo catalán, si el ferrocarril vive sarcásticamente su mejor momento de la historia, Cataluña es, sin duda, uno de sus principales bancos de pruebas. Un territorio donde los accidentes, incidencias y averías se suceden con una regularidad casi pedagógica, como si el sistema quisiera asegurarse de que nadie se duerma en la autocomplacencia. Descarrilamientos leves, trenes detenidos en túneles, convoyes evacuados, caídas de tensión, fallos de señalización, nada grave, se nos dice siempre para justificarse, son incidencias puntuales, episodios aislados que, casualmente, ocurren una y otra vez. La estadística convertida en anécdota y la anécdota elevada a normalidad. Todo bajo control, cuanto daño ha hecho y hace el independentismo y el socialismo a Cataluña.

Cataluña ha aprendido a convivir con el caos ferroviario como quien convive con una gotera, al principio protesta, luego coloca un cubo y, finalmente, asume que forma parte del paisaje doméstico. “Rodalies” o cercanías se ha convertido en un concepto filosófico más que en un servicio público. Una experiencia vital basada en la paciencia, la resignación y la capacidad de avisar tarde al trabajo con excusas cada vez más creativas.

No hay que politizar las tragedias…, claro, resulta llamativo que cada accidente venga acompañado de la misma mística liturgia, comparecencia urgente, palabras solemnes, promesa de investigación exhaustiva y, pasado un tiempo prudencial, silencio administrativo y, ¡a otra cosa mariposa! Entre minimización y eufemismo, el sistema sigue avanzando… a trompicones.

Mientras tanto, los usuarios se acostumbran a viajar sin horarios fiables, sin garantías y con la certeza de que cualquier trayecto puede convertirse en una odisea urbana. No es inseguridad, es incertidumbre. No es abandono, es complejidad técnica. No es mala gestión, es incompetencia. El diccionario oficial de excusas ferroviarias funciona a pleno rendimiento. Un recordatorio constante de lo que ocurre cuando el mantenimiento se posterga, cuando la inversión se anuncia más de lo que se ejecuta y cuando el relato importa más que el raíl. Pero no hay que politizar las tragedias... Mejor llamarlas incidencias y seguir adelante, esperando que el próximo accidente también sea lo bastante leve como para no estropear el discurso del mejor momento de la historia, excepto cuando los muertos son por decenas como en Córdoba.

"En el tramo de Adamuz, donde se ha producido el trágico accidente, los maquinistas reducían aún más la velocidad ya limitada a 250 km/h. Lo hacían porque sabían que algo no iba bien y porque notan vibraciones”. En estos momentos hay más de 20 alertas por roturas, defectos y mal estado de las vías. Puente, el mamarracho sectario del sanchismo, como dice un ilustrado articulista murciano, se niega a una auditoría.

Lo dicho, para la policía y Guardia Civil que no son según este gobierno de mierda trabajos de riesgo, cuando se suben a un tren en España al igual que el resto de los ciudadanos, se juegan literalmente la vida.

Andrés Herndez Martínez

 

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