Opinión

Desde la Repla Cofrade: LA ARCHICOFRADÍA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO. LA SANTA CENA Y LA EUCARISTÍA. UNA AGRUPACIÓN SACRAMENTAL EN EL ENTRAMADO PASIONAL CARTAGENERO

Desde la Repla Cofrade: LA ARCHICOFRADÍA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO. LA SANTA CENA Y LA EUCARISTÍA. UNA AGRUPACIÓN SACRAMENTAL EN EL ENTRAMADO PASIONAL CARTAGENERO

LA ARCHICOFRADÍA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO. LA SANTA CENA Y LA EUCARISTÍA. UNA AGRUPACIÓN SACRAMENTAL EN EL ENTRAMADO PASIONAL CARTAGENERO

Hubo cuatro Cofradías a lo largo del siglo XVIII en Cartagena, una de las cuales, aunque no estuvo relacionada directamente con la primitiva de la Santa Cena, por su representación Sacramental es obligado recordarla. Como todas las cofradías de la época, el fin de la creación de una cofradía era la realización de actos piadosos durante todo el año, ofrecer misas de difuntos y desfavorecidos, ayudar a indigentes, velar difuntos, llevar a enfermos e impedidos el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, etc., llegó un momento que igualmente se manifestaban las premisas de la cofradía en procesiones exteriores, que con el desarrollo de la expresión artística de los pasos de la Pasión y Muerte de Jesucristo formaron en penitencia los desfiles procesionales.

La Archicofradía del Santísimo Sacramento de Cartagena nació con el fin de llevar el mismo a impedidos y enfermos, esta Cofradía se fundó en la entonces Ayuda de Parroquia de Santa María de Gracia, hoy es la actual iglesia sita en la calle del Aire y cuna de los desfiles procesionales de Cartagena. Como se ha comentado, la difusión, respeto y práctica de los Sacramentos hacia los impedidos y enfermos fue el origen de la misma, estaba compuesta por sacerdotes, escribanos de número y procuradores, y  tenía también el fin de costear la cera que se gastaba cuando se sacaba el Santísimo en procesión para llevarlo a impedidos y enfermos que así lo solicitaban, en público o en secreto, y también cuando se llevaba a alguna de las tres ayudas de parroquia existentes en la ciudad, igualmente cuando el Santísimo salía en la procesión del Corpus y su Octava. La Cofradía además costeaba una fiesta que se hacía en la Octava del Corpus y el Monumento que la Iglesia de Santa María hacía al Santísimo, corría con los gastos de las limosnas que se daban a los pobres, que era costumbre cuando se sacaba a la calle el Santísimo o el día de Jueves Santo con motivo del Monumento instalado en la Iglesia. Para cubrir estos gastos la Cofradía tenía algunas rentas, pero éstas eran insuficientes, así que los cofrades los cubrían con sus propios caudales.

Como ya he reseñado no hay un vinculo de enlace de esta Cofradía con la Agrupación de la Santa Cena ni la Cofradía California que las una directamente, pero si hay uno a mi parecer importantísimo, que no es otro que la representación del Santísimo Sacramento de la Eucaristía, vinculo directo y determinante por lo que representa y así lo hace la Agrupación de la Cena en la víspera y durante la celebración del Corpus Christi, Agrupación determinante en la Semana Santa cartagenera por ser el  único paso que representa la institución de un Sacramento, y así está perpetuado en la mente de todos los fieles  a lo largo del año, en cada celebración de la Eucaristía que se celebra en la ciudad. La dorada obra plástica penitencial que representan sus penitentes en la noche del Miércoles Santo por las calles de la antigua Cartagonova, hoy Cartagena, la distancian y la sitúan como la única Agrupación con carácter Sacramental de todas las que conforman la propia cofradía y la Semana Santa de Cartagena, motivo, creo que suficiente para no pasar de puntillas sobre ello. Y recordar la misión espiritual que cada domingo y fiestas de guardar nos recuerda el cuerpo y la sangre de Cristo en cada lugar santo, el sacrificio del Altísimo ante la herrumbre del alma humana.

La iglesia vive de la Eucaristía, en su más profundo carácter confesional, porque es en este sacramento donde se comunica a todos los fieles la misma vida de Cristo junto con el sacrificio de su muerte. Además, es la misma iglesia la que, celebrando continuamente la Eucaristía, hace presente a todas las generaciones la Redención obrada por Cristo en el Sacrificio de la Cruz. Para esto existe la Iglesia; para renovar incesantemente en la Eucaristía la Pasión y Muerte del Señor, la intención no es otra con este pequeño y profundo repaso teológico, la de expresar la enorme responsabilidad que ostenta esta Agrupación en la representación de la Última Cena cada Miércoles Santo, quizás sea pecar de excesivo orgullo, pero la máxima que pretendo compartir es la que representa este grupo escultórico, formado por trece imágenes, que si por su propia naturaleza de madera son mudos,  ostentan un alma que nos acerca a su gesticulante mundo plástico y nos hace participar de ese Sacramento y de ese enjambre de sentimientos representados en el mismo; pena, traición, cobardía, solidaridad, compromiso, amor,…..algo difícil de representar y que en este paso, cuanto menos ese mundo figurativo, llega fácilmente al fiel. Cristo está en la Eucaristía para ofrecerse al Padre en sacrificio perfecto, en función de dos objetivos: Ser un Sacrificio por el que los hombres tienen acceso al Padre y ser un Sacramento mediante el cual Dios se da a los hombres.

El Sacramento de la Eucaristía. La Santa Misa, aunque fue instituido en la Última Cena, su finalidad no es perpetuar la cena del Señor, sino el Sacrificio mismo de la Cruz. Este sacramento desborda las notas de los demás, en tanto estos producen la gracia, la Eucaristía contiene al mismo autor de ella. Los demás solo existen cuando se reciben; este permanece, por eso primero se produce y luego se recibe y permanece. Creo que la importancia del Sacramento ha quedado despejada, aunque no muy profundamente, sí lo suficiente para reconocer la importancia del mismo y la importancia y responsabilidad de quien lo representa en este conjunto de imágenes trasladadas a la calle a modo de museo itinerante en la catequesis penitencial que representan nuestros desfiles pasionales.

El significado se traduce en amor al prójimo, signo de unidad en este sacramento piadoso, gracia que nos llena el alma, de sacrosanta espiritualidad nos hace sentir que por momentos, sentimientos encontrados en el corazón, en el propio alma, pues se unen la tristeza y la alegría, el dolor y la esperanza, la pena y la felicidad, un mundo gesticulante de sentimientos que San Mateo nos narra: “ Mientras comían, Jesús tomó el pan, lo bendijo, lo partió y, dándoselo los discípulos dijo.- Tomad y comed , éste es mi cuerpo. Y tomando el Cáliz y dando gracias, se lo dio, diciendo, bebed todos de él, que esta es mi sangre, la sangre de la alianza, que será derramada por muchos para revisión de los pecados” (Mt.26, 26-28).

Cada Miércoles Santo, la iconografía del mundo gesticulante referido nos enseña paso a paso y nos recuerda la grandeza del sacrificio humano hecho divinidad, ese es el anagrama de los hermanos de la Santa Cena, el sacrificio hecho misericordiosa estampa, culminando tal crisol de sentimientos espirituales el Jueves Santo con la exaltación en riguroso y sereno silencio del Cristo Crucificado, ejemplo permanente de generosidad, donde el azul cobalto, el carburo del sacrifico de la mina y el tintineo de las lágrimas divinas derrochadas en la Muerte de Cristo en el monte Calvario afianzan el mensaje permanente de Fe, de Esperanza y sobre todo de Caridad, en un mundo que 21 siglos después parece no haber aprendido mucho.      

Andrés Hernández Martínez

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