Opinión

Desde la Repla: LA HUERTA DE LOS MILAGROS, EL VASALLAJE DE UNA CAPITAL SECUESTRADA. CARTAGENA

Plaza Toros Cartagena
Plaza Toros Cartagena
Desde la Repla: LA HUERTA DE LOS MILAGROS, EL VASALLAJE DE UNA CAPITAL SECUESTRADA. CARTAGENA

LA HUERTA DE LOS MILAGROS, EL VASALLAJE DE UNA CAPITAL SECUESTRADA. CARTAGENA

Tengo una tendencia creciente a quejarme del dolor moral que genera la política nacional, esa verbena de egos que retumba en la capital del Reino, o mejor, esa orgia frívola de saunas y prostíbulos, de abusos y robos, de malversaciones y extorsiones que nos rodean ya, de forma natural. Pero luego, como quien busca un remedio casero que termina siendo peor que la enfermedad, miro hacia el Palacio de San Esteban cuando visito Murcia y el Palacio Consistorial de Cartagena y se me pasa, de golpe no por alivio, sino por una suerte de anestesia mística con aroma a incienso. Es fascinante el volumen de indignación que puede generar Fernando López Miras en un simple "canutazo" de cinco minutos a la salida de una misa cofrade o una feria agrícola, ya de lonjas más que de pescaderías ni hablamos.

Uno lo observa ahí, con esa pose de quien acaba de descubrir el fuego, comiendo donuts y luego recuerda las cifras, una región con la deuda disparada a más de 13.000 millones de euros. El señor vive en un eterno "discurso de víctima" mientras su administración bate récords de recepción de financiación estatal. Entiendo, al fin, que su estrategia no es gobernar, sino sobrevivir en un búnker de retórica, parecido a Sánchez, pero a inglete, culpando a Madrid hasta de que el pastel de carne no lleve suficiente huevo duro o chorizo…, mientras mantiene a Cartagena bajo un régimen de vasallaje colonial que avergonzaría a los mismísimos Reyes Católicos, y ahí está la diva del servilismo apostando por la Ejecutiva populista popular….

Hablemos de números y del Milagro Económico de la Vaca Cartagena, la de la leche ya merengada. Esos fríos datos indican que en Murcia suelen cocinar con más aceite de palma o colza que un caldero mal hecho con buenos ingredientes del campo cartagenero. Cartagena no es una ciudad más, es el motor económico que permite que en San Esteban se sigan pagando los canapés de las inauguraciones a precio de amigo.... Si hiciéramos un ejercicio de honestidad intelectual, algo tan raro en política como un día sin medusas en el Mar Menor, veríamos que la provincia de Cartagena no es una rabieta nostálgica, sino una cuestión de pura supervivencia contable, entre otras como la histórica.

Cartagena aporta el 60% de la producción industrial de la Región y genera el 40% del PIB. Sin embargo, la inversión que regresa a la ciudad parece gestionada por un algoritmo programado para el desprecio sistemático. Es la paradoja de la vaca, Cartagena pone la leche, la alfalfa y el establo, pero el queso se reparte exclusivamente en la mesa de Murcia. El Puerto de Cartagena es el cuarto de España en tráfico de mercancías, un titán que mueve millones mientras sus beneficios se diluyen en un mar de burocracia centralista que prefiere gastar en tranvías que mueren en centros comerciales antes que en una red ferroviaria de mercancías digna de este siglo.

La Provincia. El centralismo impuesto por ambos sacrílegos partidos es un lujo que no nos podemos permitir. La segregación territorial es el único remedio contra la macrocefalia de una capital que ha decidido que la Región de Murcia es un sinónimo de la Gran Murcia. ¿Cómo se justifica que una comarca con más de 400.000 habitantes y el polo energético más importante de la península (Escombreras) no tenga autonomía administrativa? Pues se justifica con el miedo. Miedo a que, si Cartagena recupera su estatus provincial, el castillo de naipes de San Esteban se quede sin el pegamento que lo sostiene: el dinero de los cartageneros. La comarca del Campo de Cartagena, esa área metropolitana que San Esteban prefiere llamar las afueras con desprecio, aglutina a unos 383.807 habitantes distribuidos en más de 1.100 km². Pero si nos ponemos serios y sumamos a los municipios que comparten historia, economía y, sobre todo, el mismo olvido administrativo, la cifra supera ampliamente los 400.000 ciudadanos, no hablo en barbecho ni vendo humo...

La riqueza de Cartagena es utilizada por López Miras como aval para pedir créditos que luego no revierten en la ciudad. Es el arte del expolio con sonrisa de cartelería oficial. Mientras tanto, se nos niega la Provincia, una reclamación de justicia que devolvería la autonomía a una tierra que tiene más identidad y peso económico que más de una provincia actual. El centralismo de Murcia ha replicado los peores vicios del gobierno, pero con una cercanía que hace que el agravio escueza el doble. Reconocer la provincia de Cartagena significaría que el presupuesto dejaría de ser un monólogo centralista para convertirse en un diálogo entre iguales. Significaría que el dinero del puerto y de la industria de Escombreras se quedaría aquí para arreglar los barrios de Santa Lucía o Los Mateos, en lugar de financiar tranvías que parecen de juguete o museos vacíos en la capital

Un Cantón independiente, el Cantón del Contrato Menor o el "Diez Minutos" de Arroyo. El panorama de Noelia Arroyo no es menos creativo. Cartagena parece haberse convertido en el laboratorio del contrato menor. En el Ayuntamiento de la calle San Miguel han perfeccionado el arte de trocear la gestión para esquivar la fiscalización. Es el modus operandi del amiguismo burocrático. No lo digo yo, lo dicen las instancias superiores. La oposición, mediocre pero sonora, ya ha tenido que llevar estas irregularidades al Tribunal de Cuentas. Bajo la lupa están los contratos para eventos como "La Mar de Arte", donde la sospecha de la red clientelar pesa más que el valor cultural. Parece que, para este gobierno, la concurrencia pública es una molestia administrativa. Parece que prefieren el contrato menor, ese mecanismo diseñado para emergencias, no para planificar festivales como si fuera un buffet libre. ¿El objetivo? Evitar el engorroso trámite de la licitación pública, esa molestia que permite que otras empresas compitan y que el ciudadano sepa en qué se gasta cada euro. Es la cultura del dedazo disfrazada de apoyo a las artes.

Mientras tanto, la justicia ya le propinó un tirón de orejas histórico declarando nulo su primer gobierno o cogobierno. Pero claro, que la culpa de que el comercio local se hunda es de la "falta de apoyo de Madrid", no de la infra gestión. El guión es único: si no hay dinero, culpa a Sánchez; si hay dinero y lo gestionamos mal, oculta los datos bajo una montaña de confeti o de flores pasionarias.

Pero el vasallaje de esta noble ciudad no termina en las murallas. Dentro de Cartagena, el ayuntamiento de Arroyo replica el centralismo opresor de Murcia con sus diputaciones. Es urgente hablar de la creación de nuevos municipios. Lugares como La Aljorra, El Algar o la zona del Mar Menor claman por una gestión propia. No es solo descentralizar; es que la administración actual es incapaz de atender las necesidades de un territorio tan vasto mientras se gasta el presupuesto en flores para la calle Real, o filigranas en las rotondas.

La segregación territorial es el único camino para romper las cadenas de un ayuntamiento que actúa como un virreinato de San Esteban. Los vecinos ven cómo sus infraestructuras se caen a pedazos mientras el dinero se queda en el kilómetro cero para mayor gloria del Instagram o el Tik Tok de la alcaldesa. Cartagena necesita ser provincia, pero sus diputaciones necesitan ser dueñas de su propio destino.

Los Mateos y el polvo de la desidia. El desastre de la gestión Arroyo-Castejón tiene capítulos que rozan lo delictivo en lo moral. Los vecinos de Los Mateos han tenido que acudir a la Fiscalía ante la posible dispersión de material contaminado durante trabajos de descontaminación, desastre. El polvo está afectando a los residentes mientras desde la principal institución se mira hacia otro lado. Es la metáfora perfecta: remover la suciedad del pasado solo para que termine ensuciando los pulmones de los de siempre.

Pero la respuesta del PP no es limpiar el aire, sino exigir la dimisión de la directora del SEPES por "obstruir" la ZAL. Cuestionan trabas en el Corredor Mediterráneo mientras son incapaces de gestionar una obra local sin levantar una nube de metales pesados sobre sus vecinos. Es el cinismo elevado a categoría de administración pública.

Nos situamos en la Región en el índice del desprestigio supremo y la Sanidad de senderismo. Transparencia Internacional nos ha puesto en nuestro sitio, a pesar de los disfraces carnavalescos. Y uno se pregunta por qué, ¿Será por los 500.000 euros a pseudo medios? Dinero para que digan lo guapo que es el presidente y que no come donuts mientras las listas de espera del Servicio Murciano de Salud parecen rutas de senderismo con 38.000 pacientes esperando. ¿Será por la incoherencia millonaria? Pedir austeridad mientras el gasto en protocolo no deja de subir. Es más importante que el logo brille a que el consultorio de Los Mateos pase semanas sin médico asignado, o que barrios como San Antón o Cartagena Este, los padres tengan que peregrinar a las Urgencias del Hospital Santa Lucía porque su centro de salud parece más un decorado de película del Oeste que una instalación médica operativa. La realidad es que más de la mitad de las plazas de pediatría en la Región están cubiertas por médicos de familia ante la incapacidad de San Esteban para retener y atraer especialistas. 

¿Será por los inventos de la "Estrategia Marítima"? Otro órgano hueco inventado para hablar de economía azul, ¿eso que es lo que es? …, la carretera al Faro de Navidad desamortizada y hasta peligrosa y las obras de acceso en la falda de Galeras y Fajardo eternas, más contratos menguados o menores…  mientras, las estupideces no tienen color y barrios o feudos socialistas como Santa Lucía aprueban mociones dignas de la posguerra para que les arreglen una acera. Sumemos: 54 millones por sentencias urbanísticas. Millones de pérdidas acumuladas por el cierre de comercios en el centro y Parque Mediterráneo. Costes indirectos en empleo, tejido productivo y desertización comercial. El resultado no es solo económico. Es moral. Es el retrato de una ciudad que financia su propio ninguneo. Una capital histórica convertida en sucursal administrativa con filtro de Instagram a pesar del affaire del Cine Central sin futuro inmediato a pesar de las voceras de mercado, otro papel mojado en los programas electorales…

Epílogo de la Libertad. No queremos ser malpensados, pero en una Región donde se prefiere el enfrentamiento y donde Cartagena es tratada como una colonia extractiva, el hartazgo ha llegado al límite. Si López Miras y Noelia Arroyo dejaran de mirar a la Moncloa y a Génova 13 empezaran a respetar la entidad histórica de Cartagena y la necesidad de autogestión de sus diputaciones, quizás la Región tendría futuro. Pero para eso hace falta altura y no anchura de miras…, y no solo fotos con filtro. Milagro es que una ciudad que sostiene media región tenga que justificar su derecho a existir con autonomía contable. Quizá el verdadero cantón independiente no sea territorial, sino mental. Independizarse de la resignación.

Como decía Mark Twain: "La política es la única profesión en la que se puede mentir, engañar y robar, y aun así ser respetado". Aquí hemos añadido una especialidad: ser vasallo de Murcia y pretender que es por el bien de Cartagena. El tiempo de las excusas se ha acabado; el tiempo de la Provincia y de los nuevos municipios acaba de empezar. Siempre nos quedará el EFESE…

Andrés Hernañdez Martínez

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