Opinión

Desde la Repla. EL ESPERPENTO AUTONÓMICO. MURCIA Y CARTAGENA EN VIÑETAS

Plaza Toros Cartagena
Plaza Toros Cartagena
Desde la Repla. EL ESPERPENTO AUTONÓMICO. MURCIA Y CARTAGENA EN VIÑETAS

EL ESPERPENTO AUTONÓMICO. MURCIA Y CARTAGENA EN VIÑETAS

Hubo un tiempo, quizá imaginado, quizá simplemente mal recordado en el que la política se explicaba con mapas, presupuestos o discursos, hoy se entiende mejor con tinta china, onomatopeyas y un buen estallido de imprenta. La Región de Murcia y su inseparable Cartagena parecen haber entrado definitivamente en el catálogo de Bruguera, ese universo donde la realidad no se analiza, se dibuja a golpes de carcajada nerviosa y resignación.

Aquí, como en los viejos tebeos, nadie gobierna del todo y nadie se va del todo. Los personajes entran, salen, anuncian, desmienten, inauguran rotondas metafísicas y se felicitan por logros que todavía están en fase de explicación. El lector, que en este caso es ciudadano, no sabe si está ante una administración pública o ante un gag prolongado con presupuesto europeo. Murcia ya no es una región, es una historieta autonómica con capítulos interminables, donde el argumento cambia menos que los decorados y donde cada pleno municipal o parlamentario parece escrito por un guionista con exceso de café y déficit de coherencia narrativa.

I. LÓPEZ MIRAS Y EL ARTE DE SOBREVIVIR AL ARGUMENTO

En este universo de viñetas institucionales, el presidente regional ha adquirido un rasgo propio de los personajes clásicos del cómic español, la capacidad de seguir en escena, aunque el guión haya cambiado tres veces, dos gobiernos y una legislatura entera. Podríamos llamarlo, si lo permiten, López Mirasman, un personaje que no combate enemigos sino versiones alternativas de la realidad. Así, donde otros ven crisis, él ve oportunidad comunicativa, donde otros ven atasco administrativo, él detecta dinamismo estructural, donde otros ven conflicto político, él descubre “diálogo constructivo en fase avanzada de interpretación”. No es resistencia, es continuidad narrativa.

Como Mortadelo, cambia de contexto sin cambiar de esencia. Como Filemón, persigue soluciones que siempre están a una rueda de prensa de distancia, como todo personaje de Bruguera, su tragedia íntima consiste en aparecer en todas las viñetas sin lograr dominar ninguna, como carpanta buscando dónde hincar el diente. Murcia, la región, bajo esta lógica, no avanza ni retrocede, simplemente pasa página y ahí está su éxito.

II. CARTAGENA O LA ETERNA EXPLOSIÓN CONTROLADA

Cartagena merece capítulo aparte, porque si Murcia es un tebeo, Cartagena es una saga dentro del tebeo, un spin-off institucional con tendencia al fuego lento, una obra que nace a partir de otra obra ya existente, pero centrada en personajes secundarios, como la actriz secundaria “Bob” de los Simpson, con perdón. Aquí la política local tiene algo de laboratorio de Bacterio y algo de puerto antiguo donde todo se oxida menos el conflicto. Cada proyecto nace con vocación de epopeya y termina convertido en expediente, cada anuncio parece diseñado para el futuro y cada debate termina explicando el pasado.

La alcaldesa Arroyo, figura de trazo firme en esta viñeta municipal, habita un ecosistema donde gobernar consiste menos en decidir que en sostener el equilibrio entre el titular y la realidad. Como en las viejas historietas, el problema nunca es el hecho, es su interpretación posterior en tres versiones contradictorias. Cartagena, en este sentido, no se administra, se narra. Toda narración política en clave de tebeo tiene un principio inamovible, si algo funciona, se explica, pero, si algo no funciona, se reinterpreta, y si algo explota, se inaugura.

III. LA T.I.A. AUTONÓMICA. CONSEJERÍAS Y DEMÁS INVENTOS

Si Ibáñez hubiera nacido en la administración pública regional, no habría creado la T.I.A., la habría observado en directo. El ecosistema institucional recuerda peligrosamente a aquella organización donde todo proyecto era urgente, toda misión era secreta y todo resultado era… discutible.

Las consejerías parecen laboratorios donde las ideas se aprueban antes de ser entendidas, y los planes estratégicos tienen la duración exacta de una rueda de prensa. Nada fracasa del todo porque nada llega a ejecutarse completamente. Ese es el éxito, por ejemplo, de los programas de CAETRA, Defensa y Formación, entre otros. Así, el ciudadano, convertido en Filemón involuntario, asiste al espectáculo con la expresión de quien ya ha sido aplastado por demasiadas cajas fuertes narrativas como para sorprenderse de la siguiente. El Súper, metafísico, invisible y omnipresente aparece de vez en cuando para recordar que todo va bien si se mira desde el ángulo adecuado y con la suficiente fe institucional.

IV. ROMPETECHOS EN MURCIA, LA PERSPECTIVA OFICIAL

El gran hallazgo de la política regional contemporánea es haber institucionalizado la miopía como método de gobierno. Rompetechos no era un personaje, era un sistema de percepción. En Murcia y Cartagena, la realidad se observa parcialmente, nunca completa. Si algo es evidente, se fragmenta, si algo es incómodo, se difumina y si algo es complejo, se aplaza.

Así, los problemas no desaparecen: simplemente dejan de coincidir con el encuadre. La ventaja es evidente, todo parece más estable cuando se mira mal. El inconveniente es que la realidad, obstinada, no respeta el enfoque.

V. SUPERLÓPEZ Y EL PESO DE LO SOBRENATURAL ADMINISTRATIVO

Hay asuntos que ya no caben en la lógica del tebeo tradicional. Migración, demografía, servicios públicos, cohesión social… temas demasiado grandes para la viñeta de cuatro cuadros. Aquí entra Superlópez, ese héroe que nunca quiso serlo, pero al que la realidad obliga a cargar con problemas desproporcionados.

La Región de Murcia, como muchas otras zonas de España, se enfrenta a transformaciones demográficas y sociales de una magnitud que no admite eslóganes ni atajos narrativos, la política, fiel a su naturaleza de tebeo, prefiere el disfraz al diagnóstico. Así, los debates se convierten en consignas, las consignas en banderas, y las banderas en sustitutos de la conversación real. Superlópez lo resolvería con un vuelo improvisado, la política, en cambio, lo convierte en rueda de prensa.

VI. 13, RUE DEL PERCEBE: EL EDIFICIO MURCIANO

Si alguien quisiera dibujar la Región de Murcia como historieta definitiva, bastaría con copiar el edificio de 13, Rue del Percebe. En la planta baja, el comercio de promesas, en el piso superior, el vecino que siempre sabe algo, pero nunca lo concreta, en la azotea, el que vigila sin ver del todo y en el medio, los ciudadanos, intentando sobrevivir al ruido estructural. Cada planta interpreta la realidad a su manera, y todas coinciden en algo esencial, nadie tiene culpa de nada, pero todo ocurre por alguna razón profundamente compleja que nadie tiene tiempo de explicar.

VII. EL EDIFICIO CARTAGENERO.

Gallo y Torres aportan el contrapunto perfecto: uno como ruido de fondo con pretensiones de solista y otro como melodrama de feudo eterno con vocación de eternidad burocrática. VOX, entretanto, entra y sale de la historieta como quien busca autor en mitad del guion, oscilando entre el arrebato y la duda existencial con estética de spin-off sin final escrito.

En la planta baja del edificio institucional cartagenero habita el portavoz del entusiasmo permanente, MC, un personaje que no habla, proclama. Cada intervención suya parece diseñada no para explicar la realidad, sino para vencerla por agotamiento. Sus vídeos intensos, cuidadosamente iluminados pertenecen al género del monólogo heroico en el que la ciudad siempre está al borde del renacimiento…, aunque el ciudadano más atento sospecha que el renacimiento se ha aplazado varias legislaturas por problemas de agenda.

En ese mismo edificio, en el segundo piso, vive el gestor del desencanto estructural, antiguo protagonista de grandes expectativas y ahora especializado en la administración de la frustración, PSOE. Su historia es la de quien alguna vez fue promesa, ni eso, y terminó convertido en saldo emocional, siempre en tránsito entre la influencia perdida y la relevancia anunciada para “la próxima temporada política”. Su mayor logro consiste en seguir apareciendo en la viñeta, aunque el argumento ya haya cambiado tres veces de decorado.

En el ático se encuentra el verso suelto del sistema, figura errática, imprevisible, inclasificable incluso para los administradores del edificio de un partido condenado al ostracismo de la indiferencia, “Sí Cartagena”. No responde a guiones, no respeta escaletas y rara vez coincide con la versión oficial del relato. Su papel es incómodo porque introduce una variable prohibida en todo tebeo político, la duda. En un universo donde todos declaman certezas, él insiste en las preguntas quizás buscando hueco en el socialismo para la legislatura próxima, lo cual lo convierte automáticamente en problema técnico del guion.

Y en la escalera, ese espacio liminal donde las ideologías suben, bajan y a veces se pierden, aparece una formación política que no termina de decidir si es protagonista, antagonista o simple testigo de su propio argumento, VOX. Su posición oscila entre la afirmación y la retirada, entre la ambición y el cálculo, entre la valentía declarada y la prudencia estratégica. Es el personaje que entra en escena anunciando que va a cambiar la historia… pero todavía está buscando el mapa gracias a sus fichajes de saldo.

El edificio entero, como no podía ser de otra manera, está presidido por una lógica de Bruguera, cada planta cree que interpreta la realidad con mayor precisión que la anterior, y todas coinciden en algo fundamental, la culpa siempre es del piso de arriba o del de abajo, nunca del propio. Mientras tanto, el ciudadano, ese eterno Filemón cartagenero sube y baja escaleras sin ascensor narrativo, intentando entender por qué cada cambio de gobierno promete ser el último capítulo… y resulta ser simplemente el siguiente episodio de la misma serie con distinto título.

VII. EL LECTOR YA SABE EL FINAL

Lo más inquietante de esta historieta regional y local no es lo que ocurre, sino la sensación de haberlo leído antes. Los personajes cambian de nombre, los titulares cambian de fecha, los problemas cambian de etiqueta… pero el argumento insiste en repetirse con una fidelidad casi literaria. Como en los viejos tebeos, el lector aprende a reconocer el final desde la mitad del relato, sino antes, cuando todo se complica demasiado, alguien sonríe en rueda de prensa. Y entonces entiende que nada se ha resuelto. Solo se ha pasado de viñeta.

VIII. LA COMISIÓN DE INVESTIGACIÓN O "13, RUE DEL EXPEDIENTE"

Y cuando el lector pensaba que el TBO ya estaba completo, apareció el número extraordinario, la Comisión de Investigación sobre Turismo, una especie de capítulo especial donde los mismos personajes investigan a los mismos personajes bajo la atenta mirada de los mismos personajes. Una genialidad editorial. En Cartagena ya no se discute quién tiene razón, sino qué versión del reglamento toca interpretar ese día. Ibáñez habría pedido derechos de autor.

La oposición, convertida por unas horas en el improvisado Sindicato de Damnificados del Pendón…, reclama aclaraciones porque ni el procedimiento consigue ponerse de acuerdo consigo mismo. La comisión nace investigando presuntas irregularidades... mientras genera otras nuevas sobre cómo debe empezar a investigar. Es el equivalente institucional a que Mortadelo abra una investigación sobre un incendio mientras él mismo sostiene el bidón de gasolina.

La protagonista involuntaria, Beatriz Sánchez del Álamo, pasa de formar parte del reparto gubernamental a convertirse en personaje clave del misterio tras denunciar un supuesto uso irregular de fondos turísticos por parte de la propia alcaldesa, la estupidez en su máxima expresión. El argumento da un giro tan brusco que ni los guionistas de Marvel se habrían atrevido a tanto. Para completar la viñeta aparece incluso una supuesta grabación, ese recurso narrativo que en la política española sustituye desde hace años a los testigos, los documentos y, a veces, hasta al sentido común.

Mientras tanto, la oposición solicita una Junta de Portavoces extraordinaria para averiguar cómo demonios funciona la propia comisión. Es decir, antes de investigar el caso hay que investigar el reglamento de la investigación. Un nivel de metapolítica que convierte el Ayuntamiento de Cartagena en el primer consistorio donde las instrucciones de uso necesitan otra comisión de investigación.

Y así continúa la historieta. Nadie dimite, nadie aclara demasiado, todos reclaman transparencia y a Dios gracias no las eróticas…, UUUFFFFF, mientras discuten quién preside la reunión encargada de buscarla. El ciudadano observa la escena como el eterno Filemón atrapado en un despacho de la T.I.A., convencido de que el misterio ya no es qué ocurrió con el dinero del Turismo, sino cómo es posible que cada nuevo capítulo consiga superar al anterior sin abandonar nunca el mismo decorado.

 

Andrés Hernández Martínez.

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