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“Prometer prometer hasta meter, y después de metido nada de lo prometido”

Y con esto poco a poco atravesamos el ecuador del primer mes del año 22. Yo creo que, al menos para los que peinamos canas, estos dos últimos años no deberían contar, -bueno, ni para la juventud tampoco-.
Evidentemente, y el más guapo que me lo rebata, no ha habido peor gestión y más cara que la de esta pandemia, lo que al mismo tiempo quiere decir que alguien se está forrando con ella, y todo apunta a los mismos que la provocaron; de paso algún listo, lista o liste algo se lleva. Porque si nos ponemos a analizar números, dicho sea de paso reflejados según fuentes en las declaraciones de la renta, por poner un ejemplo, en 2.016 Irene Montero declaró unos ahorros de 6.823 €, lo que no está mal para una cajera, y sin embargo el pasado año 2.021, declaró 629.969,72 € de los que 335.049 € son en bienes raíces, lo que nos viene a decir que desde entonces su riqueza la ha multiplicado 92 veces ¡Que tampoco está mal! Pero para hacer una comparativa ecuánime y decente en cuanto a sus berridas promesas de igualdad, lo lógico sería hacer una equiparación fiscal contrastada con el resto de cajeras de supermercado de España -que no hayan ocupado cargo o carga pública- en el mismo periodo y así sacar una conclusión justa y exacta.
Irene, no sé si “podemos”, pero tú si que has podido. Esto del ministerio de la Igualdad como el de consumo, a día de hoy tienen la misma validez que el visado australiano de Novak Djokovic, con la diferencia que los dos primeros los pagamos todos los españoles; lo del tenista es lo de menos, si bien es cierto no ha sido sincero, pero nos rasgamos las vestiduras por este caso en el que la ley australiana ha sido inflexible y sin embargo cuando aquí entran escupiendo, arrojando ácido y orines a los que custodian la frontera encima “les ponemos un piso”.
Por todo ello, la conclusión y sin lugar a dudas la deducción correcta de todos estos politicuchos del tres al cuarto es que todo lo que prometan es absolutamente mentira y que cuanto más berreen y rebuznen al prometer más incierto es lo que van a hacer, y caso peor es el de los populistas que juran y perjuran la tierra prometida y después solo satisfacen a sus estómagos agradecidos, es decir, “prometer prometer hasta meter, y después de metido nada de lo prometido”. Necesitamos un cambio en profundidad y seguramente nos sobraría mucho dinero para el bienestar que debe repercutir en quien lo genera y si sobra, que seguro que sobra, por supuesto para la caridad.
Y así como de costumbre y en la vespertina sobremesa del domingo, enciendo el puro y entre sus aromas y los sabores del café, aprovecho estas letras con la única excusa de decir lo que pienso y para enviar un fuerte abrazo a amigos y familiares.

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