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SABORES DE NUESTRA TIERRA

SABORES DE NUESTRA TIERRA

A veces doy por hecho que los que hoy me estáis leyendo, ya lo hacíais hace ocho o diez meses, o quizás me habéis descubierto ahora y “rebuscáis” en artículos pasados de ésta, como me llama mi amigo y director del Teatro el Desván,  Pepe Salguero, “contadora de sueños”.

Si es así, quizás os acordéis de aquella mañana que ni corta ni perezosa me subí al coche de un cartero rural y recorrí con él parte del campo de Cartagena. A raíz de ahí salieron otros artículos, fruto de la casualidad, y hubo un lugar que supe que volvería en alguna ocasión. No sé si por el entusiasmo que el cartero mostraba al pasar por allí, por las curiosidades de la zona que yo desconocía o por todas esas cosas juntas. Hablo de Tallante, ese entorno especial donde hay una leguminosa diferente que pinta de amarillo una zona volcánica que tenemos aquí. “El garbancillo de Tallante”, o dicho de manera muy científica, a ver si lo escribo bien…., ASTRAGALUS NITIDIFLORUS. Tallante es el único lugar del mundo donde florece este lujo para  el paladar de muchos. Y es que dicen que su existencia aquí viene ligada a las zonas volcánicas del Oeste de Cartagena, y especialmente al volcán CABEZO NEGRO DE LOS PÉREZ.

Y es aquí, en Tallante, donde este cartero muy rural me habló de una quesería artesanal, como todo lo que se hace por estas tierras, y donde él disfruta de muchas de sus delicias caseras. Y me quedó a mí esa inquietud por conocer ese lugar y , como no hay nada que se me pueda quedar en el tintero, o al menos eso intento, unos meses después he tenido la suerte de pasar una mañana en familia en Sabores de Tallante, una quesería muy especial donde Alfonso, que me dice que ha perdido la cuenta de la generación a la que pertenece, nos ha enseñado dónde ocurre todo, dónde empieza y termina el proceso para que podamos deleitarnos con esos sabores que saben a los de entonces, pero con toda la innovación que las nuevas generaciones van introduciendo como notas de música de la que enamoran.

 

Es sábado, un día precioso y soleado de Diciembre, y en plena vegetación y aire puro, esta familia de cuatro locos que se dejan llevar por mis ganas de saber y contar, van a pasar unas horas de esas que se quedan para siempre, de esas que sólo encuentras cuando te alejas un poco de la vorágine de la ciudad.

¿O estar en una sala de ordeño de cabras es lo más cotidiano en nuestro día a día?

Una sala de ordeño 2.0, vamos, lo mejor de lo mejor. Nos cuenta Alfonso que cada cabra lleva un pendiente con un número de identificación, y cuando entran a la máquina de ordeñar es capaz de contarles si la cabra tiene fiebre, la cantidad de proteínas que tiene su leche, la cantidad de leche…. ¡Y en esa misma sala las vacunan, le cortan las uñas….!

El padre de Alfonso las conocía a todas, el hombre no necesitaba tanta identificación, pero claro, eso eran las gentes de entonces, ahora su hijo dice que sería incapaz. 

¿Sabéis que las cabras de Alfonso tienen una genética de la más valorada?, son de raza murciano granadina, y no son las más lecheras, unos tres litros al día, pero tan rica….

 

¿Pero qué es esa cosita preciosa que duerme a nuestro lado? Una cabra de cuatro días que desprende esa ternura…. ¿Os habéis dado cuenta que hasta la persona con el carácter más agrio no se puede resistir ante una cosita así? Y claro, pedimos permiso, porque tenerla en brazos es lo más tierno que nos pasará en mucho tiempo. Dice Alfonso que en los dos primeros días ya tienen dos dientes. Y me he enterado de algo que seguramente como soy de mucha ciudad y tacón…. ¡que las cabras sólo tienen los dientes de abajo!

 

Y otra curiosidad, al menos para mí, no salen al monte hasta que son mamás.

¿Así que sabéis que hacen mientras tanto? Pues he tenido la posibilidad de verlo con mis propios ojos, corren todas de un lado a otro, por una zona amplia que tienen para ellas…. ¿La expresión estás como  una chota?, ja, ja, pues ya me han enseñado de dónde viene. Aunque yo prefiero mil veces estar como una chota que aborregada, porque me dice Alfonso que las cabras son más inteligentes con diferencia que las ovejas.

La verdad es que es un lujo observarlas, respiras a…., bueno, el aroma no es que sea  Chanel Nº 5, pero respiras a vida, a  libertad….

¿Y quién hay siempre junto a una multitud de cabras?, pues claro, el perro. Pues uno de esos perros que nació y creció con ellas, le ha pasado como a tarzán, ja , ja. Dicen que se siente  una cabra más, que se pone a la cola de la vacunación, que come lo mismo que ellas… ¿se puede ser más achuchable? Eso sí, ¡está como una chota!

Lo que no sé es lo que hará el perrete cuando esté en la época de partos, porque todas las cabras preñadas están juntas, les hacen las ecografías e intentan que los partos también coincidan. ¿Os imagináis al perro en la cola para la “eco”?.

Viven como reinas, escuchan música, ambiente amplio, estoy por ver si hago como el perro y me convierto en una de ellas, aunque seguro que alguno que tengo cerca pensará que no daré muy buena leche…., o quizás se equivoque y en ese lugar tranquilo y relajada de la leche más dulce que la condensada.

Lo que sí es cierto, es que cuando la materia prima es de primera calidad, lo que después ocurre en la quesería no es más que el resultado de todo ese cariño.

¿Alguien sabe quién era la nenica de Tallante? Se llamaba Fulgencia,  abuela de Alfonso, y siguen haciendo el queso con su misma receta.

Y seguro que conociéndome no os va a resultar nada raro que os diga que…. ¡hice un queso! Y doy fe que todo se hace manual, con leche entera, sal y cuajo. Y como expertos allí, removiendo con una lira, que viene a hacer el efecto de cinco cuchillos, se hace grano tamaño de lenteja. Vaya que sí, que empiezas con ilusión, pero oye, cansa ¿eh?

Pero qué divertido meterlo en sus moldes, darle la vuelta como si lo hubieras hecho toda la vida, separar el queso del suero y……..un maravilloso queso que dice Alfonso mejor no nos lo comemos. Ja, ja, nuestros quesos no han pasado el control de calidad. Y no será porque no hay medidas de higiene, que me he cambiado más veces de patucos y bata   que  la Rocío Jurado en sus conciertos. Pero ese quesito tan mono, han decidido que mejor no nos lo comemos.

 

Y entonces le pregunto a Alfonso por todos esos tipos de quesos que yo ya me he encargado de informarme antes de venir y que tienen una pinta especial. Y lo primero que me dice es que ellos utilizan ocho litros de leche para un kilogramo de queso…. ¡Claro, aquí no puede haber truco!

 

Y que los nuevos quesos van surgiendo y llevando el nombre de las personas en las que se han inspirado, y así es como nació el queso joven del abuelo Pepe, que consiguió el oro en el campeonato gourmet de España, de lo que el hombre estaría muy orgulloso. Luego nació su nieto y quisieron hacer un queso como él, refrescante, suave…y así surgió Izan suave terciopelo, que ganó la medalla de bronce en campeonato world cheese awards entre más de cuatro mil quesos de todo el mundo.

Estoy yo pensando que si hicieran un queso inspirado en mí, ¿cómo lo llamarían?

Corramos un tupido velo a esta pregunta, ja ja.

La verdad es que  Alfonso hace que todo sea especial, porque lo vive y lo disfruta, ponen el cariño en cada cosa que hacen, sus membrillos, sus yogurts, y el arroz con leche que me han dicho que está de rechupete

Y se nota, porque hace unos días vi un video donde preparaban unas cajas de madera con un lazo rojo de esos navideños que me vuelven loca y pensé, ¡qué regalo más bonito para Navidad! Porque yo, supongo que será la edad, pero cada vez quiero menos regalos de esos que se convierten en un trasto a los dos días, y que me regalen gastronomía, ocio y cultura.  Y entonces las veo allí, ordenaditas, con quesos de todo tipo, al pimentón, con trufa,  rulo de cabra con pasas…. ¡Ummmm!

¿Os digo un secreto? No tomo leche desde que mi madre dejó de obligarme, amenazada con eso de que mis huesos no iban a tener calcio y mil cosas que seguramente sean verdad pero…. Y no como queso Alfonso, ahora me vas a matar. A ver, lo explico, no como queso salvo queso fresco, queso fundido en un sándwich, y no tomo leche excepto los granizados de leche en verano de mi amigo del Kiosco de Pepe.

Bueno, mejor dicho, no comía quesos salvo ahora que he probado esos quesos de trufa y los de papaya que están para chuparse los dedos. Así que ahora en mi lista de gustos, estarán incluidos muchos de los de SABORES DE TALLANTE.

Sí, soy más rara que un perro verde, pero prefiero que me digan que estoy……como una chota.

Ay, y por eso se me olvidaba contaros, ¡ he ordeñado una cabra!

FELIZ DOMINGO DE NAVIDAD

EVA GARCÍA AGUILERA.

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