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Y con esto poco a poco ya no son cuatro los «Cayetanos» ni tampoco sólo del Barrio de Salamanca, Ramón Galindo

Y con esto poco a poco ya no son cuatro los «Cayetanos» ni tampoco sólo del Barrio de Salamanca. Si bien es cierto que las normas de distanciamiento en las manifestaciones son difíciles de cumplir, no es menos cierto que son mucho mayores y responsables que las concentraciones de ciertos entierros donde la bandera protagonista no era la nacional sino le de la URSS. También es verdad y hay que reconocerlo, que cuando acaban, excepto unos unos golpecitos en una señal de tráfico con un palo de golf, como de los que usa el padre de Echenique, y los clavos colocados en el recorrido de los vehículos de la protesta, a pesar del llamamiento de Pablo Iglesias para combatir el derecho a manifestación y la arenga para que se escrachen otras viviendas, no ha habido más novedades.
Y eso que el vicepresidente Iglesias «el de la casta» el que más cobra y que vive en una casa de «protección oficial» (ya que está oficialmente protegida) mientras el resto de españoles nos tenemos que buscar la vida para que no «okupen» nuestras viviendas , ya no se acuerda cuando iba de antisistema aplicando tácticas de arrase urbano, de intimidación, de quemar coches y mobiliario urbano y por supuesto de inventar y fomentar los «escraches» que ahora tanto le molestan, hasta el punto de mandar desde el Ministerio del Interior a cortar una calle de todos, para él solito. Este «jarabe democrático» que como aceite de ricino quienes lo recetaron, ahora infectados no lo toleran, es como ese amigo, el graciosillo de la pandilla que le gusta gastar bromas, pero que no tolera que se las gasten a él.
Y ya dando sus últimos coletazos este «estado de excepción» disfrazado de estado de alarma y que el gobierno tanto teme que se le acabe, pues a Sanchez, Iglesias, Echenique, Rufián y esta panda de incapaces, lo que le interesa es tener a la gente recluida y callada.
Echenique desde su Twitter crítica a los manifestantes por ir en contra de los científicos. Yo creo que este tío es tonto, tanto no se lo puede hacer, ya dije la semana anterior, que no le podemos consentir que se refugie en la coraza de su invalidez física y su inmundicia para protegerse de críticas con esa defensa, pero no es sólo su incapacidad de movilidad lo que le dota de inutilidad, sino más aún su odio y resentimiento aderezados de una incapacidad mental sublime.
«Y ahora más de setenta días de haber preñado a la novia, le decimos al novio que se ponga el preservativo» y nos obligan a ir con mascarilla.
Después de comprar las mascarillas a empresas fantasmas de «amiguetes del régimen» de haber comprado los tests a los mismos o parecidos y siempre a precio de oro, mascarillas sí, guantes ya veremos.
Como de costumbre en la sobremesa dominical, enciendo el puro de los domingos, para entre su humo y el aroma del café, aproveche para a vuestra salud y en perjuicio de la mía, enviaros este abrazo virtual a amigos y familiares.

Ramón Galindo.

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