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Y sonó la flauta

Y con esto poco a poco sonó la flauta.
Y en este país y por tradición suena de dos maneras, o bien por un flautista profesional o por un burro que la sople. Y en ambos casos, bien sean ratones, incautos o abducidos por sus celestiales notas, muchos les siguen de pies juntillas como si del profeta prometido se tratase.
Y el emisor de las notas, burro o flautista, en ocasiones listillo, o las tres anteriores juntas es el único beneficiario de la música. Claro está que la música en forma de arenga que sueltan estos burros o flautistas no son más que mentiras que se asientan en Sanchos Panza creedores de alcanzar la gobernaza de una ínsula, o provincia o bienestar.
Y así igualmente que el “presunto” doctor Simón hoy hace un año que predijo que no afectaría “mucho más allá de algún caso diagnosticado” nos afectaría, y que muchos, por no decir casi todos casi le creímos (me incluyo).
Pero lo peor es que Simón siga tocando la flauta, que vuelva a decir que la cepa británica no afectaría más allá que “de forma marginal” y aún así, no pocos ratoncillos siguen bailando la música de su flauta. Y lo peor de todo esto es, que ya llevamos más de 80.000 muertos y el resto de la banda “de soplagaitas” lo mantienen dirigiendo la orquesta.
Pero este, es como el burro que sin querer y sin saber hizo sonar la flauta. Los peores son los profesionales que al son de sus mentiras atraen a crédulos “ratoncillos” que aunque luego vean y comprueben las mentiras, continúen siguiendo a los flautistas, bien por estar impregnados en la vorágine o bien por haberse aferrado con ellos a la vorágine del negocio de la música.
En política no debería valer todo, aquí para ser “técnico en limpiezas urbanas” lo que venía siendo barrendero de toda la vida, hay que pasar unas pruebas escritas, médicas y psicotécnicas. Yo a los políticos les añadiría las psicotropicas y por supuesto tal y como ellos cacarean, en cuanto tuvieran una condena, a la puta calle.
Y no sería justo también decir, que quienes al servicio de los ciudadanos, fueron injustamente acusados y acosados envolviéndolos en onerosos procesos judiciales, y que a posteriori la justicia les diera la razón y liberara de todas las culpas, los propios partidos deberían tener los valores morales de resarcirlos y restituirlos a sus puestos (valores que demuestran no tener) o al menos la justicia debería llevar implícita dicha restitución.
Y aquí, entre burros y flautistas discurre esta pandemia, en la que al menos y en privado aún no me han prohibido este puro de los domingos, que a vuestra salud y en perjuicio de la mía, mezclo con los aromas del café y aprovecho para teclear estas letras y enviar un fuerte abrazo y mucho ánimo a amigos y familiares.

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