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EL MISMO MAR DE MIS ÚLTIMOS ENEROS

EL MISMO MAR DE MIS ÚLTIMOS ENEROS

Y allí estabas tú, como siempre. Disimulado, calculando el tiempo que tardaría en guardar todas las ilusiones de los días de bullicio interminable, en una caja bien cerrada en la que todavía se alcanzaba a ver el brillo de las bolas plateadas y las luces intermitentes.

Expectante , así estabas tú, contando los minutos en los que daría fin a las últimas migajas del rollo de pascua que quedaba al fondo de la caja de lata coloreada de rojos y verdes, que acompañaba a mi infusión calentita, dispuesta para ir a verte.

Y aquí estoy, mi mar inmenso, de nuevo a tu lado.

Hoy he preferido cerrar los ojos un rato para sentirte. Me han contado, que cuando solo hay oscuridad, el resto de los sentidos se agudizan para ver con el corazón.

Y sin verte te imagino. Y al imaginarte me entra la risa. ¡Te tengo desconcertado!

No sabes si estoy triste o contenta. Si te voy a inundar de preguntas o he venido acompañada del silencio.

Si voy a acentuar tu sabor salado con mis lágrimas de tristeza o la sonrisa se quedará a acompañarnos toda la mañana, mientras las nubes juegan a crear escenarios sombríos que se convierten en sol de vida en unos segundos.

¡Ay, mi mar bonito, cuánto te he echado de menos!

Me convertiré en orilla para sentirte más cerca. Para contarte flojito mis ilusiones de nuevo, confesarte mis temores y suspirar, cuando los rayos de sol de la mañana me regalan el lienzo perfecto que me quiero llevar a casa.