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El tren de la bruja o el tren de la zeta, Ramón Galindo

El tren de la bruja o el tren de la zeta.

Y con esto poco a poco, con el primer domingo de febrero y ya en segundo año de pandemia, echamos a andar, no más de dos juntos según en qué parte de España estés, <<yo hoy bien acompañando>> y también sin límite ni dirección con la misma pauta que la anterior. Pues es muy evidente que el primer principio que debiera dominar un país avanzado y democrático sería el de la igualdad entre todos sus ciudadanos, y queda de manifiesto que después de 40 años aquí aun no se ha conseguido, es más si cabe, las diferencias aumentan de continuo y a pasos agigantados.
No seré yo el que culpe al Gobierno de estar sumidos en una pandemia, pero sí y sin duda de que primero nos quisieron engañar con lo de “uno o dos casos” y con lo de la vuelta a la normalidad, lo que demuestra que o está mal gestionado o que no tienen ni puta idea. Después sin capacidad alguna de gestión, nos encerraron caóticamente en arresto domiciliario antes nunca visto, y cuando “creo” que se dieron cuenta de lo incapaces que fueron, le pasaron el muerto a otros, creando una torre de babel dentro de los reinos de Taifas, donde como de costumbre, aquí sí y allí no.

Por un lado y con estadísticas de contagios y muertes superiores a la etapa del encierro, se puede salir a la calle, e incluso los niños pueden ir al colegio, por lo que una vez más se demuestra que la gestión anterior fue errónea. Por otra, en provincias con mayor índice de contagios permanece abierta la hostelería que en la de menor donde permanece cerrada, dichos índices no suben proporcionalmente a los cafés y tapas que se venden en los bares. Y ahora nos salen con las elecciones catalanas, donde sí se puede ir a votar aunque las toses sean más verdes que los vómitos de la niña del exorcista.

Esto se resume en una clara conclusión: La incapacidad publica y manifiesta de gestión de un gobierno de convivencia y conveniencia de dos inútiles gestores.

No hace falta sacarle más brillo, aunque ellos no lo hacen y sus medios lo evitan, a todos los chanchullos que tanto el PSOE como Podemos están haciendo de su capa un sayo, a creerse dueños y señores del país y sus instituciones. No es necesario, ni siquiera jocosamente, recordar al Monedero que cobraba sin ir a trabajar, a Echenique que elude pagar la seguridad social de quien lo atiende, al que a horas prohibidas estrella el BMW y se pira para evitar la transparencia de la que tanto cacarean, y que dimite echándole la culpa a quienes se lo recriminan, pero que tres minutos más tarde nombran en el cargo a la mujer del que le acompañaba en la correría nocturna a los de Galapagar que han convertido de su casoplón en un fortín con servicio a sueldo del resto de los españoles.

¡Y si solo fuera eso! Pero no, esa inoperancia incompetente también redunda en las decisiones económicas y estratégicas. Por ejemplo, si estos tuvieran estudios (no digo ya cátedras) y supieran algo de geografía (muy leve) y de geometría, (poco, no hace falta mucho), sabrían que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta ¡Pues no! Ahora resulta que el tren que sale de Cartagena hasta Madrid, pasando por Murcia, se coge en Orihuela, es decir una zeta.
Por consiguiente, mejor diseñado estaba el tren de la bruja.

Y así, y mientras pueda, a vuestra salud y en perjuicio de la mía, las tardes de los domingos, hoy después de un suculento cocido, seguiré disfrutando del humo del puro y escribiendo unas letras, con la única excusa de enviaros un fuerte abrazo a amigos y familiares.

Ramón Galindo.

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