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«La magnitud de los problemas depende de uno mismo» La historia de superación de Gonzalo Ariño

«La magnitud de los problemas depende de uno mismo»
La historia de superación de Gonzalo Ariño

En la vida, al igual que en una carrera ciclista, hay subidas y bajadas. Igual que los ciclistas ascienden un puerto, los momentos de subidón traen consigo felicidad. De la misma manera que las pruebas tienen descensos pronunciados, la vida de cualquier persona tiene también momentos de bajón. Al menos, esa es la teoría. Pero no ha sido así durante los últimos meses para Gonzalo Ariño, joven ciclista que ha dejado atrás un grave problema de salud hasta alcanzar la quinta plaza en el reciente Campionat de Sabadell. 

Lo primero es conocer al protagonista de la historia. Gonzalo Ariño Bolinches (Onda, Castellón, 1999) está “fino”, como se suele decir en el argot ciclista. Mide 182 centímetros y supera los 60 kilos de peso por poco. Se le ve de lejos que es ciclista. Lleva desde las categorías de formación en la bicicleta, siempre con un físico que le hacía destacar en el pelotón. Y no precisamente por ser alto o fuerte. Compitió como Sub23 en la Peña Ciclista Benicasim, siempre cerca de casa. En el último año como ciclista sub-23 dio el salto al Electro Híper Europa. Es en esta última temporada 2021 cuando comienza esta abrupta historia de superación personal. 

Ese momento en el que todo cambia
Hay que remontarse al pasado mes de agosto de 2021. Cuando Gonzalo Ariño mejor estaba de forma, cuando mejores números movía sobre la bicicleta… Una mañana de agosto, estando en casa, comenzó a tener mareos y los sonidos que trataba de emitir eran inteligibles. De un momento a otro, se encendieron las alarmas. Y el peor de los resultados se confirmó poco después a través de las pruebas médicas: un tumor en la cabeza. O “algo más que una migraña”, cómo el propio Gonzalo prefiere definirlo. Y todo cambió para comenzar un proceso largo, complicado en ocasiones, pero sin bajarse del barco del optimismo.

En el camino que ha recorrido durante este medio año, Gonzalo siempre ha tenido a su lado a su familia y amigos. Entre estos últimos podríamos sumar a su propio preparador, Xavier Negre. En el paso de segundo a tercer año de la categoría Sub-23, comenzaron a trabajar; lleva cuatro años como su preparador. Xavier ya conocía a Gonzalo de la categoría cadete al ser muy fácilmente reconocible en el pelotón. “Era la única hormiguita en el pelotón cadete, era muy pequeñito”, ríe. “Con el tiempo, la relación se vuelve más estrecha y lo vives más de cerca”, relata Xavier. Como para todos, vivir junto a Gonzalo esta experiencia ha sido también un reto en el campo profesional. “No sabes muy bien cómo gestionar las cargas de entrenamiento, pues no sabes cómo responderá su cuerpo ante tantas idas y venidas del tratamiento”.

“El periodo entre hospitales fue muy largo”, se lamenta Gonzalo. Reconoce que al principio enloqueció por la intriga de la situación. “No sabía cuándo me iban a operar, no sabía demasiado y la incertidumbre me pasaba factura”, admite Gonzalo. Luego cambió el chip y poco a poco fue adaptándose a la vida de hospital.  Gonzalo no ha dejado de entrenar siempre que ha podido. Una preparación que ha sido necesariamente “la vía de escape” para Gonzalo. “Entrenaba para disfrutar… y es cuando mejor me he sentido entrenando en mi vida”. Mientras su entorno, incluso sus médicos, renegaba de la opción de volver a subirse a una bicicleta en un futuro cercano, él solo pensaba en no perder el ritmo de competición. Incluso, como recuerdan entre risas Negre y el propio Gonzalo, por su cabeza pasaba llegar a las últimas carreras del año pasado. Optimismo, pero el devenir de los acontecimientos calmó estas ansías.

El regreso junto a Esetec-Salazones Ricardo Fuentes
Una vez superada la operación para extirpar el tumor, que se retrasó hasta octubre, llegó lo que para muchos sería el remate a una larga travesía por el desierto. Su hasta entonces equipo, Electro Híper Europa, echaba el cierre. En ese momento entró en escena Esetec-Salazones Ricardo Fuentes, que “no dudó ni un momento en contar con él, pese a las incógnitas que despertaba su recuperación”, como relata su director deportivo Ángel Buendía.

Desde la dirección deportiva reconocen que hubo momentos de incertidumbre por Gonzalo. No sabían cómo podría ser su recuperación, cuánto iba a tardar, plazos… “Le dijimos que íbamos a tener hueco para él y siempre le hemos transmitido calma”, explica Buendía. “Hemos confiado en su calidad como ciclista y en su calidad humana”, aclara el que está siendo uno de sus directores esta temporada. Reconocen que el propio Gonzalo es suficientemente exigente consigo mismo y no consideran buena idea meterle prisa por su recuperación. “Cuanto antes se recupere mejor, pero no por los intereses del equipo, si no por él mismo”, concluye Buendía.

Gonzalo afirma, sin atisbo de duda que el afecto y el cariño con el que el equipo le ha acogido durante estos primeros meses de la temporada es impagable. “Nunca he tenido unos directores como vosotros”, dice con admiración. “Desde el equipo siempre me han transmitido un mensaje de tranquilidad, de apoyo y de cercanía”, explica Gonzalo. Son unos valores que hasta la fecha nunca ha sentido de manera tan fuerte en un equipo.

Un apoyo constante que le ha permitido una recuperación física y mental extraordinariamente rápida y que ha llevado a Gonzalo a volver a disfrutar de las dos ruedas a pesar de todo. Porque sí, esta historia aún no se ha cerrado del todo y las sesiones de quimioterapia comparten su espacio con los entrenamientos. Y también ha vuelto a disfrutar en forma de resultados, aunque sea lo menos importante de esta historia de superación personal, con su quinta plaza en el Campionat de Sabadell, su prueba fetiche desde que dio el salto al campo amateur. Ahí, hace apenas unos días, comenzó a cerrarse el círculo. Porque, al fin y al cabo, “la magnitud de los problemas depende de uno mismo”.

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