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“Nada de esto fue un error”, Ramón Galindo

Y con esto poco a poco se van viendo las cosas más claras “nada de esto fue un error”. Al rey moro solo le faltó canturrear el estribillo de la canción “ y acabarlo con un “uh-oh-oh nada fue un error”. Tengo una mala noticia, no fue de causalidad. Yo quería que nos pasara y tú, y tú lo dejaste pasar… y así hasta descojonarse de risa.

En diplomacia de altos vuelos no cabe el error protocolario, todo se revisa una y otra vez y cada detalle tiene un significado muy concreto. Hoy día el marketing y la imagen no se pueden permitir fallos y en el que tema que nos ocupa, no puede ser de otra forma que a Sánchez “se la han metido doblada” y quienes piensen lo contrario o se apoyen en el beneficio de la duda es que no tienen ni puta idea de cómo se las gastan los vecinos de abajo.

¿Os imagináis que se reciba al Mohamed en el Palacio de Oriente y como fondo de la fotografía pongamos un cuadro de Santiago Matamoros blandiendo su espada sangrante con las cabezas amputadas de los moros a los pies de su caballo? Y que en vez de té le sirvi éramos un rioja gran reserva y en la cena un cochinillo al horno, muy típico de Castilla, pues algo parecido. Es posible que Sánchez, que en esto de protocolo ya lo hemos visto meter la pata mil y una vez, hasta el punto de querer ponerse a la altura del Jefe del Estrado en las recepciones, no se haya dado cuenta del detalle de la Bandera, que de seguro no mandaron al moro mas tonto de palacio a colgarla. Pero que ninguno de los 1.200 asesores que tiene más el boato correspondiente no hicieran las comprobaciones pertinentes o le interrumpieran para corregir el fallo y que quedará en mera anécdota, esto es imperdonable, pero no rueda ninguna cabeza, y con esto no me refiero a lo de Santiago ¡Faltaría más!

Eso del Convenio de Ginebra, o de la caballerosidad en el combate no va en absoluto con la mentalidad sarracena. Quizás deberíamos recordar que no ha mucho de haber tenido guerras con ellos, -alguno de los que lean esto ya habían nacido- y que el consejo era que en caso de verse vencidos, guardar el ultimo cartucho para sí mismos, pues pocos prisioneros hacían y pobres de los que cayesen en esa circunstancia.

Esto de humillar al enemigo también es muy “british” ellos presumen mucho de Trafalgar Square, y de la Bandera que arrebataron al San Ildefonso que tan chulescamente enseñan en el National Museúm de Geenwich y que con tanta sorna lucieron de adorno en el techo de la Catedral de San Pablo durante el funeral de Nelson.

Sin embargo nosotros tenemos la tendencia contraria, dejar caer en el olvido cualquier humillación, y enterrar en vida si fuese necesario cualquiera que haya dado la vida por la Patria o se la haya jugado. Ahora se han acordado de darle una limosna de 1.000 euros. (menos de lo que se embolsa de dietas un diputado al mes por comidas sin justificar) a los que participaron en la guerra de Ifni y que aún estén vivos. De los que estuvieron jugándosela en las provincias vascongadas, con mas muertos que en una guerra, ni hablamos. Mucho menos cuando los representantes de los asesinos se sientan en el Congreso y Sánchez los necesita para gobernar, como es el idéntico caso de los separatistas catalanes, con los que tampoco va a cumplir su palabra ni de mesa de negociación, ni de referéndum ni leches. Tampoco les preocupa mucho, ellos seguirán “mamando de la cantara” a sabiendas de que “Antonio” ni cumple ni va a cumplir y ellos mas o menos tienen su escaño asegurado.

Y aquí va la segunda parte, si lo tienen es contra natura democrática porque <<entre todos la mataron y ella sola se murió>> entre todos se lo han consentido con una nefasta ley electoral. Y está muy bonito eso de un ciudadano un voto, pero no tan bonito que mil votos de unos no valgan lo mismo que mil votos de otros.

Y aquí va mi puro del Domingo de Ramos que el que no estrena se queda sin manos, pero mancos nos vamos a quedar todos, pues al precio de la gasolina no va a quedar ni para calcetines. Nos la han metido con los 20 céntimos de descuento y la estamos pagando un 30% más cara que la pasada Semana Santa y al precio más alto de la historia.

Y así termina esta canción, al estilo Pimpinela con lo que “Antonio” le replicó al rey moro: “No quiero que me perdones y no me pidas perdón, no me niegues que me buscaste. Nada, nada de esto fue un error, uh-oh-oh”

¡En fin! Así de esta manera cumplo con mi costumbre, después comer, enciendo el puro de los domingos –el único semanal- y escribo estas letras que a vuestra salud y en perjuicio de la mía tecleo en el móvil y saboreando el café y el aroma del habano, aprovecho para enviaros un fuerte abrazo a amigos y familiares.

RAMON GALINDO

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