Opinión

Montanaro: ESPAÑA EN ALMONEDA. UN PUEBLO TRAICIONADO

Andrés Hernández
Andrés Hernández
Montanaro: ESPAÑA EN ALMONEDA. UN PUEBLO TRAICIONADO

ESPAÑA EN ALMONEDA. UN PUEBLO TRAICIONADO

Me apoyo en “Un pueblo traicionado” de Paul Preston Historia contemporánea de España escrita por un británico que ama este país, quizás más que quien lo dirige. Nuestra rica y trágica historia permite muchas aproximaciones, además, marca las deficiencias de la clase política española ya, desde la restauración borbónica de 1874 en la figura de Alfonso XII hasta su bisnieto, seguimos para mal. Hay gobiernos que entienden la política exterior como un asunto de Estado y hay otros que la manejan como si fuera una discusión de patio de instituto, con la misma profundidad estratégica con la que se decide quién se sienta en qué mesa del comedor y abusan del tonto. España, bajo el mando de Pedro Sánchez, parece haber decidido inaugurar esta segunda escuela diplomática con un director académico basado en la indigencia intelectual a lo Rompetechos, la geopolítica del berrinche, la estrategia del titular fácil y la seguridad nacional gestionada como si fuera una campaña electoral permanente con agentes de la TIA.

No es fácil lograr que un país con la tradición diplomática de España termine siendo felicitado por una dictadura teocrática mientras incomoda a sus aliados históricos, tampoco que Hamas lo llame honorable. Pero el actual gobierno ha demostrado que, con suficiente audacia ideológica y una notable indiferencia por las consecuencias, todo es posible y todo lo puede lograr.

“¿estrategia de protagonismo o cobardía inherente al género y número?”

El episodio reciente roza lo surrealista. Mientras el régimen iraní lanza amenazas veladas contra instalaciones utilizadas por Estados Unidos fuera del área de influencia, el gobierno español decide que la respuesta más adecuada es impedir el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones contra Teherán. Una decisión que llega, casualmente, pocas horas después de que el embajador iraní sugiriera que cualquier instalación utilizada contra su país podría convertirse en un “objetivo legítimo”, ¿estrategia de protagonismo o cobardía inherente al género y número?

“Una estrategia diplomática que podríamos definir como, ceder antes de que te aprieten demasiado tus propios socios hipócritas y cretinos.”

Ante semejante escenario cabían varias opciones. Un gobierno con sentido del Estado podría haber convocado al embajador para pedir explicaciones, expulsarlo o incluso revisar relaciones diplomáticas con un régimen que amenaza abiertamente a instalaciones militares en territorio español y, además, a España directamente, donde casualmente hay intereses económicos personales de los propios Ayatolas tocando las pirolas…. Pero eso sería una reacción propia de un país que se toma en serio su soberanía. La opción elegida por La Moncloa es mucho más original, aceptar implícitamente la lógica del chantaje y cerrar las bases a nuestro principal aliado, con dos cojones y todo para hacer un panegírico del puto amo. Una estrategia diplomática que podríamos definir como, ceder antes de que te aprieten demasiado tus propios socios hipócritas y cretinos.

“No todos los días una teocracia revolucionaria decide aplaudir tu política exterior, un éxito.”

El resultado es inmediato y, hay que reconocerlo, bastante pedagógico. La dictadura iraní se apresuró a felicitar públicamente a España por su posición conforme al derecho internacional, el mismo que respetan a espuertas en la nueva Persia. Siempre es reconfortante recibir elogios de un régimen que ejecuta disidentes, reprime a su población, ejecuta homosexuales, desprecia a la mujer como objetos relegados al ostracismo y financia milicias armadas en medio Oriente. No todos los días una teocracia revolucionaria decide aplaudir tu política exterior, un éxito.

España forma parte de la OTAN, una alianza que se basa en algo bastante elemental, la confianza entre sus miembros. No es una amistad sentimental, es un pacto estratégico. Si uno cae, los demás acuden en su ayuda, pero para que esa lógica funcione, es necesario que todos los socios mantengan un mínimo de lealtad y España si algo es, es leal, pero a sí mismo y desleal con el resto, cosas del socialismo. Romper esa confianza erosiona la credibilidad, y las garantías de apoyo empiezan a parecer un poco menos sólidas si es que aparecen...

“Cuando un país empieza a comportarse como un socio imprevisible, la disposición a asumir riesgos en su defensa tiende a volverse… digamos… más reflexiva por no decir volátil.”

España, por ejemplo, tiene una particularidad geopolítica que el actual gobierno parece considerar un detalle menor, posee dos ciudades en el norte de África, Ceuta y Melilla, además de varios enclaves estratégicos. Territorios cuya defensa no depende únicamente de la capacidad militar española, sino también de la solidez de nuestras alianzas. En caso de una crisis grave con Marruecos, un escenario que ningún analista serio descarta, España podría invocar el Tratado de Washington para solicitar apoyo de sus aliados. Ahora bien, la política internacional tiene memoria. Y los aliados, aunque educados, no son ingenuos ni imbéciles como los españoles.

“nuestras Fuerzas Armadas están profundamente interconectadas con la tecnología, repuestos o “spares” y sistemas de combate y navegación fabricados al otro lado del Atlántico.”

Cuando un país empieza a comportarse como un socio imprevisible, la disposición a asumir riesgos en su defensa tiende a volverse… digamos… más reflexiva por no decir volátil. Pero, sigamos con el ejercicio de realismo estratégico que parece ausente en ciertos despachos ministeriales. Estados Unidos no es únicamente un aliado político de España. Es también el proveedor de una parte fundamental del sistema de defensa español. La arquitectura militar de nuestras Fuerzas Armadas está profundamente interconectada con la tecnología, repuestos o “spares” y sistemas de combate y navegación fabricados al otro lado del Atlántico.

“No sería necesario cortar todo de golpe, bastaría con retrasar repuestos, licencias o paquetes logísticos. Los efectos empezarían a notarse en cuestión de meses.”

Los cazas EF-18 que constituyen la columna vertebral de la defensa aérea española son de fabricación estadounidense. Sus motores, radares y buena parte de su logística dependen de suministros procedentes de Estados Unidos. Los drones MQ-9 Reaper que utiliza el Ejército del Aire también lo son. Los misiles aire-aire, los sistemas antibuque, buena parte de la electrónica militar y numerosos componentes de aeronaves o sistemas navales están vinculados directa o indirectamente con empresas estadounidenses. Todo eso funciona gracias a una cosa muy sencilla: cooperación y lealtad. Ahora imaginemos, y no con mucho esfuerzo…, que esa cooperación se deteriora seriamente, que Trump decide responder a los desplantes diplomáticos con restricciones tecnológicas o con un embargo militar además del mercantil. No sería necesario cortar todo de golpe, bastaría con retrasar repuestos, licencias o paquetes logísticos. Los efectos empezarían a notarse en cuestión de meses. La disponibilidad operativa de varios sistemas caería. Algunos aparatos quedarían inmovilizados por falta de piezas. Otros tendrían que ser “canibalizados” para mantener en funcionamiento a los restantes.

Nada demasiado dramático al principio. Sólo pequeños detalles como cazas que no despegan, drones que se convierten en esculturas tecnológicas y fragatas cuyos sistemas dependen de componentes que ya no llegan. Un problema menor, si uno tiene una visión creativa de la defensa nacional, es una ironía de la que sin duda Marruecos, nuestro principal enemigo se aprovecharía, además con un gobierno siervo y sometido a escarnio.

“si la cadena logística se complica, la aviación embarcada española podría desaparecer antes de lo previsto.”

La Armada, por ejemplo, opera fragatas equipadas con el sistema AEGIS, una de las plataformas de defensa naval más avanzadas del mundo. Ese sistema es estadounidense. También lo serán los que equipen las futuras fragatas F-110. Navantia, necesita ese sistema para vender sus barcos en el extranjero. Sin él, varios proyectos quedarían en una situación bastante incómoda, como la cagada en los submarinos convencionales sin avances en propulsión BESTR/AIP. Pero tranquilos, siempre nos quedará la satisfacción moral de haber engordado el ego comunista, dentro y fuera de España. La aviación naval tampoco saldría especialmente bien parada. Los Harrier II de la Armada española están ya en el tramo final de su vida operativa y dependen en gran medida de repuestos procedentes de Estados Unidos. España, además, decidió verbigracia de Ofelia, la ministra secretaria de Mortadelo,de no adquirir el F-35B que habría sustituido a esos aviones. De modo que, si la cadena logística se complica, la aviación embarcada española podría desaparecer antes de lo previsto.

“Para mantener ese equilibrio ideológico, el gobierno ha cultivado cuidadosamente una política exterior que mezcla antiamericanismo simbólico, hostilidad hacia Israel y una curiosa indulgencia hacia regímenes autoritarios quizás por querencia y analogía.”

Un pequeño detalle, para una marina que opera un buque como el Juan Carlos I. Los helicópteros Seahawk, los sistemas Patriot de defensa aérea, diversos misiles y múltiples plataformas terrestres también dependen de componentes o soporte estadounidense. Pero nada de esto parece preocupar demasiado a quienes dirigen la política exterior desde una lógica mucho más inmediata, la supervivencia política disfrazada del “No a la Guerra”, eslogan de comedor de colegio. Así las cosas, un país miembro de la Alianza Atlántica gobernado por partidos que detestan profundamente esa misma alianza, paradoja. Una especie de matrimonio político en el que uno de los cónyuges desprecia la institución, pero disfruta de las ventajas del hogar.

Para mantener ese equilibrio ideológico, el gobierno ha cultivado cuidadosamente una política exterior que mezcla antiamericanismo simbólico, hostilidad hacia Israel y una curiosa indulgencia hacia regímenes autoritarios quizás por querencia y analogía. No es casualidad que las relaciones con China se presenten como estratégicas. Tampoco que Venezuela o Cuba reciban siempre una comprensión diplomática que rara vez se extiende a las democracias occidentales. La reciente felicitación iraní encaja perfectamente en ese ecosistema político. La pregunta inevitable es si todo esto responde a una estrategia deliberada o simplemente a una sucesión de improvisaciones ideológicas. La respuesta, probablemente, sea una mezcla de ambas cosas.

“España avanza con paso firme hacia una nueva hazaña económica, conseguir que uno de los mayores inversores del planeta recoja sus cosas y se vaya.”

Existe una clara voluntad de marcar distancia con ciertos aliados tradicionales para satisfacer a un electorado ideológicamente hostil a Estados Unidos o Israel y a la vez hay una necesidad política urgente de generar titulares que desplacen la atención de problemas internos bastante más incómodos como los escándalos de corrupción socialistas y familiares, la crisis de gestión o dificultades parlamentarias, entre otros muchos del crisol de denigración política del gobierno.

“un bombero con bidón de gasolina, un Sánchez y su banda robando como parásito de la sociedad española”

España avanza con paso firme hacia una nueva hazaña económica, conseguir que uno de los mayores inversores del planeta recoja sus cosas y se vaya. La salida de BlackRock del consejo de Naturgy, acompañada de la venta de su 11,4 % de acciones, parece ser solo el aperitivo de una fiesta que promete animarse bastante en el IBEX 35. No está mal para un país donde casi la mitad de las empresas cotizadas ya depende de capital extranjero. Mientras tanto, el capital internacional observa la escena con esa mezcla de prudencia y pánico que suele aparecer cuando alguien grita “tranquilos, todo está bajo control”. Si además desde Estados Unidos empiezan a sugerir que España no es precisamente el destino de inversión más fiable del momento, la bolsa podría vivir emociones fuertes.

“España sigue teniendo los mismos desafíos estratégicos que antes, una posición geográfica delicada, territorios expuestos en el norte de África y una dependencia tecnológica considerable en materia de defensa de EE.UU.”

Entre petróleo caro, tipos de interés al alza y reacciones políticas dignas de un bombero con bidón de gasolina, un Sánchez y su banda robando como parásito de la sociedad española, el panorama económico promete convertirse en un espectáculo digno de estudio, conviene recordar un pequeño detalle, desde el año 2000, cerca del 20 % de la inversión extranjera en España ha venido precisamente de Estados Unidos. Un dato menor para este sufeta sarraceno, hasta que deja de venir…

“España sigue avanzando por este curioso experimento diplomático donde las dictaduras y los terroristas criminales felicitan y los aliados miran con creciente perplejidad”

Hoy puede parecer un gesto simbólico cerrar una base. Mañana puede convertirse en un precedente que erosione décadas de cooperación militar. Hoy puede parecer irrelevante que una dictadura o una organización terrorista internacional islámica te felicite, pero mañana puede convertirse en una imagen difícil de borrar en la memoria diplomática internacional. Y mientras tanto, España sigue teniendo los mismos desafíos estratégicos que antes, una posición geográfica delicada, territorios expuestos en el norte de África y una dependencia tecnológica considerable en materia de defensa de EE.UU.

Millones de españoles observamos este espectáculo con una mezcla de incredulidad y preocupación. Porque una cosa es discrepar sobre impuestos, políticas sociales o reformas administrativas. Y otra muy distinta es jugar con la posición estratégica del país en el mundo. La política exterior, en teoría, debería ser uno de los pocos ámbitos donde el interés nacional se sitúa por encima de las tácticas partidistas. Pero eso exige una dignidad hoy muy escasa, el sentido de Estado. Mientras tanto, España sigue avanzando por este curioso experimento diplomático donde las dictaduras y los terroristas criminales felicitan y los aliados miran con creciente perplejidad. Un experimento que, como todos los experimentos arriesgados, terminará revelando su coste tarde o temprano, como la corrupción de los protagonistas del sanchismo.

Quizás entonces, descubriremos que la seguridad nacional no es el mejor terreno para practicar sarcasmos geopolíticos… aunque algunos parezcan empeñados en demostrar lo contrario. "El convencimiento de que los políticos son incompetentes y corruptos ha sido una constante habitual en la vida española desde la invasión napoleónica, si no antes". José Ortega y Gasset en 1921.

Andrés Hernández Martínez

 
 
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