Opinión

Desde la repla: ¿PARA QUÉ NOS HAN SERVIDO?

Plaza Toros Cartagena
Plaza Toros Cartagena
Desde la repla: ¿PARA QUÉ NOS HAN SERVIDO?

¿PARA QUÉ NOS HAN SERVIDO? 

Crónica satírica de una región y una ciudad en modo “ya si eso mañana”. España tiene una habilidad especial para convertir la política en una mezcla entre teatro del absurdo, tertulia de bar y serie interminable que nadie recuerda cómo empezó pero que sigue renovando por temporadas. Y en ese escenario, uno no puede evitar preguntarse con cierta sorna o malafollá cartagenera, la pregunta que ya no es incómoda, sino directamente es rutinaria, ¿para qué nos han servido realmente nuestros líderes y lideresas o mayonesas en el caso de Cartagena o la Región?, esta salsa, por sus propiedades, se escurre, da sabor, pero es solo un aliño. 

La pregunta vale lo mismo para el inquilino de La Moncloa que para quienes gobiernan a escala autonómica o municipal. Porque si algo une a Pedro Sánchez, a Fernando López Miras y a Noelia Arroyo no es tanto la ideología, obvio sino una especie de talento compartido para surfear el poder mientras la realidad, testaruda, sigue su curso. España, Murcia, Cartagena, distintos decorados, misma obra.

El arte de gobernar sin molestar a la realidad, es la máxima. Pedro Sánchez ha perfeccionado una disciplina que debería enseñarse en las escuelas de negocio, la resiliencia narrativa. No importa lo que ocurra, inflación, tensiones sociales, dificultades estructurales, siempre hay un relato disponible. España va bien, mejor dicho, “como un cohete”, aunque el ciudadano medio mire su cuenta bancaria como quien observa una planta seca esperando un milagro.

En paralelo, López Miras ha desarrollado una versión murciana de ese mismo talento. La región lleva años arrastrando problemas estructurales evidentes, modelo productivo débil, dependencia de sectores de bajo valor añadido, tensiones hídricas crónicas, jóvenes que miran más hacia fuera que hacia dentro. Pero el discurso institucional mantiene una serenidad casi zen, como si todo fuera parte de un plan secreto que nadie acaba de ver. Y si no se sube a una cuadriga en Lorca y le sigue la “7” como a Sánchez y su Tik Tok.

Y luego está Cartagena, donde Noelia Arroyo práctica una política de proximidad… pero a la foto. La ciudad vive entre promesas de reindustrialización, debates eternos sobre infraestructuras y una sensación persistente de potencial desaprovechado. Pero eso sí, la agenda institucional nunca descansa. Tres niveles de gobierno, una misma sensación, aquí nadie rompe nada… porque tampoco parece que nadie esté construyendo gran cosa, “asinque” no pueden romper lo que no han construido.

En los últimos años, la inflación ha hecho lo que mejor sabe hacer, colarse en todas las casas sin pedir permiso. La compra sube, la energía sube, la vida sube. Menos los salarios, claro, que tienen esa costumbre tan española de reflexionar tomando el sol antes de crecer. Mientras tanto, en la Región de Murcia, el debate económico parece atrapado en una especie de “déjà vu” permanente. Se habla de crecimiento, de oportunidades, de inversión… pero la estructura de fondo cambia poco. La productividad sigue siendo baja, la innovación limitada, y la sensación de estar en la periferia económica del país no desaparece. Cartagena, con su historia industrial y su potencial logístico, podría ser un motor, pero no interesa a San Esteban para su negocio particular. La Cartagena de Noelia se parece más a un coche en punto muerto, el motor suena…, pero el vehículo no avanza, no quiere meter una marcha no vaya a ser que alguien desde Murcia le llame la atención. 

Si hay un lugar donde la ironía política alcanza niveles casi artísticos, es Cartagena. Los vecinos de Los Belones piden explicaciones por una planta solar que aparece donde no debía, como si el urbanismo fuera una disciplina improvisada sobre la marcha, como las amapolas. Los suelos de Zincsa siguen esperando análisis radiológicos como en la Seguridad Social, porque nada transmite más tranquilidad que dejar en pausa algo que podría ser… digamos… relevante para la salud pública. En Los Camachos salta la alarma por prospecciones junto a instalaciones sensibles, mientras la Autoridad Portuaria parece jugar a ese clásico español llamado “esto no es cosa mía” pero os voy a joder, y joder que si nos joden…, y todos expectantes a la planta contaminadora y repulsiva de Biogás de Heygaz Biomethane por impactó ambiental y riesgo crítico para la salud, pero como es cosa del gobierno regional y de la súbdita Arroyo, a tragar, o no..., como decía Santa Teresa, ¿tú me preguntas que es decadencia, que es indolencia’, decadencia e indolencia eres tú, que no luchas como es tu obligación por los intereses de los cartageneros.

El resultado es una especie de gymkana institucional donde cada administración señala a la otra con la precisión de un tirador… pero sin balas. Y por si faltaba algo, el SEPRONA le da un toque de atención al ayuntamiento, demostrando que, a veces, la realidad también presenta alegaciones, pero siempre es la Guardia Civil. Mientras tanto, el debate político local alcanza cotas de surrealismo estúpido y de comic cuando PP y VOX deciden torpedearse mutuamente en pleno debate sobre inmigración, yo creo que esto no llega al final, y antes de ver al Buscón de Quevedo vivir aún más del cuento, prefiero elecciones anticipadas, supongo que la Arroyo también, si se puede a nivel local, que lo ignoro. Nada une más que un problema serio… para convertirlo en arma arrojadiza y eso es la inmigración y el CETI, así, el nuevo vicealcalde critica la gestión de inmigración y prepara ordenanzas contra empadronamientos irregulares, nada ni extraño ni perjudicial. Mientras tanto, intentamos entender si esto va de gobernar o de ensayar para un concurso de crispación dentro de la Mar de Músicas, por cierto, destinada a una élite inteligente galáctica. 

Por si alguien pensaba que lo industrial iba mejor, que se les llena la boca de mentir e inventar, decir estupideces sobre la industria, el Info, las consejerías y demás parásitos de la red empresarial, Mutares cierra, SABIC se despide… y el silencio administrativo y las excusas se convierten en la banda sonora. Reindustrialización, decían. Futuro, prometían. Pues eso, a la mierda. La ciudad vive en un estado permanente de promesas de Lunes Santo. Recuperación industrial, impulso logístico, recuperación urbana… todo está siempre a punto de empezar. Como ese amigo que lleva diez años “a punto de montar algo” pero las administraciones del PP, de MC o del socialismo de pandereta siguen en la pancarta.

Mientras tanto, todo en este país ocurre “mientras tanto” la inflación hace su trabajo con una eficacia que ya quisieran muchas administraciones. Sube la luz. Suben los alimentos. Sube la vida. Los salarios… reflexionan, piensan y mueren sin crecer. Desde Madrid se anuncian medidas. Desde Murcia se habla de oportunidades. Desde Cartagena se insiste en el potencial. El ciudadano, por su parte, hace matemáticas creativas a final de mes. La desconexión entre discurso y realidad no es un fallo. Es ya un estilo, un paradigma político.

Si hay un tema capaz de unir a todo el país en un suspiro colectivo, es la vivienda, si comprar es una hazaña y alquilar, una competición.
Ahorrar es pura ciencia ficción. Las administraciones legislan, regulan, anuncian planes estratégicos… y el resultado es una obra coral, nadie sabe exactamente qué está fallando, pero todos coinciden en que no funciona. La coordinación entre niveles de gobierno es perfecta. Porque todos contribuyen al mismo desenlace. A la nada. Con lo fácil que es liberar suelo y que la demanda y la oferta jueguen al Monopoly.

España exporta talento con la misma naturalidad con la que exporta cítricos e importa mano de obra barata y sin cualificación. La diferencia es que los jóvenes no dejan beneficio directo, así, ingenieros, sanitarios, investigadores… haciendo las maletas sin hacer ruido. No hay protestas masivas, no hay pancartas, solo decisiones individuales que, sumadas, dibujan un problema colectivo. Murcia lo nota. Cartagena también. Pero la reacción institucional oscila entre la preocupación retórica y la inacción práctica. Inútiles e incompetentes con certificado de calidad, e “incompetentas”, claro. Es como ver una fuga de agua y limitarse a comentar que el suelo está mojado. 

Si uno repasa hemerotecas, encontrará un patrón fascinante, todo está siempre a punto de ocurrir. Siempre hay un anuncio, una inversión prevista, una fecha aproximada. La realidad, sin embargo, tiene otro calendario. Aquí la política de infraestructuras se parece mucho a esas promesas de gimnasio en enero, mucha intención, poca ejecución.

Hubo un tiempo en que los errores tenían consecuencias. Hoy tienen ruedas de prensa. La responsabilidad se ha convertido en pieza de museo. Si algo falla y falla, como la gestión, la respuesta es un ejercicio de contorsionismo verbal, contextualizar, matizar, explicar… y, finalmente, diluir. Dimitir es una palabra vintage. Asumir errores, una extravagancia. Pero hay un escudo perfecto para parapetarse, la ideología. Cuando la gestión no brilla, siempre queda la ideología.

En Madrid, el debate es una trinchera. En Murcia, una versión más elegante de la misma guerra. En Cartagena, un espectáculo circense con actores locales transfigurados en payasos de fortuna. El problema deja de ser algo que resolver para convertirse en algo que explotar, ojo. Y así, el ruido crece mientras las soluciones se evaporan.

¿Para qué nos han servido? ¿Para qué nos sirven?  La pregunta no es justa ni absurda. Ningún gobierno es completamente inútil. Siempre hay decisiones acertadas, mejoras concretas, avances parciales. Pero la sensación dominante no va por ahí. Va de expectativas bajas. De resignación. De esa impresión persistente de que podríamos estar mucho mejor… si alguien se atreviera a hacer algo más que gestionar el día a día.

Pedro Sánchez ha demostrado una capacidad extraordinaria para resistir. Fernando López Miras, para mantenerse. Noelia Arroyo, para estar, solo estar, de momento y buscar hueco en Madrid o Murcia, ojo, no me extrañaría que se situara en el "paddock" de la Comunidad, un terreno cercado para caballos o ganado…, no el de Fórmula 1. Pero resistir no es transformar, ni mantener es mejorar y claro, estar no es hacer. Y ahí es donde la puerta chirría.

Llegamos al epílogo del país del mientras tanto dónde Cartagena, su historia y su ostracismo es determinante la premisa. España vive en una antesala permanente. Siempre hay un plan. Siempre hay una inversión. Siempre hay una oportunidad a la vuelta de la esquina. Siempre estamos a punto. Pero, mientras tanto, la inflación aprieta. Mientras tanto, la vivienda se escapa. Mientras tanto, los jóvenes se van. Mientras tanto, las industrias cierran. Mientras tanto, los proyectos duermen. Y mientras tanto, la política sigue.

Quizá ese sea el verdadero logro de esta generación de dirigentes por casualidad, han convertido lo provisional en permanente y han perfeccionado el arte de gestionar la espera. Han hecho del “ya si eso mañana” una categoría política. “Asínque” la pregunta sigue ahí, flotando sobre la Repla como una nube de verano esperando al Carro de la Luna y anca “lamanca” comprando caramelos de azúcar puro. ¿Para qué nos han servido? Lo más inquietante no es no tener respuesta. Es empezar a sospechar que la respuesta existe… pero también está “en proyecto”. Sobre todo, en el Sureste de España.

Andrés Hernández Martínez

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