Opinión

Desde la Repla cofrade: LOS HOSPITALARIOS; UN SANTO PARA CUATRO COFRADÍAS

Desde la Repla cofrade: LOS HOSPITALARIOS; UN SANTO PARA CUATRO COFRADÍAS

 

 

LOS HOSPITALARIOS; UN SANTO PARA CUATRO COFRADÍAS

 

 Sí, cuatro cofradías, aunque a muchos exegetas de la vanidad y la soberbia les duela. Apunte histórico de lo que significa el santo y discípulo amado. Pero con fondo rojo Demostrado está en la Región la presencia y la vinculación religiosa de la Orden de San Juan de Jerusalén, luego de Rodas y por último de Malta, en los primeros años del siglo XVII se establecían en la Región de Murcia cuatro vicarías de la Orden de Santiago y encomiendas de la de Calatrava y de San Juan de Jerusalén, lo cierto es que desde antaño el protagonismo hospitalario que ha envuelto a las imágenes del santo imberbe en la ciudad Departamental ha sido cuanto menos significativo, de hecho abanderan con extraordinaria pujanza la sana competencia de las propias cofradías pasionarias. El San Juan, tanto Californio como Marrajo y ahora, en medio de una simbiosis ecléctica transformada en verde y blanco resurge tras veinticinco años en la cofradía blanca el protagonismo del santo amigo y compañero.

Las características humanas de esta Orden la sitúan en vanguardia de la solidaridad en una comarca desestructurada entre los siglos XVI y XVII, haciendo gala de su encomiable virtud, pudiéndose establecer su presencia como tales Hospitalarios –como eran conocidos– en el propio hospital de Santa Ana a finales de esa centuria. Durante los principios del siglo XVI, más concretamente a partir de su establecimiento en 1530 en la isla de Malta, su vinculación geográfica y su máxima de cristianización en relación a la costa Este española y, en concreto a la zona levantina facilitó que los caballeros de esta soberana Orden proporcionarán con su cooperación la calma y el sosiego social de la zona, desestructurada históricamente de forma socio-política con la ocupación musulmana.

El dispositivo de vigilancia naval destaca el brillante y activo papel desempeñado por los Caballeros de San Juan en la isla de Malta, antigua posesión española, cedida por el emperador Carlos V, cuando tuvieron que abandonar Rodas estos Hospitalarios en 1522. Allí la Orden reorientó sus cometidos y, proyectada hacia el mar, se convirtió en una eficaz fuerza de vigilancia y seguridad en el Mediterráneo y auténtico baluarte de la Cristiandad, frente a la amenaza turca, estatuto militar que fuera concedido por Inocencio II, en 1.130 que les impuso a los Caballeros de la Orden la obligación de defender con las armas a los cristianos contra los infieles.

Estableciendo una racional consecuencia de la implicación de la Orden con la historicidad en la ciudad de Cartagena y su presencia penitencial, a finales del siglo XIX y principios del XX, la percalina comienza lentamente a desaparecer de los vestuarios de los penitentes en general, con lo que se inicia una lenta y costosa tarea de renovación de los vestuarios de los cofrades, esta renovación la llevan a cabo de forma paulatina, en 1910 se crea el grupo de Caballeros Santiaguistas en la Hermandad encarnada pertrechados con vestimentas de la Orden. En este mismo año se crea la nueva Cofradía de sanjuanistas, una nueva congregación procesionista con carácter meramente infantil, pero con una fuerte repercusión popular. El Autor está en la creencia que estas circunstancias citadas y la renovación del vestuario por parte de los hermanos californios de San Juan les llevaron a utilizar, estableciendo un radical alejamiento con la citada cofradía infantil, un vestuario típico que, si cabe, con arraigo de forma presencial su pretendida vinculación con la Orden de Malta, Orden a la que hidalgos y prestigiosos cartageneros se vieron implicados por méritos propios en centurias anteriores y los primeros años del siglo XX, desfilando desde entonces engalanados con lo ornamentos talares de la Orden. Incluso llegaron a perfilar su vestuario caballeresco los encarnados como en el año 1921 hasta el año 33 que todavía mantenían sus vestigios, pero afianzando el capúz y el orden talar de las agrupaciones cartageneras.

La vinculación de la imagen y séquito de San Juan no es casual sino heredada, leyendas sin verificar, como la de un Caballero de la Orden que allá en el Siglo de Oro Español recalara herido en la costa y fuera auxiliado por la vecindad, las afianzan y desde entonces se vincularon a la Orden Hospitalaria un gran número de ciudadanos locales por apego y afición.

Otra ha sido producto de los profundos estudios sobre personajes vinculados en la época a la Cofradía encarnada y a la posibilidad de su vinculación con la agrupación sanjuanista, tal es el caso del ex Hermano Mayor don Ricardo Spottorno Bienert, Todo un desarrollo investigador y un crisol de teorías se han vertido sobre la posibilidad de que el patriarca de la familia, el ex alcalde local y padre de Ricardo, don Bartolomé Spottorno y María hubiera tenido vinculación con la masonería y ésta a su vez heredada en su hijo hubiera sido vinculada con la Agrupación, mi opinión es la total desestimación de la hipótesis. 

El carácter católico de la originaria masonería es hoy indiscutible. En un principio allá en el XVIII fueron sustituidos los contenidos católicos por un vago moralismo religioso inspirado en el cristianismo. Hasta que un sector de la masonería, sobre todo la francesa, no lo cuestionó, la Biblia permanecía abierta en las páginas del Evangelio de San Juan. Se pedía a los afiliados que creyeran en Dios como "el Gran Arquitecto del Universo" y fueron muchos los católicos y los primeros masones españoles que militaron en las logias. 

Pronto surgió el enfrentamiento con la Iglesia. Las órdenes militares (templarios, pero también hospitalarios y teutónicos) habían sido perseguidas por sus rituales y ceremonias secretas realizadas de espaldas al catolicismo. Aunque hay que determinar que la Orden de los Caballeros de Malta, era una Orden rival de los altos grados masónicos Templarios, la posible vinculación del patriarcado de la saga Spottorno proviene de los estudios realizados por un descendiente familiar, hijo de Ortega y Gasset y sobrino–nieto del ex Hermano Mayor, biznieto del patriarca de la saga. 

Las procesiones de Semana Santa eran, desde finales de los años setenta en el siglo XIX, otro de los puntos de honor y de presunción entre las familias doradas de Cartagena. El paso de la «Samaritana», uno de los más famosos de Salzillo, tuvo sucesivos protectores y, entre ellos, los hermanos Spottorno. Pero tanto el nombre, como el dinero de su familia, estuvieron muy vinculados al paso de «San Juan», del que fue generoso mecenas y, entusiasta comisario desde finales del XIX, manteniendo su simpatía durante su mandato en la primera década del XX. Todos los miembros de la familia Spottorno pertenecían a la Cofradía California. Ricardo Spottorno era en aquella época el Hermano Mayor de la Cofradía California como se ha referido, ésta más liberal que la Marraja controlada por militares y políticos conservadores. Ese rango tan importante en la Cofradía le daba gran prestigio social, el cual revertía con brillantes y lúcidas ideas arropadas de duro trabajo hacia la hermandad, ¡que tiempos aquellos! Potenció de manera determinante su apuesta por poner luz eléctrica a sus pasos, con cables que iban enchufando los portapasos en las tomas de la calle, y las idílicas noches de procesión, el palacio familiar, permanecía abierto para que, amigos, nazarenos y muchachas de mantilla tomasen vino y dulces y se fundieran en la plática educada en una apacible y serena ilustrada ciudad.

La formación de agrupaciones se debía a que, desde antiguo los tercios eran formados por soldados de la guarnición de la Plaza, éstos se disponían al mando de un Sargento y de dos Cabos. Esta situación se complicó con la llegada de la República y los azarosos vaivenes políticos y sociales que el final del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX nos ofrecía la España de entonces. Sin duda este fue el motivo principal de la creación de Agrupaciones, hechos que motivaron a los cofrades cartageneros, dispuestos siempre a vencer todo tipo de dificultades, a independizarse de las cofradías, no orgánicamente, pero si nominalmente, manteniendo el mecenazgo y patronazgo de los tronos a través de comisarios que los costearan.

Como en tiempos lejanos en la mítica casa de la Ciudad Santa, todavía hoy se dejan ver en los países destrozados por la guerra, en los hospitales, en las leproserías. En los laboratorios para la lucha contra la diabetes, el cáncer y otras devastadoras enfermedades, en los centros de asistencia para ancianos, entre las tropas, siempre numerosas, de peregrinos y enfermos, los hombres de la "Sacra Milicia" desarrollan su obra en presente dádiva a la Regla que les hizo eternos, "Siervos de los Señores Enfermos".

Hoy son gente de nuestro tiempo y no restos superados e improbables de un mundo anacrónico e inútil. Al respeto por un legendario pasado, unen el empeño y la presencia actuales amparados en una noble Cruz marcada por ocho vértices que constituye el símbolo del Altruismo, de la Caridad, de la Solidaridad, y una parte de ellos vive año tras año una especial devoción en nuestra ciudad, Cada vez que san Juan avanza por las calles de la Trimilenaria, un a brisa de fresca humanidad ambienta a Cartagena.

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