Opinión

Desde la Repla Cofrade: SANTÍSIMA VIRGEN DEL PRIMER DOLOR

Desde la Repla Cofrade: SANTÍSIMA VIRGEN DEL PRIMER DOLOR

SANTÍSIMA VIRGEN DELPRIMER DOLOR

 

El origen del culto a la Virgen estáparalelamente relacionado con la devoción que loscalifornios le profesan a su advocación mariana. Lacristiandad de los primeros siglos reservó laveneración a los mártires que habían derramado susangre por la feLa Virgen, estuvo un tanto almargen de esta corriente, progresivamente el cultofue ascendiendo, estableciéndose un paralelismoentre la Pasión de Cristo la Compasión de laVirgen. La Madre de Dios habría sufrido si no demanera física, si moralmente el Sacrificio de laCruz, al mismo tiempo que su Hijo. A las SieteEstaciones del Camino del Calvario correspondenCuatro de los Siete Dolores de la VirgenSobre undíptico parisino de marfil del siglo XIV, que seconserva en el tesoro de la Abadía deKremsmünster en Austria, el chorro de sangre quebrota del costado del Crucificado se hunde comouna lanza en el pecho de su Madre. San Bernardodecía que la Virgen había sido Mártir en el Alma. Elpunto de partida definitivo del culto oficial a laVirgen María es el concilio de Éfeso (431), quehizo de la Madre Esposa mística de Dios encarnado, la personificación de la Iglesia. Éfeso, laciudad de Artemisa, de la casta Diana, es la cunadel culto a la Virgen que allí fuproclamada Santay Madre de Dios por primera vez. Los californios, inherente a su propio origen profesan una especial devoción a la Santísima Virgen, quizás anclado en esa misma vocación mariana que ha caracterizado a la ciudad Departamental. Esta especial devoción ha sido con el fondo encarnado por la Santísima Virgen del Primer Dolor, así fue ya en 1948, en el primer cortejo californio en el que el Cristo del Prendimiento compartiera su Dolorosa Pasión con tan apreciada y venerada advocación mariana. Esta advocación de la Virgen en su Primer Dolor hay que concebirlo como el mayor de sus dolores, sin duda en esta corriente convergen todos los postulados de historiadores y escritores cofrades. El mayor de los dolores unido al Prendimiento de Cristo, víctima del drama humano, anunciado ya por la profecía de Simeón reflejada por Lucas (2:35): Y una espada de dolor atravesará tu corazón.

El dolor ante las palabras de Simeón El anciano profeta no le predijo a la Santa Madre grandes alegrías y consuelos a nivel humano. Al contrario: este niño será puesto como signo de contradicción, -le aseguró-. Y a ti una espada de dolor te atravesará el alma (Tuam animam pertransibit doloris gladius). María, a esas alturas, sabía de sobra que todo lo que se le dijese con relación a su Hijo iba muy en serio. Ya bastantes signos habían tenido que admirar y no pocos acontecimientos asombrosos se habían verificado, como para tomarse a la ligera las palabras inspiradas del sabio Simeón. María tuvo esa sensación que nos asalta cuando se nos pronostica algo que nos va a costar horrores asimilar. Como cuando nos anuncian un sufrimiento, un dolor, una enfermedad terrible, o la muerte cercana ... algo similar debió sentir María ante semejantes presagios.

Pero en su corazón no acampó la desconfianza, el desasosiego, la desesperación. En lo profundo de su alma seguía reinando la paz y la confianza en Dios. Y en su interior volvería a resonar con fuerza y seguridad el fiat aquel lleno de amor de la Anunciación.  Para nosotros Cristo mismo predijo no pocos males, dolores y sufrimientos. Cristo nos pidió como condición de su seguimiento el negarse a uno mismo y el tomar la propia cruz cada día. Nos prometió   persecuciones por causa suya y se produjeron y se producen en el siglo XXI. Nos aseguró que seríamos objeto de todo género de males por ser sus discípulos; que nos llevarían ante los tribunales; que nos insultarían y despreciarían; que nos darían muerte... ¡Qué importante es, ante estas exigencias, recordar el ejemplo de nuestra Madre! El verdadero cristiano, el buen hijo de María, no se amedrenta ni se echa atrás ante la cruz. Demuestra su amor acogiendo la voluntad de Dios con decisión y entereza, con ese mismo amor.

Para volver más sensible el dolor de la Virgen se la imaginó simbolizada con una espada que le atravesaba el pecho. El origen iconográfico de esta representación está basado en el hecho explicado de la profecía del anciano Simeón. El arte bizantino ruso ha conocido igualmente el tipo de la Virgen de los Dolores, de la Mater Dolorosa que se   entristece previendo la futura Pasión de su Hijo, interpretado a la vez que por la espada, también por ángeles que portan la cruz, la lanza de Longinos y el vaso de hiel. Así el mismo Botticelli retomó este tema tan conmovedor de la Madre de Dios ensombrecida por dolorosos pensamientos y áridas esperanzas. Más tarde se pasó de la representación de la Virgen con una espada a la representación de ella con siete espadas, a modo de simbología de los Siete Dolores (Septem tristi­tiae) que están simétricamente opuestos a los Siete Gozos de la Virgen. La devoción de los Siete Dolores aparece hacia mitad del siglo XV, finalizando la Edad Media; cuando el sínodo de Colonia agregó a las fiestas de la Virgen la fiesta de las angustias de Nuestra Señora, en yuxtaposición con la devoción hacia los Siete Gozos que desde el siglo XIII proclamaran los toscanos servitas (Esclavos de la Virgen).

Hasta el siglo XIV se veneraban solamente Cinco Dolores de la Virgen, ya en el XV evolucionó hasta Siete, en clara correspondencia con las Siete caídas de Cristo en el camino del Calvario, siempre se trata de establecer el equilibrio devoto entre lo positivo y negativo, en este caso entre el dolor y el gozo. La relación dolorosa no varió demasiado, salvo en lo relativo al Primer Dolor de Nuestra Señora, que es tanto la Profecía de Simeón como la Circuncisión. (1-Profecía de Simeón, o Circuncisión. 2-la Huida de Egipto. 3-La pérdida del niño Jesús que permanece en el Templo. 4- Cristo con la Cruz a Cuestas. 5- La Crucifixión. 6-El descendimiento de Cristo. 7-El Santo Enterramiento). Tres Dolores se relacionan con la infancia de Jesús y cuatro con su Pasión.

Remotas e hipotéticas filiaciones han desarrollado la evolución del Primer Dolor de la Virgen hasta los Siete Dolores de Nuestra Señora. La historia, la leyenda y su afinidad iconográfica establecen de una manera más o menos probada a la vez que efectiva que, nacieron en Flandes, a finales del siglo XV, es en un grabado dedicado a Carlos V, desarrollado en Amberes en 1509, donde, por primera vez aparecen los siete puñales dispuestos en abanico en lugar de uno solo que marcaba la tradición iconográfica de la Virgen en su Gran Dolor.

Anti marianismo y nuevo auge del culto a la Virgen. Fue en el siglo XVI, en el clan de los humanistas y partidarios de la Reforma, después de Erasmo, Lutero y Calvino, cuando el culto a la Virgen María fue excesivamente juzgado y sin un básico fundamento fue de manera violenta atacado en un intento de anulación total. Después de la Reforma, que abolió el culto de la Virgen, la Iglesia Católica también se esforzó en moderar los excesos del culto mariano que desembocaba en relegar a Cristo a un segundo plano. Esta tendencia aparecía claramente en ciertas innovaciones litúrgicas de la Iglesia francesa. Es así como en el Breviario de Harlay aprobado por el propio arzobispo de París, y el Breviario de Cluny, restituyeron a Cristo las fiestas de la Anunciación (Annuntiatio et lncarnatio Domini) y de la Purificación (Praesentatio Domini), antes reservadas a Nuestra Señora.

Pero esta reacción no duró mucho. En el propio siglo XVIII ya observamos como el culto a la Virgen es inherente al oportuno culto a Jesús, sobre todo en la simetría que comporta el sufrimiento de su Pasión entre Madre e Hijo. De hecho, la advocación de la Virgen del Primer Dolor en nuestra ciudad y en nuestro cortejo, desde su nacimiento en 1748, podría tener su propia interpretación tanto en el contexto del propio desfile representativo como en la yuxtaposición inherente del dolor maternal. Habría que recordar en este punto que el desfile que nació en 1748 se componía de ocho pasos, que se fueron incorporando de forma progresiva hasta formar la iconografía representativa deseada.

Dos imágenes distantes a la Pasión de Cristo, pero de forma que tradicionalmente y de manera apologética esta vinculadas a este obispado, Samaritana y Santiago, se sumaron al cortejo donde se representaba el sufrimiento y el Prendimiento de Jesús, así como la inherente presencia de su Madre, compungida por ese Primer Dolor callado y agonizante que le comportaba el conocimiento del fatal destino de su Hijo.

Más tarde en el siglo XIX y continuando con la corriente devota mariana renacida en el siglo anterior se constituyeron numerosas congregaciones marianas, destacando la de los maristas que instituyera el padre Colin. Otras fortuitas apariciones colaboraron a desarrollar esa devoción como la de Lourdes.  La devoción popular a la Virgen de Lourdes que se apareciera a Bernadette en 1854, recondujo a las masas hacia la Santa Virgen. A la peregrinación francesa se complementa la portuguesa de Fátima. El culto de la Inmaculada Concepción fue instituido por el Papa Pío IX en 1854, y finalmente el Papa Pío XII proclamó el 1 de noviembre el dogma de la Asunción corporal de la Virgen, así el catolicismo moderno, retornando de manera clara a la tradición de la Edad Media, afirmó su lealtad hacia la Virgen soberana e inauguró una nueva era mariana, si cabe más devota, nunca antes se había conocido en el catolicismo.  Un desarrollo uniformemente ascendente en el culto a la Virgen, culto que presenta un cristianismo en el que la Madre del Dios encarnado tiene un papel protagonista, con el primitivo como el de la Iglesia protestante donde no presenta ninguno.

Los Evangelios apenas hablan de María, la Madre de Dios, los primeros  cristianos  la habían  ignorado  por  completo,  pero  curiosamente se eleva poco a poco hasta la misma altura de Cristo, su divino Hijo, a quien en ciertas etapas del cristianismo estuvo, según algunos eruditos, a punto de eclipsar, un fenómeno que conjuga una devoción homogénea  en torno a la dualidad Madre  e Hijo, característica muy extendida en nuestra tradición católica y en la exaltación y representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Una característica ' que de forma innata advierte ese significado votivo que la imagen del Primer Dolor encadena al resto de las advocaciones marianas que "protagonizan los cortejos de nuestra Semana Santa, contagiando de un subordinado sufrimiento representado en Un primario y magno Dolor de aceptación, comprensión y esperanza a todo y todas las situaciones que procesamos, estableciendo un modelo honroso de templanza devota entre Cristianismo y Marianismo.

La incorporación de la Virgen a los cortejos y al organigrama imaginero jerárquico de la Cofradía data desde la fundación de la misma. Al fundarse la Cofradía California en 1747, los Curiales y Escribanos de la ciudad se comprometieron a escoltar en procesión a la imagen de la Santísima Virgen en número de 200, quedando constituida como sub cofradía en el seno de la Hermandad del Prendimiento, comprometiéndose a sacarla en hombros los embaladores de aduanas·, haciéndose finalmente cargo de la imagen éstos últimos. Según consta en la historia de la Agrupación que hay en el archivo de la misma con fecha de 1981. El "Número de Escribanos" de Cartagena pide su admisión y con ellos se forma el primer Cuerpo de Cofradía, que tiene por misión fundamental, según rezan las condiciones por las que solicitaron el ingreso "acompañar en la Procesión del Miércoles Santo a la Soberana Imagen de Nuestra Señora en el Primer Dolor".

En 1750 acordaron hacer el encargo a D. Francisco Salzillo de una imagen de la Virgen Dolorosa, de las llamadas de vestir, pasando la primitiva, que era de talla rudimentaria, a la devoción particular de D. Felipe de la Peña, hermano de ésta sub cofradía. La imagen realizada por Salzillo así como las vestimentas de terciopelo, la corona y la espada fueron costeadas por los embaladores de aduanas procesionando por vez primera en la primavera de 1753. Fue en 1929 cuando se fundó tal y como conocemos hoy la Agrupación de la Santísima Vir­ gen del Primer Dolor, integrada entonces por los Hijos de María de la Casa de Misericordia.

La maravillosa imagen, Dolorosa de impresionante belleza, obra del maestro murciano, dada su inspirada concepción; pronto gozó de fama y veneración, hasta el desgraciado 25 de Julio de 1936, fecha en que fue destruida por la sinrazón bélica. Después de la Guerra Civil, en 1940, donde fue destruida la imagen de la Virgen junto con el patrimonio de la Cofradía, se impone la reconstrucción del conjunto de imágenes destruido. Hacía falta una imagen de la Virgen para procesionar el Miércoles Santo de 1940. Para la fecha se restauró, por orden del efímero Hermano Mayor D. Juan Moreno Rebollo, una antigua imagen de María Magdalena que, de rodillas, abrazada a una cruz, debió figurar en algún grupo desconocido, y que estaba en poder de la Cofradía, imagen que más tarde sirvió de comodín en otras ocasiones. Un año más tarde, en 1941, el Marqués de Fuente el Sol a la sazón Hermano Mayor, cedió de su capilla particular una imagen de la Dolorosa, copia de la de Salzillo de Murcia, tallada por Sánchez Lozano en los comienzos de su carrera, sería algo provisional hasta que la Cofradía encontrara un escultor capaz de satisfacer sus deseos. Esta imagen salió también en 1942 y 1943.

Se decidió encargar una nueva imagen a Sánchez Lozano ante la esperanza manifestada por el artista del Pilar de la Horadada de intentar reproducir la antigua de Salzillo, más tarde se acordó en cabildo' hacer el encargo el escultor Enrique Pérez Comendador en Madrid, con plena libertad para la ejecución de su obra. La noche del 4 de abril de 1943 llegaba la nueva imagen, una talla que no gustó en general. Como la imagen no gustó, en 1946 fue el valenciano Mariano Benlliure el que realizó la talla definitiva, talla que hoy procesiona con total devoción de los hermanos encarnados. La talla completa en madera policromada y de vestir presenta unas medidas: 178 x 88 x 55 cm. Una talla que, siguiendo los modelos tradicionales de la imaginería española, especialmente de la levantina dieciochesca, posiblemente sea una de las más bellas imágenes de Benlliure realizada para la Cofradía California, y ello es debido a que para su realización el autor puso como condición la total libertad creativa, no teniendo que amoldarse a. modelos anteriores; es de un gran sentimiento su expresión, acentuado por unos tonos de policromía cetrinos.

El trono primitivo fue realizado en 1869 por Francisco Requena, según el diseño de Carlos Mancha, del que en 1975 se realizó una copia exacta. El trono actual es obra de Rafael Eleuterio Aguilar, éste realizó atrevidas tallas en el mismo posteriormente doradas en los talleres de los Hermanos Lorente de la localidad de Nonduermas. El trono de estilo cartagenero presenta unas medidas de 5 X 2,60 m, destaca por su espectacular decoración floral que adorna la belleza de la Madre de los Californios. Se conservan del antiguo las cartelas, dos ángeles adoradores a los pies de la Virgen y la bola del mundo orlada de nubes con dos querubines donde se asienta la imagen; ángeles que fueron restaurados por D. José Sánchez Lozano, al igual que la nube que figuraba debajo de la imagen en el trono. Estos ángeles debido al mal estado en que se encontraban han sido restaurados en 1994 por el cartagenero Juan García Martínez.  En 1984 este trono fue reformado para ser sacado a hombros y en 1993 con el fin de aligerar el peso del mismo se realizó uno nuevo en aluminio. La Agrupación procesiona bajo un emblema caracterizado por destacar principalmente el Ave María, signo de salutación mariana por excelencia, éste está orlado por una cenefa de contexto vegetal, desde su centro se representan de manera fantástica la figura de dos dragones simétricos emulando la vida misma y la propia palabra omnipotente, rematado todo el conjunto por la corona real, demostrando la realeza de la Virgen María.

 

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