Opinión

Enfrente del palco

Juan M. Uriarte
Juan M. Uriarte

Hace un par de meses, esperando para comer pescado junto al puerto de Cartagena, se acerca a nuestra mesa un camarero a anotar la comanda, me mira y espeta: ¡A este señor le he visto gritando!

Tranquilo como estaba, ni yo ni mis acompañantes entendíamos la frase. Enseguida me aclaró que él antes iba al futbol, y solía verme en la grada del Cartagonova en no pocas ocasiones, expresando dialécticamente con altos decibelios mis disconformidades deportivas o arbitrales, dicho sea así de manera eufemística, mientras ustedes se sonríen, espero.

Un hombre que grita”. Bien, me gusta la definición. Me gusta, si eso significa tener sangre, que no horchata, y vivir- también en el fútbol local- con cierta pasión. Un hombre que grita… ¿en el desierto? Uno, no; hay infinitas voces, más bien es un clamor de preocupación.

Hace unos meses, el pasado verano, deshojé junto a ustedes la margarita sobre si debía abonarme o no en esta temporada 2025-26 al FC Cartagena; no me reitero, pues argumenté mi negativa, y en este digital está para quien la quiera leer. Me despedía entonces intuyendo una vuelta, pero sine die. Pues bien, la salida del anterior equipo directivo (su incomparecencia en el palco llevaba ya meses), el aparente cambio de manos en la presidencia del club, la posibilidad de hacerse con un abono de segunda vuelta, y por último y lo más importante, mi añoranza de ver fútbol albinegro y oler a césped motivaron que ‘ese señor que grita’, haya vuelto a ocupar un asiento en el estadio junto la rambla de Benipila en la línea media, -donde estaba la virtud aristotélica-, y teniendo siempre enfrente, geográficamente hablando, el palco.

 

 

¿Guatemala o Guatepeor? Las sensaciones tras estas ultimas jornadas son encontradas.  El palco vuelve a estar ocupado por representación institucional del club. Hay alguien en el palco, pero no sabemos si es de tipo protón o neutrón; hay masa, pero ¿hay también carga eléctrica? Estar, está; pero, ¿hay proyecto e ideas, hay músculo económico? Todo ha sido muy extraño, y por momentos estrambótico. No tenemos la certeza de si el nuevo presidente Arribas representa a alguien más; estar, está, pero pareciera más bien neutrón.  Hay que ser prudente, y esperar; bastantes datos generan intranquilidad. Algunas dudas son obvias y de tamaño sideral:

 

1)¿Por qué se ha ocultado que la deuda del club era de trece millones?  

2)¿Por qué dijo el predecesor “no entregaré el club al primero que pase” en un alarde de responsabilidad, cuentas claras y saneadas con perspectivas de futuro para ahora vernos así?

3)¿Sabe el neófito presidente actual adónde ha llegado y lo que se trae entre manos? ¿Cómo es que hay apuros incluso en gasto corriente de liquidez para nóminas a jugadores (…)?

 

La mayoría de los simpatizante y abonados no sabemos de números ni de contabilidad, pero sí sabemos leer, sumar y restar. Las cuatro reglas. Es incomprensible pensando con buena fe lo que ha sucedido estos últimos meses (años) en el FCCT; el periodo de transición ha sido absolutamente disparatado y de muy escasa transparencia. Los abonados y aficionados de un estadio -no lo olvidemos- de titularidad municipal, es decir de todos los cartageneros, estamos como convidados de piedra a verlas venir.

Las ruedas de prensa del presidente Arribas han sido decepcionantes por no mostrar certezas, ni garantías acordes a un nuevo comienzo. La más reciente de las RdP hace pocas semanas, fue de un extraño tono derrotista; digo extraño, por lo prematuro en quien voluntariamente ha adquirido un club.  Está muy bien pedir apoyos a empresas e instituciones, pero hacerlo tan a la desesperada estando recién llegado no es un ejemplo de transmisión de confianza y seguridad. ¿Comprar una casa y no poder pagar la primera mensualidad de la hipoteca? La letra de los contratos no sé si la dominan; la masa social tan sólo acertamos a oír a lo lejos aquel pasodoble con letra apócrifa: ¡Manolete, si no sabes torear p’a qué te metes! Lejos de mí faltar al respeto a nadie, por supuesto, y todo mi deseo de que las tornas económicas cambien, porque ahora pintan bastos, pero no confundamos a nadie: Lo institucional es lo principal; lo deportivo ayudaría muchísimo si sonara la flauta, pero no empecemos la casa con sueños.

Que el asunto deportivo, con todo lo que nos gusta, no nos haga perder el norte. Claro que cuando el FC Cartagena gana tres partidos seguidos, te da subidón; si además se derrota al eterno rival en el derbi en la ciudad del Segura con el señor Moreno en el palco, pues entra ese regocijo deportivo, que nos ha venido tan fenomenal. Aprovechemos este momento oportuno, que deportivamente ha venido acompañado también de la llegada del míster Iñigo Vélez de Mendizábal Fernández de Garaialde.

La flauta de un play-off o de un ascenso podría sonar, nada es imposible, pero mantengamos los pies en el suelo; en lo institucional, seriedad, tanto si la pelota entra los domingos como si no. Sigue revoloteando la incertidumbre de que no se nos han contado las cosas como son. Algunos aficionados nunca se fueron, otros hemos vuelto, y muchos muchos más permanecen sin volver. Todos necesitamos sobretodo una cosa, señor presidente: ¡Díganos siempre la verdad!

 

 

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