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PENSANDO EN VOZ ALTA: ADIOS JUAN Y CARMEN

PENSANDO EN VOZ ALTA

ADIOS JUAN Y CARMEN

Hay momentos en la vida en los que te quedas paralizado y sin poder reaccionar en forma lógica porque lo que tienes enfrente te atrofia mentalmente. Algo tan natural y verdadero… quizás la única y absoluta verdad… como la muerte nos golpea cuando llama a tu puerta y se lleva a alguien próximo. Eso es lo que ha ocurrido con dos buenos amigos, matrimonio, Juan y Carmen… en el plazo de dieciséis días nos han dicho adiós, adiós físicamente que no en el recuerdo. Esta vez no ha sido el temido Covid-19, no. Otras cuestiones han sentenciado la vida de los dos. Cuando esto escribo hace pocas horas que Carmen nos ha indicado el camino que todos hemos de tomar.

Este acontecimiento me vuelve a colocar en la senda de algo que siempre me he planteado, con más o menos valor, y que al ir cumpliendo años más lo vas asumiendo. Carmen con mi misma edad y Juan, un par de años mayor, hacen que vuelva a reflexionar sobre la parcay nuestro comportamiento. Algunos de los que me siguen ya me han oído y, en algún momento, leído sobre el particular. Más quiero dar una vuelta de tuerca más.

En la mitología griega, Caronte o Carón era el barquero de Hades, el encargado de guiar las sombras errantes de los difuntos recientes de un lado a otro del río Aqueronte si tenían un óbolo para pagar el viaje, razón por la que en la Antigua Grecia los cadáveres se enterraban con una moneda bajo la lengua, costumbre importada posteriormente en la Antigua Roma, donde también se veneraba al personaje. Aquellos que no podían pagar tenían que vagar cien años por las riberas del Aqueronte, tiempo después del que Caronte accedía a llevarlos sin cobrar.  

Cuando me enteré del óbito de Juan me quedéen blanco y mirando a ninguna parte pensando en la muerte. Al saber que Carmen, en silencio, ha caminado en su busca para acompañarlo a una meta a la que todos llegaremos, donde esperaran a Caronte para qué les permita cruzar el río, más en blanco y paralizado me he sentido.

Pienso en la muerte, miro a mí alrededor y veo que es absurda la situación y, en cierto modo, me enfado pensando «te mueres y ya está», sobre todo si ésta se produce en forma absurda y/o inesperada… no me digan que no es indignante, «te mueres y se acaba la historia». Es muy triste que uno se entregue en cuerpo y alma a esta absurda competición que es vivir para desembocar en la muerte; y se acabó, ¡jopé!, pienso que es muy fuerte, no le veo sentido.

Te pasas la vida, más o menos puteado… ¿para qué?, para morirte. Tiene narices que hagas lo que hagas todos tenemos el mismo premio “la muerte”. Es lo único que iguala a tontos, idiotas, imbéciles, “poseedores de la verdad”, estúpidos y personas normales.Pienso ¿para qué? ¿Para qué andar puteados todos los días de nuestra vida, si al final… crematorio o tierra?

¿Para qué las guerras? ¿Para qué molestar al prójimo? ¿Para qué hacer el mal? ¿Para qué pisotear y escupir al que te acompaña en esta absurda carrera? ¿Qué sentido tiene soportar las gilipolleces y tonterías que ciertas personas quieren imponernos sí o sí? Desde que uno acude por primera vez al colegio intentan marcarte, una vez unos y a la vez siguiente otros, ¿para qué? Pienso que ¿para qué nos complican la vida los políticos? En definitiva, no saben hacernos el tránsito a la muerte más cómodo: Viene uno y dice que esto es blanco, al rato viene otro y dice que es gris y un poco más tarde un tercero dice que es negro. ¿En qué quedamos? ¡Leche! Faciliten el viaje, hagan que todos disfrutemos de lo mismo, si la recompensa es la muerte para todos ¿por qué no tenemos todos la misma vida? ¿Para qué tanta pelea, tanto horror, tanta inquina?

El pago que tendrían que hacer los políticos sería el que sus administrados vivan lo más cómodo y relajado posible. Desde aquí propongo lo siguiente: «Que ningún partido político quiera gobernar en solitario. Si cada uno tiene ideas, que piensan que son geniales para el bien de la población, júntenlas todas y gobiernen en común unión y armonía». Ese será el óbolo que le pagarían a Caronte para no estar cien años más dando “por saco” y la matraca a sus convecinos.

¿Para qué llevarnos mal? ¿Por qué no llevarnos bien? ¿Por qué no eliminar las rencillas, las guerras, abusos, latrocinios, homicidios… todo lo malo, todo lo que nos hace daño? ¿Por qué no ser todos iguales, si al final la muerte, lo único cierto, nos iguala?

Siempre me pregunto, cuando alguien hace daño, de cualquier tipo, ¿qué consigue con esa acción? Juro que no lo entiendo. Cuando se pisotea al prójimo para atesorar más y más indecentemente ¿qué se siente? Al final;pisoteador y pisoteado, gobernante y gobernado, político y apolítico; crematorio o tierra. Aún estoy esperando que alguien venga desde la dimensión correspondiente y nos ponga al día. Seamos mejores y seamos iguales antes de acabar esta carrera, por muy de moda que esté el correr, también puede morir uno durante una competición. Se que todo es una ilusión, sé que es imposible, pues la incongruencia forma parte del ADN humano-la adenina, citosina, guanina y timina son, realmente, nuestros únicos gobernantes-. Pero sea lo que sea por lo que estamos aquí me seguiré preguntando ¿Para qué? Si todos morimos, seamos mejores. Lo dicho, adiós Juan y Carmen.

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