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PENSANDO EN VOZ ALTA: HIGIENE ANAL

PENSANDO EN VOZ ALTA

HIGIENE ANAL

El pasado sábado, antes de ayer, día 19 de noviembre se conmemoró el “Día Mundial del retrete”. Hay cuestiones que, en nuestro diario devenir y situación, no le damos mayor importancia. Una de ellas es la del wáter. Me gusta más la palabra retrete, según el diccionario, «Recipiente en forma de taza, generalmente de porcelana o loza esmaltada, que sirve para orinar y evacuar el vientre en postura sentada, está provisto de una cisterna con agua para limpiarlo después de su uso y está conectado a una tubería de desagüe que se comunica con las cloacas». También se le denomina así a la habitación que lo contiene.

Esta es la definición a la que estamos acostumbrados más no siempre ha sido así y tampoco es así, actualmente, en muchos lugares del mundo. Pero quiero, hoy, hablar sobre la limpieza del ano o culo -como mejor prefieran- después de evacuar que se lleva a cabo hoy día y en la antigüedad, en distintas situaciones y zonas del mundo. Estas son notas que he ido tomando al azar en la pequeña investigación que he hecho sobre el particular.

Comenzamos por Roma. Para limpiarse el trasero utilizaban una vara de madera con una esponja mojada en agua salada o en agua con vinagre atada a un extremo, o un paño o borra de algún animal. En los barrios más pobres, era simplemente usar la mano, que después se lavaba en una fuente especialmente instalada para ello.

China. El papel se venía utilizando en la limpieza de las partes íntimas desde el siglo II a. C. Allí, y en zonas cercanas, la gente rica usaba lana, piezas de encaje y cáñamo para limpiarse. Para aquellos que no podían permitirse esos tejidos, las alternativas más utilizadas eran las hojas secas, las piedras o la cascara de alguna hortaliza.

El moderno papel higiénico que utilizamos hoy en día, fue creado en el siglo XIX por el estadounidense Joseph Gayetty (1810-1890) en el año 1857 en Nueva York (EE.UU.). Este inventor padecía de hemorroides y los papeles de periódico que muchos empleaban le producían dolor. Por ello puso todo su ingenio en crear el denominado “papel medicado Gayetty”.

Hay casos curiosos como Turquía donde hace años, la Dirección de Asuntos Religiosos recomendó prohibir el uso de papel higiénico, ya que el Islam asegura que, para que una oración sea considerada legítima, el cuerpo, las ropas y el lugar de oración deben estar libres de elementos considerados “impuros” para esa religión.

Japón en el siglo VIII d. C. empleaba un tipo de palo de madera llamado ‘chügi’, tanto para limpiar el exterior como el interior del ano. Hoy día, tanto en el mencionado Japón como en Indonesia, Filipinas o Tailandia son conocidos los váteres inteligentes que lanzan un chorro de agua para limpiarse. Por otro lado, los indios suelen tener instaladas pequeñas “duchas” flexibles, para dirigir el chorro de agua a voluntad mientras están sentados en el inodoro.

Acabamos con un somero repaso. Existen indicios que apuntan el uso ocasional de cuerdas entre los marinos, de corteza de coco entre los nativos polinesios, o de pedazos de bambú entre los antiguos monjes budistas. Según el historiador Philippe Charlier, no se puede deducir que esos elementos se empleasen de forma generalizada.

Hasta aquí algunas notas para despejar y limpiar el trasero pues, por lo menos a mí, de oír y leer tanta estupidez diariamente me da diarrea y siempre es bueno tener a mano algo para quedar lo más impoluto posible.  

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