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PENSANDO EN VOZ ALTA: MONOTONÍA O NUEVA NORMALIDADY

PENSANDO EN VOZ ALTA

MONOTONÍA O NUEVA NORMALIDAD

Estamos en pleno proceso de desescalada [Desescalada: de no recomendable a válido para la RAE en dos semanas. Según la RAE, se trata de un “derivado opuesto de escalada”(aumento rápido, generalmente escalonado, de algo]. Con la susodicha desescalada, saboreamos diminutas dosis de libertad y es lícito, que cada cual, se plantee una doble pregunta: ¿Nueva normalidad? o ¿Monotonía?

Yo, particularmente, soy partidario de la monotonía, con pequeñas alteraciones. Tengamos en cuenta que la monotonía se refiere a la acción de realizar siempre las mismas actividades, sin variar absolutamente nada. Apunto, “pequeñas alteraciones” porque puede repercutir negativamente a nivel psicológico. Con alguna que otra variación, creo que es mejor lo conocido que no saber lo que nos pueda traer esa ‘nueva normalidad’. Tengamos en cuenta que ‘nuestra monotonía’ ha sido alterada por un hecho desconocido, inesperado y desagradable para todos nosotros.

Pero, por encima de la apuntado anteriormente, hemos de darnos cuenta que la sociedad, que el ser humano, es muy vulnerable. Somos muy frágiles, aunque nos hemos olvidado de esa fragilidad y, como sifuésemos dueños absolutos del mundo, ha habido un exceso de prepotencia del conjunto de la humanidad.

Hemos vivido muy alterados, tuvimos un aviso en el año 2008. Por lo visto, no teníamos límites y esto siempre acaba mal. Y es muy curioso que teniendo en nuestras manos la tecnología más puntera y avanzada que jamás hemos disfrutado… tecnología, creíamos, sin límite que ha sido incapaz de hacer frente a un simple virus que nos ha puesto en el sitio que nos corresponde en la naturaleza, provocando un parón planetario… o casi. ¿Todo se debía a la monotonía? ¿Debemos separar la monotonía planetaria de la monotonía individual? Sigo apostando por la individual… con correcciones (igual esto es la nueva normalidad).

Si todo lo ocurrido sirve para que creemos una sociedad mejor, más justa, más igualitaria, menos egoísta; bienvenido sea el virus. Hemos visto en estos días como el bichito ha trastocado todos los esquemas, ha alterado la tranquilidad y la normalidad de cientos y cientos de personas. En muy pocos días las colas para recibir comida y elementos básicos son innumerables en toda España, y fuera de España. Me imagino que a todos ellos les gustaría seguir en la monotonía anterior a la debacle.

Todo lo ocurrido tiene que hacer pensar a los políticos, no a los trileros de turno, que hay que disminuir la desigualdad tan grande que hay entre las fuerzas económicas, políticas y sociales. La ciudadanía podrá cambiar caminos con sus hábitos y actitudes, podrá presionar e incidir, pero es muy cierto que será difícil conseguirlo, si esas fuerzas no están dispuestas a hacer concesiones.

La tan cacareada nueva normalidad ¿Qué será? Suena a una distopía brutal que llega para dividir totalmente a la sociedad. Pues, laspreguntas pertinentes son: ¿Cómo saldremos del confinamiento: con miedo o con ganas de vivir? ¿Es el confinamiento un ensayo de lo que vendrá después? ¿Estamos ante una “mutación” de la condición humana? ¿Nos podremos volver a hablar como antes?

Yo tengo una edad y una monotonía inoculada en sangre y se me hace muy difícil las relaciones a distancia, el no poderme reunir con amigos y familiares, el no abrazar, el no comer juntos… en definitiva todo aquello que se ejercía y era ley antes de que nos encerraran en casa.

Queda muy claro que la naturaleza, con el COVID-19 como embajador, ha puesto en evidencia los límites de nuestra civilización. Por eso hemos de reflexionar para conseguir un mundo más equilibrado y solidario, el tejido social tiene que ser más fuerte y potente. Toda crisis depara una enseñanza y ofrece una nueva oportunidad. Y ese es el camino, conquistar una nueva oportunidad con una nueva disposición. Es el momento de pasar del miedo (a contagiarnos) y la culpa (por si contagiamos a los demás) a la cultura de la responsabilidad y, por qué no, a una cierta osadía. Hay que ser valientes. La vida es riesgo, y hay que asumirlo. En nuestras manos está la monotonía o nueva normalidad. 

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