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PENSANDO EN VOZ ALTA: PENSANDO CON ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO (I)

PENSANDO EN VOZ ALTA

PENSANDO CON ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO (I)

Hay muchos amigos y lectores que en algún momento me envían notas, escritos, pensamientos, libros, etcétera… para que, si me parece bien, escriba sobre lo remitido y de mi opinión.

Eso es lo que ha ocurrido, en estos días. Una persona que tiene el detalle de leer mis columnas me ha enviado una serie de documentos y un par de libros, cuyo autor es Antonio García-Trevijano. He de confesar que siempre me llamó la atención por sus pensamientos, sus ideas (muy dé acuerdo con la mayoría de ellas) y su forma de expresarlos. Es por ello que voy a dedicarle dos o tres columnas a su figura y sus inquietudes políticas.  

Antonio García-Trevijano (Alhama de Granada, 1927 – Madrid, 2018) fue un jurista, abogado, escritorpolítico y pensador español, destacado por su activismo contra la dictadura franquista y su importante papel en la Transición española, al ser fundador de la Junta Democrática de España. Ha sido definido por la University Press of America como «una figura prominente de la política española desde finales de los años sesenta y probablemente uno de los intelectuales más importantes del siglo XX en teoría política y estética».

Comenzamos con una breve síntesis de su pensamiento político.

En España no hay libertad política.

La libertad política es aquella que permite a los gobernados elegir y deponer a sus gobernantes. Es fácil caer en el error de considerar la libertad política como una consecuencia natural de las libertades civiles (como la libertad de expresión, de asociación, etc.) e identificarla con el derecho al voto. Nada más lejos de la realidad. La libertad política presupone la existencia de libertades civiles, pero no a la inversa: la existencia de libertades civiles no garantiza la libertad política. Para asegurar la existencia y permanencia de la libertad política en una verdadera democracia, los mecanismos necesarios deben estar incorporados a las reglas recogidas en la constitución: separación de poderes y representatividad.

En España, por tanto, no hay libertadpolítica, sino libertades individuales. Sin libertad política, no puede existir una sociedad política que intermedie entre la sociedad civil y el Estado. Los partidos pasaron desde la clandestinidad al Estado (son partidos estatales) eludiendo la democracia formal y apoyándose en la demagogia de las libertades personales que antes, durante la Dictadura, se encontraban reprimidas. Los partidos dejaron huérfana de representación política a la sociedad. Y ante la crisis de un Estado que no puede defenderla, ésta no tiene a quien dirigirse para evitar la ruptura de su comunidad nacional. Lo primero que hicieron fue elegir las representaciones por el sistema proporcional de listas, con lo que se aseguraron tanto la exclusividad del Parlamento como la división del Estado por cuotas en función de los resultados. El elector no elige diputados, sino que vota a unos partidos estatales para que de las urnas salga la cuota que le debecorresponder en el poder ejecutivo, en el legislativo, en el judicial y en los consejos de administración de las empresas estatales.

En España no hay democracia.

En primer lugar, cabe distinguir entre lo que llamaremos democracia social y la democracia formal o política. La primera proviene de una idea de moralidad o justicia, y consiste en la aspiración a la igualdad civil, social y económica de los individuos de una comunidad. Es la idea tradicionalmente reivindicada por las ideologías progresistas o de izquierdas. Recibe también el nombre de democracia horizontal. La segunda es una forma concreta de gobierno, y podemos definirla como la garantía institucional de la libertad política. Para que exista una democracia política, son necesarias unas condiciones básicas:

a) Separación de facto de los podereslegislativo, ejecutivo y judicial.

b) Representación, por medio de las leyes electorales, de la sociedad civil.

Si falta alguna de las condiciones, el gobierno no es democrático. En España no hay democracia, sino que impera el régimen oligárquico de la llamada partidocracia. La partidocracia, o Estado de partidos, es una forma de gobierno en la que unos pocos partidos políticos (generalmente dos) mantienen secuestrada la libertad política de la sociedad civil. Se caracteriza por la carencia de separación de poderes, que se concentran en el dirigente del partido que ostenta el gobierno en cada momento. Tampoco existe representación de la sociedad civil. Normalmente, los partidos políticos están directamente financiados por el Estado y se les permite recibir donaciones de entes privados, lo que les convierte en órganos o instituciones del propio Estado. De acuerdo con la ley de hierro de Michels sobre los partidos de masas, éstos acaban por perder los objetivos de su fundación inicial y se convierten en superestructuras cuya única finalidad es la auto conservación. Por tanto, dejan de ser representativos de las bases que los sustentan. Para paliar este hecho y evitar el enquistamiento de los partidos políticos en el Estado y/o su subordinación a otras entidades de carácter privado, los partidos políticos deben sustentarse por las aportaciones a partes iguales de sus socios.

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