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PENSANDO EN VOZ ALTA: RECORDANDO EL 23 F-1981

PENSANDO EN VOZ ALTA

RECORDANDO EL 23 F-1981

Hoy lunes, 22 de febrero, me encuentro en una encrucijada debatiéndome entre escribir sobre la situación actual de España -fundamentalmente en algunas ciudades- o, siendo mañana 23 de febrero, recordar como pasé la tarde del mismo día, pero hace cuarenta años. Deshagamos la disyuntiva.

Una breve mención a lo que está ocurriendo en ciertas ciudades y la postura de algunos elementos después del encarcelamiento de Pablo Hasél, seudónimo de Pablo Rivadulla. Como aquí vamos a golpes de intereses y a golpe de mala información; llega un momento en que no se exactamente por cuál de los múltiples motivos acusado está en prisión… “letras de canciones”, “insultos varios”, “opiniones políticas”. El caso es que la justicia ha hecho su trabajo y lo ha encarcelado, fundamentos jurídicos tendrá. Ahora bien, ¿es motivo para el lío que se ha formado en diversas ciudades durante seis noches?, y las que quedan… imagino. ¿Qué es lo que hay detrás de todo ese movimiento salvaje que algunos “¿políticos?” apoyan e incluso aplauden? ¿por qué mandos directos de los Mossos desquadra ponen en duda su actuación al reprimir las acciones violentas?¿por qué algún que otro alcalde, también, denuncia el trabajo policial? Todo me parece un disparate y deseo que, por el bien de las ciudades y de sus habitantes, todo esto se acabe más pronto que tarde.

Si nos situamos en la tarde del 23 de febrero de 1981, recuerdo que estaba impartiendo una clase de matemáticas a una chica que preparaba unas oposiciones. Estábamos en su casa y serían las seis y veinte, más o menos, cuando su padre nervioso irrumpe en la sala en que nos encontrábamos con un transistor en la mano y diciendo: “Que han asaltado el Congreso de los Diputados” “Qué se han oído disparos”. Prestamos atención al locutor, efectivamente, Tejero había entrado al Congreso con un grupo de Guardias Civiles.

En ese momento di por finalizada la clase y me dirigí a mi casa. En ella, la estoy viendo, estaba mi mujer planchando y mi hijo, en ese momento, de tres años y medio jugando. Le comenté lo que pasaba y procedí a llamar por teléfono a mi padre, militar destinado en el Gobierno Militar de Cartagena. Le pregunté si estaba al tanto del asalto al Congreso, me respondió que no y, teléfono en mano, conectó un transistor y nada más oír lo que ocurría me dijo que se iba a su destino.

Tomó un taxi en la puerta de su casa, un par de días después -días que no apareció por casa- me comentó que cuando el taxi llegó a su destino el taxista muy nervioso no le quiso cobrar y que todo su afán es que abandonara el vehículo rápidamente.

Fueron días que los pasamos mal, dos o tres… más parecieron años. Muy nerviosos. Esa noche me veo sentado en un sofá con sendos transistores sobre los hombros y viendo imágenes por el pequeño televisor que teníamos. Así estuvimos hasta la madrugada cuando el Rey Juan Carlos I indicó que todo había acabado.

No obstante, hubo hechos cartageneros que pocas personas saben. La letra grande de los acontecimientos es conocida por todos, no así la pequeña. Mi padre, junto con su jefe inmediato y el personal a sus órdenes, se la jugó, no permitiendo que las calles fuesen ocupadas. En Valencia, sede de la III Región Militar, salieron los tanques a la calle. En Cartagena aguantaron junto a la Armada que permaneció  fiel a la corona. Hubo indicaciónpara que se tomara la emisora de radio -Radio Juventud de Cartagena-, no lo hicieron. Aguantaron y, reitero, se la jugaron pues si la deriva hubiese sido otra no sé qué es lo que hubiera pasado.

Los años pasan y en este 2021 estamos recordando el cuadragésimo aniversario del 23 F-1981.  

 

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