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“Por el mar corren las liebres, por El Monte las sardinas”, Ramón Galindo

Y con esto poco a poco, cuando a Neil Armstrong aún le faltaban unos pocos años para bajarse del módulo de alunizaje del Apolo XI para dar “un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad” y sin embargo cien años después de que Julio Verne publicase su novela “de la Tierra a la Luna” otro gran, o por lo menos buen hombre, el Señor Paco, -porque por aquellos años los niños, al referirnos a una persona mayor, sea el que fuese su status social, siempre le anteponíamos el tratamiento, como mínimo el de Señor- y por supuesto de usted.
El Sr. Paco, parodiando un poco a Verne y otro a la NASA también organizó su particular e imaginario cohete del viaje a la luna. Para ello decoró su vetusta y manufacturada carreta con ruedas de neumáticos y amortiguación por ballestas -todo un adelanto de la técnica-. Para su propulsión la enganchó a una mulilla castaña oscura, tocada con un sombrero de paja, cuyas alas atravesaba con sus largas orejas y fijado a un quitaipón con anteojeras; animal de cascos finos y grupa estrecha, de trote alegre pero de paso lento, y que sus herraduras le provocaban algún que otro resbalón en los tramos asfaltados -que no eran todos-; y a cambio de una peseta (0,006 €) paseaba a los niños de Cartagena alrededor de la manzana en la que vivíamos. Anunciaba su llegada con el tintineo de la lomera de cascabeles de la acémila, al que acompañaba con un repique de campana, y el fin del trayecto de la misma forma. Recorrido que el imaginativo carretero amenizaba a las riendas desde el pescante, siempre a capela y comenzaba la cantinela con el estribillo “ahora que vamos despacio vamos a contar mentiras tralará” a lo que aquellos ilusionados aprendices de cosmonautas de no más de cuatro o cinco años, envueltos en aquella fantasía y creídos que en cualquier momento despegaríamos con aquel artilugio rumbo al satélite en un ilusionante e imaginario viaje, mientras coreábamos la canción que siempre acababa con el tralará…
Seguramente Pedro Sánchez, a pesar de haber adornado el gobierno con un ministro astronauta -que por cierto jamás fue a la Luna- y haber volado en Falcon hasta para ir a la boda de su cuñado, nunca haya hecho el fantasioso y novelesco viaje, ni siquiera haya coreado esa canción, pero lo que sí es totalmente cierto, es que Sánchez en su realidad ha superado con creces a la ficción, tanto a la de Verne como a la del Sr. Paco, y ha soltado por su boca más mentiras que la letra de la copla popular.
Si ya inmersos en la fantasía del género literario del cuento, este presidente sufriera el síndrome de Pinocho, tendría tal nariz que en caso de una tormenta de gafas, las recogería todas antes de que ninguna llegase a tocar el suelo sin ni siquiera tener que sacarse las manos de los bolsillos.
Aquellas afirmaciones de no pactar con Pablo Iglesias, ni con independentistas, de no indultar golpistas, de no subir impuestos, de eliminar peajes, rebajar las cuotas de autónomos y en general luchar contra el paro la desigualdad y la pobreza sólo eran mentiras. Lo que no sé si él sabrá es que a los españoles lo que más nos molesta es que nos tomen por tontos, pero lo que posiblemente tampoco sabrá es que algunos españoles no nos damos por aludidos pues ya se le veía el plumero, por lo que el número de engañados se reduce a sus votantes, ni siquiera a todos los socialistas españoles, que en voces de los mismísimos Felipe González y Alfonso Guerra ha quedado de manifiesto, por no seguir desglosando la extensa lista de actuales varones y miembros del PSOE.
Y así de la misma forma que la mula del Sr. Paco tiraba de aquel vetusto carruaje “ahora que vamos despacio” tira Sánchez del socialismo español haciéndoles creer que “por el mar corren las liebres y por el monte las sardinas tralará” mientras ingenuos, bien pagados o ignorantes corean sus mentiras.
Este puro dominical, que cada vez tengo que ir más lejos a fumármelo, hoy desde una actual reproducción de aquella ficticia nave espacial del Sr. Paco, propiedad de un amigo. Pero como de costumbre en perjuicio de mi salud pero a la vuestra va dedicado.
Un fuerte abrazo a amigos y familiares.


RAMON GALINDO

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