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Montanaro: CARTAGENA INDOLENTE, UNA CIUDAD ESTAFADA DESDE LA CONSTITUCIÓN DEL 78

CARTAGENA INDOLENTE, UNA CIUDAD ESTAFADA DESDE LA CONSTITUCIÓN DEL 78

Recientemente se ha evocado en la tres veces milenaria ciudad departamental aquella trágica jornada en la que la Plaza Fuerte de Cartagena fue sometida a un bombardeo un día de Reyes de 1874 con una situación nacional convulsa, con el general Pavía invadiendo el Congreso y con una horda de cuatreros políticos  azuzando el crítico Estado Nacional y sobre todo, el cartagenero, hoy, no es el mismo teatro pero sí son los mismos instigadores políticos y todos buscando su supervivencia a costa del erario público como verdaderos cuatreros. Alguien me dijo que la gente honrada hoy no quiere ser político, cuánto hemos cambiado, o no…

Cartagena vive aborregada desde 1978 gracias a la Constitución en una permanente estafa política sustentada por mediocres alquimistas del misticismo político de sotana capitalino, el ejemplo actual es el personaje, “el genares” que preside la Comunidad, a la sazón un primo hermano de la política actual como es Sánchez, Casado, Garzón o el mismo Teodoro, otro primogénito de la arrogancia, guarismos de un problema donde su innata ceguera política radica en su profunda ignorancia sectaria, en su sumisión al cargo, Sánchez es sumiso a Soros y a un entramado globalizador y macroeconómico y Miras a la ruin y peregrina escolástica de Valcárcel todavía, son perfectos ignorantes y un inútil producto resultante de un sistema educativo frustrado donde han tenido títulos políticos que no académicos y esta es la realidad y la verificación son sus pueriles actos, del CV ni hablar.

El PSOE y PP han hecho su juego a costa del capitalino estatutario desarrollo de Murcia en contra de beneficiar a Cartagena y demás municipios relevantes, este era y es su decálogo y a nadie nos podía extrañar y, deberíamos haber sido los cartageneros quien criticara esas acciones más radicalmente castigando a nuestros representantes en las urnas, a pesar de lo escaso del lienzo, han sido cuatro décadas de socialistas y populistas populares envueltos en una permanente farsa, un teatrillo que le ha sido facilitado por la hegemonía del bipartidismo y la mediocre gestión de los partidos locales, pero a mí lo que más me ha frustrado ha sido el fracaso de estos partidos libertadores de andar por casa que prometen el oro y la independencia y luego se sumergen en lo ruin del lodo político. Como en aquel aciago gobierno del Partido Cantonal allá por 1987 con el apoyo de dos tránsfugas socialistas y más tarde con el beneplácito de una AP a ralentí e intentando ganarle la mano a los socialistas murcianos, entonces hegemónicos en la Región, todo ello tras el abandono obligado del extinto alcalde por repartir 28 millones de pesetas (168.000 €) entre los concejales, un tema de sobres, ya apuntaban maneras…, a pesar de que Vallejo no era mal alcalde los socios, siempre los socios y ácratas tránsfugas dejaban mucho qué desear.

Más tarde la frustración se arrimó a la ciudad de la mano de los de MC con un pacto entre la soberbia de MC y la traición del PSOE, el mediocre fracaso de MC en la gestión cargada de nepotismo y parabienes interesados y la penosa alternativa que era y es la Castejón, nos condujo, producto de la bravucona y vocera excentricidad política de unos y el postureo narcisista de la otra a la deriva actual, Noelia y Ana Belen, tanto monta que montan tanto, una pareja de damas, con perdón…, sin pasado ordinario, más bien extraordinario basado en el ofrecido por sus partidos, con un presente escabechado y con futuro dependientemente imperfecto, ¿cómo es posible que esta ciudad este gobernada en los límites de la más profunda mezquindad?.

Nadie se escapa, ni aquellos de CDS, ni estos de Ciudadanos o la permanente guardia roja, IU o podemitas, lo de los comunistas y el nuevo frente popular cartagenero no tiene parangón en lo absurdo, no se soportan ellos, ellas y elles con lo cual para establecer un análisis inteligente…, les cuesta, todo está mal, hasta lo suyo según el día. Así que no cuentan ni han contado en el entramado visceral local, quizás solo para poner la triste nota de humor entre la oposición y el gobierno, entre lo absurdo y el afán de protagonismo.

Una gestión mediocre y el nepotismo clientelar ha facilitado pactos ominosos y solamente interesados en lo personal y es la deriva de estas dos últimas legislaturas locales más acentuadas sobre las anteriores si cabe, es una opinión, sin duda, y a pesar de todo, tienen sus seguidores unos y otros, pero también los tiene Sánchez y no ha habido mayor trilero y tahúr político por sinvergüenza embustero en España desde Largo Caballero. No son los oriundos de Murcia, ni tan siquiera sus instituciones los culpables del descalabro cartagenero, son la basta y caduca clase política que ha estafado a esta región en general y a esta milenaria ciudad en particular desde la Constitución del 78, de hecho, la huida de Albacete supuso el coronamiento de la gran estafa, una Constitución que se prometía grande y hermosa se sustentaba en la Cámara Alta con la génesis de las autonomías, 17 taifas a cual más mezquina y mediocre, algunas como la arrogancia vasca y la sórdida catalana son el fracaso y la desgracia política y económica para esta sociedad, y otras, muy vulgares y ruines como la de Murcia, son parasitarias de un gobierno lleno de chantajes y de marionetas.

Esta Cartagena indolente es como un reportaje de la tele en vísperas del cole con los niños sentados delante de la mesa expectantes, callados, observando el atrezo que son sus mochilas y libros, la presentadora dirigiendo y manipulando las actitudes y aptitudes del conjunto y la madre o padres asintiendo como estúpidos protagonistas de fortuna, patético, mundano y soez.

Cartagena debería haber seguido con aquella, lejana por décadas, vida intelectual, política y religiosamente ortodoxa en la era moderna, a caballo entre un comunismo nostálgico pero extinto y gradualmente abandonado y la nueva socialdemocracia de los 80 o el neoliberalismo conservador. Esta aproximación a la realidad, haciendo posible que se exaltara en gran parte la historia de la ciudad, del fortín en guerras, de los más de tres mil años de historia, con una clase política honrada y anteponiendo a sus siglas y a su nómina su deber con la ciudad y la comarca se hubieran enfocado a los problemas prácticos de la sociedad y no se invocara un nuevo culto al prorrateo de votos y hegemonía del cacique político de turno que es en lo que nos hemos convertido. 

Una política marrullera es la actual y heredada, además de todos los signos, aduladores que usan todo tipo de halagos, fingimientos y zalemas para liar, embaucar y enredar con astucia a la gente, liantes de buenas palabras, que ponen su piquito de oro o su rumiante voceo en algún caso al servicio de tramas inconfesables. Nos hablan como si fuéramos idiotas, nos toman por tontos, tanto Noelia como Ana Belén hoy, López ayer, Barreiro antes de ayer… parece que hacen mucho y solo es la farsa de la que parten del postureo mañanero, vespertino y nocturno. A marrulleros, marrulleras y algún idiota “marrullere” no les gana nadie en el Consistorio, si las buenas palabras y las adulaciones de fortuna no son suficientes recurren a procedimientos menos suaves, provocando el caos, el barullo y la treta o engaño y trampa, vocerío y corrala en los escenarios de su actividad.

Este juego no tiene ya sombras, Cartagena es una ciudad mediocre gracias a ellos y ellas y eso está asumido, cualquier derecho es una dádiva, una bagatela, una miseria ofrecida hoy por Miras y sus acólitos, certificado por este nuevo PSOE destructivo, tóxico y nocivo, una ciudad a caballo de su quimera y engaños, que si bien parece en ocasiones anestesiada y superada por lo cortoplacista de los acontecimientos, no obviamos que en Cartagena tenemos a un grupo de ‘gobernantes’ que han primado sus intereses personales a los de la ciudad a la que representan. La indolencia política de una ciudad milenaria debe tener fecha de caducidad. Una Cartagena estafada con 3000 años de historia necesita ahora más que nunca, se hace imprescindible una candidatura totalmente alternativa e independiente a pesar de que la Ley Electoral no lo permite, un alcalde y 26 concejales con trapío, rancio abolengo y apartados de cualquier sigla política, gentes honradas y bien capitaneadas que nos saquen de este postureo infantil, de este atolladero estúpido de maniquíes impresentables de la política, esta Cartagena no se merece este Consistorio ni la estafa del gobierno murciano. Ningún partido en la ciudad tendrá la dignidad de presentar a 27 independientes sin meter la zarpa o el hocico.

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