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Montanaro: EL ALMIRANTE SÍ TIENE QUIEN LE ESCRIBA

EL ALMIRANTE SÍ TIENE QUIEN LE ESCRIBA

Cartagena está en Babor y Estribor de Guardia para saludo a la voz, despedir al Vicealmirante Sobrino Pérez-Crespo es una tarea que, al menos, implica que Cartagena cubra candeleros, además por ambas bandas. Juan Luís Sobrino ante todo es una persona cercana, de los que no elude su responsabilidad, lo que hoy es llamado un líder, los que pensamos en los marinos “de casta”, amante de su profesión, serio y honesto, de ideas claras y de fácil argumento, amigo de los amigos, lo más importante, sabe granjearse muchas y buenas amistades que perduran en el tiempo y la distancia.

 Así, dónde, en palabras del protagonista, “Las unidades de la Fuerza de Acción Marítima son las que más cerca están de la ciudadanía, la Marina de proximidad”, el Almirante Sobrino ha sido ese marino de proximidad que ha zarpado, en términos navales significa que el ancla ha abandonado el fondo y así, permite al buque maniobrar y abandonar el fondeadero, algo más significa en este texto, mucho más, el cual, y muy humildemente sólo quiere ser un homenaje a un Caballero del Mar, “un Marino de excepción que deja una huella imborrable a su paso”, así lo citaba el ALCANAR, Almirante del Mando Naval de Canarias recientemente.

Así las cosas, nos encontrarnos ante un marino que abandona puerto cartagenero, pero solo eso, puerto, en nuestras almas marinas queda su impronta, sus hechos, sus actos, acciones y éxitos, nobles y austeros, eficaces desde la sutileza de sus actos y así, implícito en la carrera, se impone un alejamiento provocado por el conjunto táctico operativo que necesita la Armada, una nueva singladura cumplida y aún queda otra, orlada por la profesionalidad y experiencia dilatada que conforman en su espita militar y humana sus baos y cuadernas.

Conocí hace ya algunos años al Almirante en Las Palmas y allí pude comprobar la exquisita amabilidad que lo caracteriza, persona directa y sencilla, notable anfitrión de una cercanía humana singular, y fue años después dónde se materializó todo aquél conocimiento en más hechos palpables aseverando el gran carácter humano y social que lo caracteriza en la Trimilenaria ciudad departamental que hoy, forma cubriendo candeleros en perfecto homenaje de despedida, una ciudad que con Peto de Gala despide al que ha sido su Almirante de Acción Marítima, una dirección compleja y notablemente estratégica que un gran equipo de profesionales define y defiende con orgullosa y notable profesionalidad.

Un Caballero del Mar que ha surcado más de siete mares, como diría la canción y el juglar del medievo, al marchase de la ciudad Departamental no deja solamente estelas en la mar, deja una profunda huella en esta ciudad, que, si no lo vio nacer, ya que su cuna fue Pontevedra y su arraigo Ferrol, si la vio crecer en numerosas ocasiones en nuestra ciudad, incluso en épocas duras de batallas estratégicas, esperando que no sea ésta su última singladura desde este trimilenario puerto y podamos acogerle en un futuro, siempre bienvenido.

En demanda de la Capital y de tareas de encomiable responsabilidad deja el Almirante Sobrino Perez-Crespo una profunda huella porque, en su figura y su talante militar se han forjado ilusiones y proyectos que han alcanzado puertos seguros, en él, se han visto reflejada la siempre sonora y en esta ocasión materializada gallardía española; una cualidad que ostenta el ser que es valiente y noble en su actuación y humilde en su austeridad militar y marina.

 Durante más de cuatro décadas ha surcado mares enarbolando el pabellón español con gentileza y orgullo, nunca se quedó en retaguardia, siempre fue de los primeros, siempre en vanguardia, pero un sentimiento de unidad y camaradería ha blandido y enarbolan sus respectivos mandos, digno exponente del Arma representada, con una habilidad a la vez que cualidad que es la de hacer que las penurias se conviertan en gloriosas aventuras, en una clara evidencia y claro reflejo de la alta preparación y disposición de las Fuerzas Armadas españolas pero sobre todo, su Armada, nuestra Armada, hizo de la amenaza una oportunidad y de la debilidad una fortaleza.

 Con él y bajo su mando se han forjado profesionalmente centenares de hombres y mujeres, cientos de oficiales, suboficiales y marinería, cientos de guardiamarinas bajo su mando directo en la ENM y a lo largo de estas cuatro décadas y lo que se aproxima todavía, en los más altos estamentos navales que, fruto del continuo esfuerzo y permanente formación ha forjado una carrera al servicio de la patria bajo el más noble hábito castrense, el uniforme.

El cuaderno de bitácora del Almirante Sobrino se nutre de mares de tinta, señalar sucintamente de vuelta encontrada este CV vestido entonces de gris naval.

El Vicealmirante Juan Luis Sobrino Pérez-Crespo nació en Pontevedra. Ingresó en la Escuela Naval Militar en agosto de 1979, y finalizó sus estudios obteniendo el empleo de alférez de navío en julio de 1984. Ascendió a vicealmirante el 15 de febrero de 2019.

Especialista en Electrónica y Oficial de Acción Táctica (TAO), se diplomó en Guerra Naval (Estado Mayor) en 1998. Ha estado destinado en el destructor “Gravina”, patrullero “Villaamil”, corbeta “Vencedora” y como Jefe de Órdenes de la 31ª Escuadrilla de Escoltas en Ferrol. Ha mandado el dragaminas “Ebro”, el buque de investigación oceanográfica “Las Palmas”, con el que participó en la Campaña Antártica 2000-2001, y la fragata “Navarra”.

Entre sus destinos en tierra, ha sido profesor en la Escuela Naval Militar (1994-1997), ha estado destinado en la Representación Militar de España ante los Comités Militares de la OTAN y la UE en Bruselas entre 2001 y 2004, Consejero Técnico en el Gabinete del Ministro de Defensa (2004-2007), y en el Estado Mayor de la Armada en las Divisiones de Planes y Operaciones, desempeñando en comisión de servicio en destino de superior categoría el puesto de Jefe de la Sección de Operaciones del Estado Mayor de la Armada (2010-2011).

Tras su ascenso a capitán de navío en julio de 2011 es nombrado Secretario General del Estado Mayor de la Armada. El 9 de julio de 2012 toma posesión del mando de la Escuela Naval Militar que desempeña hasta el 24 de julio de 2015. Durante este periodo finaliza su implantación el nuevo modelo del Plan de Carrera derivada de la Ley de la Carrera Militar del 2007, y en julio de 2015 reciben por primera vez los despachos de Oficial los nuevos Oficiales con un Título de Grado en Ingeniería Mecánica.

En octubre de 2015 asciende a contralmirante y es nombrado Almirante Comandante del Mando Naval de Canarias. Desde el 23 de enero de 2019 ejerce también como Almirante de Acción Marítima con carácter interino. El 15 de febrero de 2019 asciende a vicealmirante y se mantiene en la misma situación hasta que el 8 de marzo de 2019 toma posesión como Almirante de Acción Marítima.

Está en posesión de la Gran Cruz, Placa, Encomienda y Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, Gran Cruz del Mérito Naval, cinco Cruces del Mérito Naval, Cruz del Mérito Militar, Cruz del Mérito Aeronáutico, Cruz del Mérito de la Guardia Civil, y Cruz del Mérito Policial.

Hoy, en estancias cuasi espaciales por el alto puesto jerárquico y especiales por su responsabilidad, y con más coraje si cabe, seguirá surcando mares, entrando en el exclusivo club como destacado protagonista de la historia de nuestra nación, ondeando los nobles sentimientos de miles de almas que conforman la Armada Española, ¡siempre Española! y de la cual, tan orgulloso siempre se ha sentido, se siente y se sentirá. Albert Einstein: “El azar no existe, Dios no juega a los dados”, el éxito no es aleatorio.

Y queda. Al pasar delante de Capitanía, nos sorprende una exclamación silenciosa de nostalgia y regocijo, el recuerdo de sus paseos casi anónimos por nuestra ciudad siendo partícipe de nuestra Trimilenaria historia y enriqueciéndola. Sus laudos discursos espontáneos, su puesta en escena natural con la elegancia de un marino y la contundencia de un Comandante en el puente de mando en una fuerte marejada y, alejándose de la ambigüedad política pero edulcorándola, no es fácil en estos tiempos, estableciendo un fundamento y el más profundo reconocimiento a un Almirante cercano como su Fuerza de Acción Marítima y de proximidad a la ciudadanía; como diríamos en terminología naval, “BRAVO ZULU ALMIRANTE” y buena singladura. Al contrario que ese Coronel de García Márquez olvidado por la penumbra, Cartagena siempre le recibirá con los brazos abiertos y con un levante plácido al orto en una mañana de verano

Andrés Hernández

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