Desde la Repla: El estúpido aquelarre del Palacio Consistorial, una hoguera de vanidades abstractas y surrealistas
EL ESTÚPIDO AQUELARRE DEL PALACIO CONSISTORIAL, UNA HOGUERA DE VANIDADES ABSTRACTAS Y SURREALISTAS.
O cómo Cartagena convirtió la política municipal en un circo de médiums, tránsfugas y vendedores de humo con acta de concejal. Hay ciudades que gestionan presupuestos. Cartagena organiza sesiones de espiritismo institucional. Uno entra al Palacio Consistorial y no sabe si asiste a un pleno municipal o a una representación amateur de Macbeth dirigida por un administrativo con resentimiento o un “community manager” de Tik Tok. Allí están todos, los traidores, los iluminados, los cartageneristas mesiánicos, los socialistas con alergia a ganar elecciones, los exiliados de Vox convertidos ahora en vírgenes democráticas y una alcaldesa que intenta gobernar un barco con la tripulación apuñalandose en la sala de máquinas mientras el puerto arde alrededor y no hay donde zozobrar. Un aquelarre perfecto. Faltan las cabras negras, no están porque están ocupadas redactando comunicados institucionales.
Cartagena vive instalada desde hace años en una especie de performance política de bajo presupuesto donde cada concejal parece salido de una comparsa existencial patrocinada por el fracaso. Aquí nadie gobierna, todos interpretan. El Ayuntamiento ya no es una institución, es una convención permanente de egos heridos, venganzas personales y vendedores de estabilidad con historial de pirómanos. Una mezcla entre Los Soprano, una reunión de comunidad de vecinos conflictivos y un casting descartado de Gran Hermano VIP o cualquier “reality” mediocre, vulgar y ordinario.
“Resulta maravilloso observar cómo dos concejales que dinamitaron la estabilidad del gobierno ahora justifican una moción precisamente por la inestabilidad que ellos mismos provocaron, me sorprenden”
La moción de censura contra Noelia Arroyo no nace del amor por Cartagena, que nadie se confunda, sería demasiado noble para esta fauna de corral municipal. Nace del odio, del rencor, de la vanidad y de la necesidad fisiológica de tocar moqueta antes de que llegue 2027 y algunos descubran que fuera de la política nadie les devuelve las llamadas por incompetente e inútil. Aquí no hay ideología, sólo hay supervivencia laboral muy generosa con escolta institucional, la línea entre un paro escueto y una nómina desprendida.
Resulta maravilloso observar cómo dos concejales que dinamitaron la estabilidad del gobierno ahora justifican una moción precisamente por la inestabilidad que ellos mismos provocaron, me sorprenden, como si dos marineros hubieran abierto un boquete en plena noche al barco del Ayuntamiento de Cartagena y, mientras entra agua por todas partes, aparecieran en cubierta con chaleco salvavidas exigiendo una comisión de investigación sobre las goteras. Absurdo como un belga por soleares que cantara Sabina. Sí, tengo más, como si el pirómano denunciara la existencia de humo o como si el ladrón convocara una manifestación contra los robos o como si un camarero escupiera en la sopa y luego exigiera una inspección sanitaria. De vergüenza.
“Manuel Torres habla de “sacar a Cartagena de la parálisis”, lo cual tiene mérito viniendo de un partido que convierte cualquier gestión en una sala de espera del INSERSO administrativo.”
Y ahí aparece el PSOE, siempre dispuesto a alquilar principios por horas si huele despacho cerca, no hay más que herrumbre y oprobio social y político. El socialismo cartagenero lleva años funcionando como una franquicia emocional del resentimiento, de la incompetencia y del feudo de la isla. Nunca gana, pero siempre intenta gobernar, como sea. Tiene algo de médium cansado invocando mayorías inexistentes en sesiones de ouija institucional. Manuel Torres habla de “sacar a Cartagena de la parálisis”, lo cual tiene mérito viniendo de un partido que convierte cualquier gestión en una sala de espera del INSERSO administrativo.
“Jesús Giménez Gallo habla de “desgobierno” como un predicador apocalíptico del urbanismo decadente, con una cámara filmándolo permanentemente como ese ignorado actor al que nadie quiere contratar por mediocre pero que adolece de un protagonismo exacerbado casi patológico. Siempre parece a punto de anunciar el fin del mundo desde una rotonda sin iluminar, desde un cerro lleno de maleza o desde una ruina romana llena de basura”
El problema es que Cartagena no está paralizada. Cartagena está anestesiada, que es peor. Los cartageneros, asépticos a las artimañas disfuncionales de los políticos, se han acostumbrado a convivir con “sujetes” que hablan como salvadores y gestionan como becarios agotados. La ciudad contempla todo esto con la misma expresión que alguien atrapado en un ascensor con un cuñado borracho en Nochevieja, resignación y ganas de que termine pronto.
Movimiento Ciudadano merece capítulo aparte porque lo suyo ya pertenece a la zoología política avanzada. MC lleva años vendiéndose como una especie de resistencia cartagenera frente al abandono histórico, pero cada vez se parece más a una secta de opositores profesionales adictos al agravio territorial y a la estética del enfado perpetuo, ahí me he despachado… Jesús Giménez Gallo habla de “desgobierno” como un predicador apocalíptico del urbanismo decadente, con una cámara filmándolo permanentemente como ese ignorado actor al que nadie quiere contratar por mediocre pero que adolece de un protagonismo exacerbado casi patológico. Siempre parece a punto de anunciar el fin del mundo desde una rotonda sin iluminar, desde un cerro lleno de maleza o desde una ruina romana llena de basura.
“La alcaldesa ha pasado de vender estabilidad -inexistente- a mendigar fidelidades. La imagen resulta casi poética, una regidora rodeada de concejales no adscritos, asesores indignados, vicealcaldes en guerra y reuniones secretas en cafeterías donde todos parecen traficantes de favores y no responsables públicos”
Puede que tenga razón en parte o en todo. El problema es que uno escucha a Gallo y nunca sabe si aspira a gobernar Cartagena o a presentar un podcast depresivo sobre alcantarillado emocional. Su discurso recuerda a esos camareros que describen con pasión todos los defectos del restaurante… mientras sostienen la bandeja y son incapaces de ir más allá, mucho menos gobernar.
Mientras tanto, Noelia Arroyo intenta mantener la compostura de capitana elegante en un Titanic gestionado por una comunidad de vecinos enfrentada por los cubos de basura. La alcaldesa ha pasado de vender estabilidad -inexistente- a mendigar fidelidades. La imagen resulta casi poética, una regidora rodeada de concejales no adscritos, asesores indignados, vicealcaldes en guerra y reuniones secretas en cafeterías donde todos parecen traficantes de favores y no responsables públicos, ¿caos? Esa es otra, el romanticismo cutre de la conspiración municipal con las reuniones discretas en terrazas o en los cafés nerviosos. Las entradas al notario. Las llamadas que nadie coge. Parece una película de espías… rodada con presupuesto de asociación de vecinos y catering de polígono industrial, o una premonición de este mayo y sus MU_DANZAS, entiéndase la ironía convirtiendo el Ayuntamiento en un aquelarre de intereses con maletas contemporáneas a modo de danza grotesca que van y vienen…
“La izquierda española tiene una habilidad prodigiosa para practicar exorcismos ideológicos exprés, y aquí a pesar de las propagandísticas consultas todo es mentira y falsedad.”
Y luego están los tránsfugas. Ah, los tránsfugas.... Esos seres mitológicos de la política española que pasan de ser “ultraderecha intolerable” a “socios democráticos razonables” en cuanto cambian de bancada. La izquierda española tiene una habilidad prodigiosa para practicar exorcismos ideológicos exprés, y aquí a pesar de las propagandísticas consultas todo es mentira y falsedad. Basta abandonar unas siglas y automáticamente desaparece el fascismo, como el gluten en los anuncios de yogures, un socialismo descompuesto gracias a payasos de circo nauseabundo de pueblo perdido.
Diego Salinas y Beatriz Sánchez del Álamo representan perfectamente el teatro moral de esta legislatura, una tragicomedia romana más que griega, por las traiciones. Ayer sostenían un gobierno que hoy califican de desastre a pesar de haber sido parte de él. Ayer eran imprescindibles para la estabilidad, pero hoy son imprescindibles para destruirla. Mañana probablemente vuelvan a defender lo contrario, ¿quién sabe? Son políticos líquidos por aproximación asimétrica, adoptan la forma del sillón que los contiene, no hay otra explicación a la falta de dignidad. Aunque la culpa es de quien los ficha, además con fanfarrias y estridencias. Que se lo digan también a López con Gallo.
“Lo fascinante del caso cartagenero es que todos parecen convencidos de ser estadistas mientras actúan como participantes de un “reality” municipal llamado “Supervivientes del Ego””
Y mientras tanto Cartagena sigue ahí, observando esta pelea de “gallos” con las calles sucias, los barrios abandonados, los proyectos eternamente prometidos y una economía municipal que parece gestionada por un grupo de ludópatas con acceso a Excel, sí, del PP. Entre tanta épica teatral hay un detalle incómodo, las cuentas por mucho superávit que se promulgue. El déficit por mucha compensación que se difunda. Los millones negativos. Están y cada vez van a más, es esa desagradable costumbre que tienen los números de arruinar los discursos grandilocuentes. Cartagena vive financieramente como ese familiar que presume de coche nuevo mientras debe seis recibos de la luz y desayuna ansiedad con sacarina y además no va a pagar una sola letra del Porche. Pero nadie habla realmente de gestión, solo se habla de poder, de sillones, de venganzas, de equilibrios, de puestos y de asesores, muchos amiguetes y familiares que colocar. El ciudadano importa menos que una nota de prensa mal redactada que nadie lee.
Lo fascinante del caso cartagenero es que todos parecen convencidos de ser estadistas mientras actúan como participantes de un “reality” municipal llamado “Supervivientes del Ego”. Cada rueda de prensa parece una terapia grupal mal resuelta. Cada comunicado huele a resentimiento fermentado. Cada declaración contiene el dramatismo de quien cree estar salvando Roma cuando apenas discute sobre competencias de Turismo y personal eventual. Aun así, lo más cómico es la solemnidad, ese tono épico con el que hablan del futuro de Cartagena mientras negocian como jugadores de mus en una tasca, o en una garrafina de dominó. “La estabilidad institucional”. “La alternativa seria”. “El proyecto de ciudad”. Frases enormes pronunciadas por personas que no logran ponerse de acuerdo ni sobre qué pizzas pedir.
La ciudad se ha convertido en un tablero de ajedrez jugado con piezas defectuosas. Los alfiles avanzan en diagonal hacia la irrelevancia. Las torres amenazan ruina estructural. Los peones conspiran en las cafeterías. Y el rey… bueno, el rey, la ciudad, probablemente esté intentando entender quién sigue en su bando porque la reina está defectuosa por tara política y han descubierto su discapacidad…
Todo esto sería dramático si no resultara tan grotescamente cómico. Cartagena ha alcanzado un punto en el que la política municipal ya no genera indignación, genera fatiga estética. Uno escucha hablar a ciertos dirigentes y siente el mismo agotamiento que ante un mago malo explicando sus propios trucos, sin embargo, todos siguen interpretando el papel. El PSOE fingiendo que esto es progresismo estratégico y no oportunismo con corbata, perdón con camiseta elástica o spor. MC actuando como si fueran la resistencia francesa en lugar de una maquinaria localista obsesionada con el agravio permanente. El PP representando la sorpresa indignada después de gobernar años como si Cartagena fuera un cortijo marítimo con photocall ocasional, demasiado ocasional. Vox desintegrándose como una banda de rock adolescente tras una gira excesiva, y los huidos o no adscritos convertidos en mercenarios emocionales del pleno municipal, en lugar de irse a casa por Navidad.
La metáfora del aquelarre no es casual. Porque en el fondo esto parece una ceremonia nocturna donde todos invocan el espíritu del poder mientras sacrifican cualquier idea de coherencia sobre el altar de la supervivencia política. Nadie cree ya en nada, pero todos necesitan aparentar que luchan por algo superior. Y así seguimos, entre conspiraciones de cafetería, vídeos para redes sociales donde el “sujete” de MC se ha hecho un experto como Pedro Sánchez en vender humo y televisarlo, en discursos vacíos y comunicados redactados como cartas de divorcio. Ojo a los traidores de la traición, que los habrá, todavía hay alquiler de voluntades.
Cartagena merece mucho más que esta procesión de egos heridos disfrazados de servidores públicos. Merece gestores, adultos funcionales y no disfuncionales como los presentes. Gente capaz de distinguir entre gobernar y representar una opereta de barrio marítimo o barriobajero. Pero de momento tiene esto, un aquelarre municipal donde cada concejal entra con túnica de salvador y sale convertido en caricatura. Un circo institucional donde los payasos ya ni siquiera hacen gracia porque han terminado creyéndose filósofos del Estado.
Y mientras el puerto sigue ahí, magnífico y silencioso, observando cómo una ciudad histórica es administrada como una pelea de gallos con wifi, otra vez. Cartagena continúa esperando algo revolucionario, como políticos que trabajen más de lo que conspiran. La única esperanza que veo en el horizonte es la aparición de un mirlo blanco, con hegemonía, responsabilidad y sobre todo con reputación demostrado, a la antigua usanza, que tire de Cartagena, independiente del color político y de la mediocridad actual. Difícil pero sencillo, solo falta el valiente para quitarnos esta lacra, las polillas, esta infección que adorna la política cartagenera