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“La cabra nos da leche…”, Ramón Galindo

Y con esto poco a poco desfiló la no cabra, que tampoco cabrón que más bien era un carnero y recibió muchos aplausos, en cambio otros no sé si macho cabrío o cabrón recibieron abucheos y no es precisamente por un asunto de cuernos. Como en todo espectáculo y a posteriori, pues el público asistente abucheó y aplaudió por unanimidad, surgieron los críticos con sus afiladas y puntiagudas opiniones nunca exentas de dobles intenciones. Y mira por donde vino a opinar «Arfonzo» que me empezaba a caer bien y vino a cagarla de nuevo ¡Hombre de Dios! -o del Diablo- ¡Pero como vienes a comparar la cabra con Sánchez! Las cabras son beneficiosas para la humanidad, limpian el monte de hierbas y previenen de incendios, hasta sus excrementos son útiles para abonan los campos, nos dan leche, con ella se hacen quesos que son manjares y hasta su carne es muy apreciada para el alimento; en muchas civilizaciones poseer cabras es síntoma de riqueza y sustento, y además en este caso concreto ejercen de mascota y animal de compañía al que se le coge cariño. De Sánchez sólo se podría decir que efectivamente por donde pasa tampoco crece la hierba.

Pero el tema del abucheo va mucho más allá, y si bien es cierto en el Día de la Fiesta Nacional que el Presidente del Gobierno espontáneamente sea abucheado, la verdad no queda bien, pero peor queda cuando el Jefe del Estado es abucheado por los simpatizantes de los socios de gobierno de Sánchez, con la particularidad de que en los estadios no se puede apartar el palco de las gradas, y en la Castellana el público ni lo veía, pues a pesar de apurar al segundo para llegar al mismo tiempo que el Rey, fue sólo anunciar su presencia por los altavoces para que los abucheos comenzaran sin ni siquiera verlo.

Y así vamos, ya hasta se valora si sería este el último desfile de la mascota de la Legión. Y aquí todo es posible, en un país donde es legal asesinar a un humano nonato, donde los hombres se pueden cercenar los testículos y fabricarse una vagina y encima pretender que se lo paguemos los demás y que a las mascotas se les pueden amputar los «güevos» pero no el rabo, puede suceder cualquier cosa.

Y continuamos con los botellones, donde los jóvenes que por sus creencias religiosas no deben beber, o no beben y les jode que los otros lo hagan, o beben y no les sienta bien y enseguida en cuanto ven una minifalda o un pubertoso escote piensan que todo el monte es orégano y si no les gusta el comportamiento de la chavaleria que les en plena vorágine «bollenonil» recrimine sus aptitudes, no tardan en tirar de pincho y aunque muchos medios de comunicación lo oculten, o incluso algunos grupos políticos los defiendan, las estadísticas dicen que la mayoría son MENAS, o de raza árabe y religión musulmana.

De lo que ya no se ha vuelto a hablar es de «la vuelta a la normalidad» que como la de los «brotes verdes» han pasado a las hemerotecas como las mayores meteduras de pata de los mensajes presidenciales de Sánchez y Zapatero, sin obviar la de los novecientos mil puestos de trabajo de Felipe González, otro que me empezaba a caer bien, quizá por la benevolencia que la edad le otorga, pero que ha desperdiciado otra excelente ocasión desde el púlpito del reciente congreso socialista para recordarle al PSOE de hoy, que gobierna con los que ayer asesinaban a los de sus filas y hoy se sientan juntos en el Congreso, y hasta se irán de copas juntos ¡O no! quizá sólo por el ego de su presidente. Cosa de la que este niñerío del botellón, por su corta edad no tienen constancia, pero que forman parte de nuestra reciente historia, y que deberían estudiar en los libros de texto, además de preocuparse un poco más de su futuro y no del chantaje que les están preparando y que no les llegará para más que para cómprase la última versión del videojuego de moda.
Y como todos los domingos, ha de esto ya varios años, a vuestra salud y en perjuicio de la mía, enciendo este puro con la única excusa de enviar un fuerte abrazo a amigos y familiares.

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