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MONTANARO DE AQUÍ: TERCIO VIEJO DE CARTAGENA 1595. SANTIAGO Y CIERRA ESPAÑA

TERCIO VIEJO DE CARTAGENA 1595. SANTIAGO Y CIERRA ESPAÑA.

Cartagena tiene un gen revoltoso cultural en su ADN, la intensa historia de esta tres veces milenaria ciudad cala tan profundamente en sus ciudadanos que la ingente labor y desarrollo cultural no time meta, y de ahí, de ese espíritu aventurero didáctico cartagenero nació una asociación que quería rendir tributo a la honestidad, al honor, al valor, al coraje, a la valentía, al generoso orgullo del sacrifico de nuestros Tercios, los Viejos Tercios Españoles, ejemplo mundial de bravura por todos reconocido. Así, y considerados como los herederos de las legiones romanas, estas unidades se basaban en la pica y el arcabuz para aplastar brutalmente a sus enemigos y en Cartagena tienen su reflejo.

¡Santiago y cierra España! Dicen las crónicas que estas fueron sin duda las últimas palabras que innumerables enemigos de la nación española escucharon antes de ser masacrados por la que fue, sin duda alguna, la mejor infantería europea durante 150 años, eran los temibles Tercios. Armados de bravura, con un arrojo incuestionable y una lealtad absoluta hacia su rey, estas unidades acababan con sus adversarios lanzando sobre ellos un huracán de plomo y un océano de picas.

La génesis de nuestras grandes frases de heroicidad se establece en nuestros Tercios, decía el diablo que tuviéramos los españoles cuidado con la tormenta, cuando eran nuestros Tercios, nuestros soldados, la verdadera tormenta…, a los que incluso, el propio diablo temía. Genérales y estadistas se postraron ante su valentía, ante la valentía del ejército español, de la Infantería.

Otra vez y ya son incontables los proyectos culturales que han visto la luz en la famosa bodega del Condado de Peralta, como antaño, alrededor de un buen vino en una taberna oscura, un grupo de valientes tornaron en realidad un anhelo, así nació la ASOCIACION TERCIO VIEJO DE CARTAGENA 1595. Hoy cambian las presidencias, no los esfuerzos y tampoco el coraje, de General a General, de un General Aníbal que diera fuero y bula en aquellas lejanas fiestas de Cartago hasta la fecha, al intachable General de Infantería de Marina, de Tomás Martínez Pagán, Aníbal del que dice la leyenda y la historia que; Tras la muerte de Asdrúbal, fue elegido por el ejército de Cartago (hoy los ciudadanos de Cartagena) estacionado en la península ibérica para que le sucediera en su condición de comandante en jefe. Posteriormente, Aníbal sería confirmado en el puesto por el gobierno cartaginés, (hoy anhelado por políticos y sus partidos) a pesar de la oposición encabezada por Hannón, siglos después la historia cambia poco con el protagonista, describía Tito Livio del joven general. A partir de su llegada a Hispania, Aníbal atrajo todas las miradas. «Es Amílcar en su juventud, que nos ha sido devuelto», describían los viejos soldados. «La misma energía en la cara, el mismo fuego en la mirada: aquí está su aspecto, aquí sus gestos». Tras haber asumido el mando, Aníbal pasó dos años consolidando el poder cartaginés sobre las tierras hispánicas y terminando la conquista de los territorios situados al sur del Ebro, en este caso, odiado y envidiado, querido y defendido, empujó las de septiembre, se cuentan por centenares las batallas culturales y sociales ganadas, no sin esfuerzo y sin decepciones.

Toma el mando el General de Infantería de Marina Orti, Juan Manuel, muy condecorado tanto nacional como internacionalmente,  fue Jefe de la Fuerza de Protección de la Armada, Diplomado de Estado Mayor y presidió el Grupo de Trabajo del Comité Militar de la Unión Europea en Bruselas, con un bagaje militar encomiable y a la altura solo de aquellos Tercios, de sus Maestres, ocupando destinos en el Grupo Delta de la Flota, en el Tercio de Armada y en la Comandancia General de Infantería de Marina y ha sido profesor del Curso de Estado Mayor en la Escuela de Guerra Naval y en el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional. Destacando su participación determinante en las Operaciones en Bosnia Herzegovina en 1996 y en Albania en 1997. Efemérides locales que han arraigado de sus destinos en Cartagena en el Tercio de Levante y en la ya desaparecida Escuela de Formación de Cabos, sin olvidar la jefatura de la Fuerza de Protección de la Armada, último en la Departamental.

No es por casualidad su presidencia en el Tercio Viejo de Cartagena, enamorado de la Infantería de entonces, de aquellos heroicos Tercios, ha destacado por sus notables investigaciones históricas y una, hecha obra y editada sobre el Maestre de Campo Lope de Figueroa, que da nombre al patio central del Tercio de la Armada, “es el prototipo de militar de los Tercios españoles del siglo XVI”, recuerda al dar a conocer el acto de presentación del libro. “Con una hoja de servicios que es un monumento al valor, al heroísmo, a la acometividad y a la lealtad, siendo uno de los militares con mayor prestigio para las armas españolas”. De hecho, su brillante trayectoria militar le llevó a ser nombrado maestre de campo del Tercio, que se considera el origen de las actuales Unidades de la Infantería de Marina…

En un tiempo en que España necesitaba defender sus territorios europeos con soldados fiables, los soldados de los Tercios demostraron de lo que era capaz un militar resuelto y experimentado. Así, con la Cruz de Borgoña a sus espaldas y una daga en su cinto, estas unidades se labraron una reputación que, todavía hoy, les hace contar con un lugar privilegiado en la Historia desde el nacimiento del Tercio. Este inicio, por establecer una fecha aproximada, sería obligatorio retroceder hasta el S. XVI, momento en que Carlos I de España y V de Alemania dirige la nación. Nieto de los Reyes Católicos, a este monarca se le planteó la difícil tarea de mantener a sangre y fuego los territorios que había heredado en Milán, Nápoles y Sicilia. Además, los gabachos ya entonces presionaban para anexionárselas, así se reorganizó la Infantería Española destacada en estos territorios. Aprestados para la defensa, nacieron los tres primeros Tercios: el de Nápoles, el de Sicilia, y el de Lombardía. Estas pioneras unidades tuvieron desde entonces el honor de ser conocidas como «Tercios viejos», y cada una contaba con un mando independiente.

Sin entrar en dilemas ni cuestiones de fechas, al parecer existe una especie de instrucción del Tesoro de 1537 que explica cómo se ha de pagar a cada hombre de los Tercios. También se dice que una disposición imperial de 1534 redistribuyó las fuerzas españolas destacadas desde antiguo en Italia en tres tercios, uno para el reino de Sicilia, otro para el de Nápoles y otro para el Estado de Milán o ducado de Lombardía, pero la verdad es que esos tres Tercios dejan fuera a Cerdeña, de la que Carlos V era también rey, y que tuvo un Tercio desde el principio.

El paso del tiempo y la necesidad de protección y conquista garantizó la creación de nuevos Tercios y el perfeccionamiento de las técnicas de combate, así se llegó a “Las tácticas perfectas”. Estas, se tomaron del ejército suizo. Luchaban combinando de forma muy eficaz las armas blancas como picas y espadas y las de fuego como mosquetes y arcabuces, llegando al punto de crear toda una leyenda entre los enemigos de las Españas como tropas invencibles desde comienzos del siglo XVI hasta mediados del XVII. Los Tercios utilizaban tácticas muy innovadoras para la época. Su movilidad en el campo de batalla y su capacidad para adaptarse a cualquier situación no tenía parangón entre sus rivales y todavía se les considera como uno de los mejores ejércitos de todos los tiempos.

Reza el Himno de la Armada que, en Lepanto la Victoria y la Muerte en Trafalgar…  El 7 de octubre de 1571 se producía la batalla de Lepanto, que enfrentó en el golfo de Patras a las fuerzas navales del imperio otomano y a las de la Liga Santa, formada por España, Venecia, la Orden de Malta y el Papado, y que acabó con una rotunda victoria cristiana. Se iniciaron los combates poco antes de las 12 del mediodía. Las galeazas atravesaron casi sin problemas las primeras líneas enemigas, pero no había espacio para maniobrar. Las naves más poderosas de ambas escuadras se agolparon junto a sus capitanas, de esta manera los turcos lograron romper la formación cristiana y llegar hasta la “Real”, que fue embestida por la capitana turca, la “Sultana”. Embistió con tanta fuerza la nave de Bajá que su espolón penetró en la capitana de Juan de Austria. Tras abordar la “Real”, los otomanos se lanzaron a su toma, pero los arcabuceros y artilleros españoles barrieron a los jenízaros que trataban de hacerse con ella.

Seguimos recordando un poco la historia de España. El combate fue sangriento, reemplazándose las bajas con los hombres de los buques abarloados en la mar a ambas capitanas. Primero la “Real” solo estaba asistida por la capitana de Sebastián Veniero, por lo que la llegada de Álvaro de Bazán fue providencial, anulando y hundiendo una galera enemiga en pleno ataque contra la capitana de Juan de Austria, y embistiendo a otra. Ya entrada la tarde se seguía combatiendo. Bazán lograba dejar hombres en la “Sultana” que se sumaron a los de la “Real” y otros buques cristianos. Eran soldados de los tercios de Lope de Figueroa, Pedro Padilla, Diego Enríquez y Miguel Moncada. Palabras mayorees hoy como ayer. La furia con la que arremetieron los hombres de los tercios fue terrible, tomando a la “Sultana” y matando de un arcabuzazo a Alí Bajá. Eran aproximadamente las 4 de la tarde y la noticia de la muerte del general otomano corrió como la pólvora entre su flota. Los destacados mandos otomanos, que se vieron superados por completo pidieron la rendición.

Y ahora, tras la grandeza de Lepanto, volvemos a recrear la historia rememorando esos piratas berberiscos apátridas, así la asociación intenta recrear aquellas incursiones y sus defensas en la costa cartagenera, piratas berberiscos y milicia concejil. A principios del XVII se creo la piratería anglo turca en Berbería, una alianza de protestantes y musulmanes que, con la excusa de combatir al catolicismo, buscaban enriquecerse. La que se consolidó tras la expulsión de 300.000 moriscos de España. Las tierras del Levante peninsular continuaron despobladas y sin cultivar por el temor de los asaltos de los berberiscos. Las poblaciones costeras se habían retirado al interior, construyendo nuevos pueblos alejados de la costa. Una idea de esta intensidad hostigadora son las numerosas alarmas de “moros en la costa” en el litoral de Cartagena, que en algunos años ascendió a un centenar de avistamientos, y además todavía perdura una significativa consecuencia a la que no se ha querido poner solución, el traslado del obispo a la ciudad de Murcia. Un cronista de la época nos lo explica así: La cabeza de este obispado es Cartagena y allí estaba la Catedral y el Papa Inocencio V les dio indulgencia para pasarla a la ciudad de Murcia donde está ahora, por el peligro de moros de tierra y mar, y por acto de insolente cobardía.

Hasta siempre mi General, bienvenido mi General. “Los españoles son ejemplo que no parece excepción, pues siendo generalmente de estatura pequeña, la grandeza del corazón es tan grande que les da aliento, de forma que con su propio valor se han hecho dueños del mundo”. Juan Pablo Mártir, 1626.

Andrés Hernández Martínez

 

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