Opinión

¿Os habéis portado bien?

Juan M. Uriarte
Juan M. Uriarte

La tradición católica supera la del orondo señor de rojo que va en trineo, entre otros millones de razones, porque estira el tiempo de Navidad hasta el domingo después de la Solemnidad de los Reyes Magos. La Navidad atrae por muchas razones: Alegría, perdón, luces, fiesta, regalos, familia. Brilla la sencillez del Belén, sorprende la pobreza escandalosa de Jesús y su familia, el Misterio emerge. Sin embargo, la gran cuestión no es que sea una bella alegoría – lo es, es insuperable-, sino si lo que sucede es cierto, y sobretodo si tiene algo que ver con nuestras vidas. ¿La Navidad es algo real, tangible, o es una obra de teatro universal en la que todos participamos conociendo el engaño? ¿La Noche de Reyes es la última ficción navideña, una mentira más, un simulacro bienintencionado para ocultar la ingrata realidad?

¿Os habéis portado bien? (…) “La Palabra vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron”.

¿Os habéis portado bien? Ningun tópico más manido para estas fechas de Reyes Magos. ¿Quién se porta bien? Maduro no se porta bien, Trump no se porta bien, tu cuñado no se porta bien, yo no me porto bien. En Navidad se nos invita a todos a ser niños, a recuperar infancia espiritual. Dice San Henry Newman: El niño está libre de ese espíritu de orgullosa independencia que se instala en el alma a medida que pasa el tiempo.

¿Os habéis portado bien? Cuando interactuamos así con los niños no lo hacemos para restregárselo e insertarles un moralismo frustrante, sino para situarlos ya dulcemente, párvulamente, ante eso que se llama hacer lo correcto, buscar lo bueno. La quisquillosa obligación humana de tener que elegir cada día, y de poder errar, deseando lo bueno y lo bello. Ya llegará el momento en que experimenten que sus propias fuerzas son insuficientes.

Uno de los hombres más sabios que han existido en toda la historia, el viejo Aristóteles, más de trescientos años antes de nacer Jesús, nos mostró, como si fuera un mago-bautista, los requisitos de la amistad en su Etica a Nicómaco, y así afirmaba que la amistad es lo más necesario para la vida, porque ninguno hay que quiera vivir sin amigos, aunque tuviese en abundancia los demás bienes.

Pero para que pueda existir la AMISTAD, para poder ser AMIGO hay algún requisito natural; es indispensable que exista la igualdad (philótes isótes), una igualdad ontológica; no cabe pues -dice Aristóteles- amistad con los dioses, no cabe amistad con los animales, ni con los esclavos. Esa amistad exige además para que sea posible una igualdad también social, de mente, comunidad (koinonía), como una especie parentesco, de la misma familia (oikeion). La amistad entre hermanos se parece a la que existe entre buenos compañeros. Así pues, el viejo Aristóteles en su Ética a Nicómaco, intuyó conceptualmente como un protomago el camino descendente (kénosis) que Dios iba a hacer en la Encarnación.

‘No cabe amistad con los dioses’, ergo Dios tenía que hacerse humano. ¡Eureka! En Belén, en Navidad, Dios decidió bajar a jugar el partido en nuestro campo, nos regaló su sabiduría viniéndose a nosotros.  Dios se igualó, se hizo como yo, carnal, humano, para poder ser nuestro amigo (no os he llamado siervos, sino amigos). Y no solo se hizo humano para poder ser amigo, sino que me hizo de su familia, me considera ya de los suyos… me hace su hermano (!!)

¿Os habéis portado bien? Ya sé que no, mas no preocuparos. La noticia es que somos amadísimos y tenemos acceso a la vida; el evento es que nos devolvió su amistad cuando éramos enemigos suyos. Esta Noche de Reyes podemos elegir, tenemos que elegir también: podemos ser hoy reyes soberbios como Herodes (¡déjame en paz de monsergas, no me estorbes en mi proyecto!) o Magos sabios, que se postran y adoran. Magos Ancianos, que en los últimos kilómetros de su vida científica o de filosofía sin resolución, encuentran en el Niño un instante para la rectificación vital, para curar esa vida malgastada, y como después el Señor invitará a Nicodemo, hacerse como niños, nacer de nuevo.

Por eso, recordando el villancico de Eugenio d’Ors : «Para calar pronto / si viene el Señor, / cuídate ser Mago / si no eres Pastor»

La Navidad empieza esta noche de Reyes a acabarse con su pizca de melancolía, pero sus consecuencias son perennes como el abeto de Navidad.  Sólo termina la Navidad para los que nada más miraban lo externo, la escarcha dulce sobre un roscón de Reyes. La Navidad continúa en dirección hacia el Gólgota y termina cincuenta días después en el cenáculo de Pentecostés.

 

 

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